El “chapo” Guzmán no es bin Laden

Los medios electrónicos y escritos están llenos de un pleito simplón entre quienes aplauden a coro la captura de Joaquín Guzmán Loera y aquellos que sencillamente la descalifican como un circo publicitario. Entre aquellos que insisten nacionalistoidemente en que la captura es un hito en tema de seguridad y quienes dicen que el “chapo” fue arrestado por ordenes superiores desde Washington. A pesar de ello, algunos pocos se han preguntado cosas más interesantes como ¿y ahora qué?, ¿cómo se va a reflejar tal arresto en la seguridad del ciudadano común? y ¿será que el gobierno mexicano es capaz de ejecutar la sentencia del chapo antes de que se vuelva a escapar o alguien lo mate?

Sin embargo, hay una pregunta que sigue en el aire; en buena medida porque la respuesta es especulativa. ¿Por qué razón el gobierno estadounidense filtró la “noticia” a la Associated Press mucho antes de que se anunciase la captura en México? La respuesta simplona es que el gobierno de los Estados Unidos es mucho mas eficaz en el uso político y propagandístico de las filtraciones a los medios que el propio gobierno mexicano. Esto es cierto; la Casa Blanca y el Congreso estadounidense tienen mucha experiencia en el uso privilegiado de la información y su filtración. La pregunta siguiente, en este caso, sería ¿qué ganaba la casa blanca con hacer saber a los estadounidenses o al mundo sobre la captura del “chapo” en primicia? Pareciera que el mensaje estaba dirigido a alguien más. Y es un mensaje que requiere interpretación.

Interpretemos entonces e imaginemos la deliberación detrás de la filtración: “el gobierno mexicano (vecino, amigo, socio, ahora con energéticos liberalizados, y con quien nos acabamos de sacar la foto) acaba de arrestar al delincuente más buscado (más adinerado y más poderoso según algunos) en la historia contemporánea de México. Lo encontró y arrestó hace pocas horas con nuestro apoyo en inteligencia pero en realidad lo hicieron ellos solos. ¿Por qué no filtramos la noticia del arresto y le arruinamos los bombos y platillos?” En verdad no creo que esta haya sido la intención de la filtración. Entonces ¿por qué no esperar a que el gobierno de Peña Nieto diese la noticia, filtrando primero la nota y saliendo a declarar después?

Es probable que el mensaje detrás de la filtración haya sido: “Ya capturaron al “chapo” Guzmán (nosotros estamos seguros de su identidad aunque el gobierno mexicano no). Lo capturaron con vida (no lo vayan a matar, desaparecer o liberar), el “chapo” no es bin Laden vale más vivo que muerto. Además queremos que reconozcan nuestro trabajo de inteligencia aunque no la presencia de nuestros agentes. Y como reconocen la importancia (fundamental) de la información que les dimos para su captura no nos vayan a negar su extradición.” Esta parece más la razón de la filtración.

Que el “chapo” Guzmán esté de nuevo tras las rejas es de aplaudir ciertamente; que se haga uso de la información que se obtenga para hacer lo mismo con quienes le otorgaron asilo y protección durante estos años lo será más. Esperemos unos días y veamos si el gobierno mexicano puede generar algo tangible de este arresto o si se queda como llamarada de petate. También esperemos a ver si el “chapo” se libra de ser extraditado o no, tal vez nuestros vecinos ya entregaron más explícitamente el mensaje en Los Pinos.

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Ideologizando la banalidad del mal

Segunda parte, el asesinato discriminado de civiles

Por Amando Basurto.-

El ejército estadounidense, en coordinación con la Agencia Central de Inteligencia (C.I.A.), ha utilizado vehículos aéreos no tripulados (drones) en su “lucha contra el terrorismo”. Estos vehículos telecomandados han sido utilizados, de manera sistematica durante los últimos diez años, para el asesinato (ejecución) de líderes de Al-Qaeda y talibanes en Pakistán y Afganistán. En el año 2010, reporta The Bureau of Investigative Journalism, 874 personas fueron asesinadas por drones; este número se ha reducido este año a “sólo” 93 (los datos de la proporción de las llamadas víctimas civiles varía entre 6 y 2% del total) y eso mantiene a la administración Obama defendiendo su uso.

Uno de los argumentos a favor del uso de vehículos no tripulados es que hacen las operaciones antiterroristas mucho menos caras financiera y humanamente. Desde la reducida perspectiva de quienes defienden el asesinato de “terroristas” a control remoto, el uso de drones evita tener que organizar operaciones muy elaboradas, que sean proclives a un mayor margen de error, que pongan en riesgo la vida de tropas estadounidenses y que generen un alto numero de víctimas civiles. Esta perspectiva, con un realismo que atenta contra el sentido común, supone que la alternativa es solamente entre enviar tropas o utilizar aeronaves no tripuladas para matar “terroristas” (como sucedió en el caso de la “aprehensión” de Osama bin Laden) por lo tanto desconoce no sólo el problema de legitimidad y legalidad de las ejecuciones extrajudiciales, también peca de asumir que las víctimas civiles “no terroristas” son daño colateral justificado.

Quienes critican el uso de drones para el asesinato de terroristas a larga distancia, lo hacen desde varias perspectivas. Hay quienes simplemente rechazan esta práctica por ser una actividad táctica que pone en riesgo la estrategia general de contraterrorismo estadounidense por básicamente dos razones: el uso de drones ha hecho que por un lado, pequeños grupos de extremistas islámicos se vuelvan mucho más activos y tengan mayo poder de reclutamiento y, por el otro, ha propiciado la enajenación de naciones aliadas. En el otro extremo de las perspectivas críticas se encuentran aquellos individuos y organizaciones (como Amnistía Internacional) que se enfocan en señalar la ilegalidad de los ataques y la violación masiva de derechos humanos que conllevan. Es evidente a todas leguas que los ataques con naves no tripuladas son ilegales y sólo son legítimas para quienes creen que una ejecución extrajudicial es una expresión de justicia.

El concepto de “banalidad del mal” de Hannah Arendt (ver primera entrega de este artículo) suma un ángulo nuevo a todos estos argumentos y perspectivas. Sin dejar de reconocer los problemas tácticos o políticos, o enfocarse a señalar el dolor de las víctimas y el abuso grave de sus derechos, exige que reconozcamos el grave colapso moral y el desafío legal y judicial que el uso de drones representa. La nueva táctica contraterrorista estadounidense es una expresión de, ambos, un nuevo tipo de crimen y de criminal. Por un lado, la ejecución extrajudicial contraterrorista de carácter internacional implica un asesinato discriminado de civiles; es decir, es una ejecución que distingue (discrimina) de antemano el tipo de víctimas al etiquetarlas como “terroristas” o “civiles”. Sólo de esta manera se puede entender que se reporte, como hizo el mismo gobierno paquistaní el 30 de octubre pasado, que desde 2008 los ataques con drones han generado 2,227 víctimas, de los cuales “sólo” 67 son civiles. ¿Cómo sabemos que 2,160 de esos individuos eran “terroristas”? ¿Por qué esos “terroristas” no son civiles? Por el otro lado, cómo explica Arendt al respecto de Adolf Eichmann, el tipo de criminal al que aquí nos enfrentamos es nuevo, no solamente porque todos los partícipes en la cadena de toma de decisión son responsables directa o indirectamente, sino porque el ejecutor final, quien jala el gatillo, no está presente al momento de la ejecución. Lo que jala es un gatillo virtual, lo que facilita el asesinato discriminado de civiles sin motivo ulterior.

Todo esto nos pone frente a una serie de desafíos: ¿cómo enjuiciar moralmente a alguien que está asesinando “terroristas” bajo ordenes militares? ¿cómo enjuiciar moralmente a quien considera que 2 o 6 % de los asesinados son daño colateral ya presupuestado y justificado? ¿cómo enjuiciar judicialmente a alguien que asesina no sólo siguiendo órdenes sino jalando un gatillo meramente “virtual”? ¿cómo enjuiciar –políticamente­– a un régimen que asesina a 2,227 personas en menos de cinco años bajo la protección ideológica de la victimización resultado de los ataques del 11 de septiembre de 2001? Y finalmente ¿cómo emitir todos estos juicios sin defender o justificar el terrorismo en ninguna de sus expresiones?

Estas preguntas no tienen hoy una respuesta, no sólo porque es muy difícil contestarlas sino porque no nos hemos atrevido a formularlas.

Ideologizando la banalidad del mal

Primera parte, sobre una nueva forma de criminalidad

Por Amando Basurto.-

Este año se cumplen 50 de la publicación de Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal, que Hannah Arendt escribió originalmente en forma de reporte para The New Yorker. A pesar de su longevidad, el texto no pierde vigencia debido al minucioso énfasis sobre la “banalidad del mal” que hizo evidente el juicio contra Adolf Eichmann, en 1961, por crímenes que cometió contra el pueblo judío siendo oficial de la S.S. (especialista en la asuntos judíos) durante el régimen Nazi. A Eichmann se le conoció como el arquitecto detrás de la llamad “solución final”, el exterminio de los judíos.

El aniversario del texto ha detonado una serie de publicaciones alrededor de los temas que Arendt aborda en él. A esto se ha sumado la gran publicidad que la “banalidad del mal” ha obtenido con el filme “Hannah Arendt” presente en carteleras este año. El problema reside en el abuso que el concepto sufre a manos de quienes terminan ideologizándolo. Ese es el caso del texto “Trivializar el mal” (publicado en el portal de Letras Libres el pasado 4 de octubre); en él Juan Carlos Romero Puga escribe: “Intento traer la reflexión al escenario actual, luego de ver una foto de Eduardo Verdugo, de Associated Press, en la que se aprecia a un policía al que un grupo de provocadores ha bañado en gasolina y prendido fuego, durante la conmemoración de la matanza de estudiantes del 2 de octubre de 1968. A la difusión de la imagen le siguen comentarios festivos en redes sociales: “Si los policías no arden, ¿quién iluminará esta oscuridad?”, “Bien merecido a ese pusilánime que en lugar de defender al pueblo se abalanza contra él” o “No es legal, pero si muy divertido, el olor a policía quemado es muy similar al de cerdo quemado” [sic].” Ante esto Romero asevera: “Arendt puso de manifiesto que el mal puede ser obra de la gente común, de aquellos que renuncian a pensar para abandonarse a la corriente y herir al otro hasta la muerte, mientras creen desempeñar un papel de cambio. Ellos y sus compañeros de ruta, los que justifican a través del discurso y dan un valor moral positivo a un acto criminal, retratan a la perfección ese concepto acuñado hace 50 años: la banalidad del mal.” El texto de Carlos Romero muestra no solamente una falta de conocimiento sobre el argumento de Hannah Arendt sino, también, una peligrosa tendencia a ideologizarlo para simplemente usarlo en contra de toda manifestación de violencia.

El argumento principal de Hannah Arendt es que los sistemas modernos legales (que le otorgan centralidad a la ‘intención de hacer mal’) y la legislación internacional (que no discriminaba entre homicidio y genocidio) no estaban preparados para lidiar con criminales no-ordinarios –como Eichmann– que cometen crímenes no-ordinarios (crímenes contra la humanidad). Arendt comprendió que los crímenes cometidos por quienes participaron en el gobierno Nazi (y en especial por los involucrados con la llamada “solución final”) eran todo menos comunes: un crimen contra la humanidad es un crimen en masa no sólo por la cantidad de víctimas sino también por la cantidad de aquellos que lo cometen; lo que quiere decir, paradójicamente, que el nivel de responsabilidad de los involucrados no depende de su proximidad con el individuo –al final de la jerarquía– que ejecuta las ordenes al jalar del gatillo. El crimen es cometido tanto por el que da la orden, por quienes la transmiten, por quienes aseguran los medios para su eficiente ejecución como por quien comete el asesinato físicamente.

Presenciar el juicio de Eichmann le permitió a Arendt comprender que nuestra imagen tradicional del mal y nuestra idea sobre el fanatismo religioso o ideológico no eran suficientes para comprender las atrocidades cometidas por el gobierno Nazi. Eichmann había participado en el exterminio de judíos de manera voluntaria pero aparentemente sin motivos ulteriores; es decir, el principal “ingeniero” de la “solución final” no odiaba a los judíos, no había rastro en él de anti-semitismo. Su crimen, como lo expuso él mismo, había sido seguir ordenes (aunque, como podemos interpretar siguiendo a Arendt, el crimen de Eichmann había sido no resistir o no desistirse de seguir ordenes). ¿Cómo ejecutar ahora a un “asesino en masa” que no había matado a nadie?, ¿cómo enjuiciar a alguien que no tenía otro motivo para cometer uno de los mayores crímenes del siglo XX que el de la ‘obediencia’? A esto se refiere Arendt con banalidad del mal: a que los aparatos burocráticos y los avances en el desarrollo en armamento hacen posible que alguien, sin mayor motivo y sin jamás empuñar un arma, pueda ser responsable de hechos atroces.

Querer hacer pasar la violencia y los “comentarios festivos” alrededor de ella como una expresión de lo que Arendt denominó banalidad del mal resulta en nada más que una caricatura socarrona. La banalidad del mal es una expresión de criminalidad que no tiene motivación más allá que la ejecución de una orden, que no tiene relación con frustración o venganza personales y que no tiene carga ideológica. En este sentido, las demostraciones de violencia vividas en las calles de la ciudad de México el pasado 2 de octubre distan mucho de ser expresiones de la banalidad del mal. En realidad, el fenómeno contemporáneo más adecuado para ejemplificar la “banalidad del mal” es el uso que hace el gobierno estadounidense de aeronaves no tripuladas (drones) para ejecutar extrajudicialmente a presuntos terroristas, terminando de tajo con la distinción entre civiles y soldados. A explicar este ejemplo dedicaré la segunda entrega de este artículo.

Érase una vez un narco que (no) mató a un agente de la DEA

Por Miguel Ángel Valenzuela Shelley

 

En 1985 México y Estados Unidos tuvieron un amargo desencuentro derivado del secuestro y asesinato del agente de la Drug Enforcement Administration (DEA), Enrique Kiki Camarena, a manos del fundador del Cartel de Guadalajara, Rafael Caro Quintero; sí el mismo que fue dejado en libertad el pasado mes de agosto por fallas en el debido proceso. Tan seria fue la molestia de los estadounidenses en aquellos momentos, que la Administración Reagan amén de presiones diplomáticas activó la Operación Leyenda dirigida a la captura de los responsables del secuestro y asesinato de Camarena. A esa Operación corresponde la captura del médico Humberto Álvarez Machain, señalado como el responsable de mantener vivo al agente de la DEA, mientras era torturado.

El escándalo acompañó al conflicto, para no variar, de tal suerte que las investigaciones mexicanas y estadounidenses, gubernamentales y privadas (periodistas) arrojaron fuertes indicios e incluso pruebas de que altas esferas de la política y las fuerzas de seguridad mexicanas, se encontraban infiltradas, compradas o de plano coludidas con el narcotráfico. Baste recordar que Caro Quintero fue detenido con varias personas cercanas a él, como Sara Cosío, hija de César Cosío Vidaurri y sobrina de Guillermo Cosío Vidaurri, otrora Secretario de Educación del estado Jalisco y ex Gobernador del mismo estado, respectivamente. Pero las relaciones de Caro Quintero trascendían la compañía, como puede suponerse, pues miembros de la ya extinta Dirección Federal de Seguridad (DFS), eran los encargados de brindar seguridad, información y hasta credenciales a varios miembros del Cártel de Guadalajara. Eso explicaba por qué la sorpresa y molestia del narcotraficante al ser atacado por el ejército mexicano su rancho conocido como El Búfalo, en el estado de Chihuahua; ataque en el que fueron destruidas 8 mil toneladas de marihuana.

La historia (hasta hace unos días) aceptada como hecho, señalaba que como consecuencia de dicho ataque a El Búfalo, rancho descubierto por el agente Enrique Kiki Camarena y el piloto Alfredo Zavala, Rafael Caro Quintero y Miguel Ángel Félix Gallardo habían ordenado el secuestro y ejecución de ambos.  No obstante, 28 años después, tres ex agentes estadounidenses, Phil Jordan –ex Director del Centro de Inteligencia de El Paso, Texas- Héctor Berrellez –ex agente de la DEA y encargado de investigar la muerte de Camarena- y Tush Plumlee –ex piloto de la CIA- decidieron corroborar lo que por años varios periodistas han señalado sobre el hecho: la CIA derivado de sus nexos con el narcotráfico, decidió eliminar al agente de la DEA.

Por extraña o disparatada que pueda parecer esta teoría –recordemos que los ex agentes ahora deben probar lo que afirman- en realidad es muy común que agencias de gobierno –sobre todo las de inteligencia y de seguridad- tengan serios desencuentros, más aún que no estén coordinadas, y todavía más común que algunas de ellas tengan agendas clasificadas e incluso particulares. Contextualicemos. Durante buena parte de la Guerra fría, los Estados Unidos apoyaban legal, ilegal, legítima e ilegítimamente movimientos políticos o guerrillas que les fueran útiles. En ese contexto se dio el famoso caso Irán-Contras o Irán-Gate; el cual se refiere a la venta ilegal de armas a Irán –EEUU no tenía relaciones diplomáticas con ese país, y no sólo eso sino que Washington apoyaba a Irak y a su líder Saddam Hussein- dinero con el cual la Administración de Reagan financiaba a la Contra nicaragüense, que buscaba derrocar al gobierno sandinista.

De acuerdo a los ex agentes Jordan, Berrellez y Plumlee, aquí entra a escena un individuo con oscuro pasado y hombre de confianza para Ronald Reagan y George H. W. Bush: Félix Ismael Rodríguez, agente de la CIA y quien torturó y asesinó a Camarena. Rodríguez fue el encargado de vincular a narcotraficantes mexicanos y colombianos con la CIA, a fin de financiar a la Contra nicaragüense. De acuerdo a los ex agentes, Kiki Camarena descubrió esta relación y la CIA decidió eliminarlo.

La cloaca comienza a destaparse y las preguntas a aglutinarse: ¿Por qué los ex agentes escogieron Proceso y Fox News para dar la información? Es difícil pensar en dos medios tan opuestos.¿Es coincidencia que haya salido de la cárcel Caro Quintero? Por cierto, por ese mismo crimen. De comprobarse esta información, ¿queda exonerado Caro Quintero? ¿En qué otros casos oscuros está vinculada la CIA? ¿Ya no está la CIA u otras agencias vinculadas así (con sus matices) al narcotráfico? ¿Es esta otra estrategia de agencias estadounidenses para presionar al gobierno de Peña Nieto, a fin de recobrar la cooperación recibida por el gobierno de Felipe Calderón?

Sí, la atención del público estadounidense, los medios y buena parte de la clase política está centrada en el Shutdown y el techo del endeudamiento –que por cierto se resolvió ayer a altas horas de la noche-  pero esto interesará a las agencias debidas y a los comité indicados, al menos en su momento y vendrán muchos más cuestionamientos. Pero entre tanto, a fin de ser un poco más incisivos en ellas, me parece necesario recurrir a la memoria y/o a la investigación, y con ello pedir cuentas a connotados políticos nacionalistas, como Manuel Bartlett, Secretario de Gobernación –y responsable de la DFS- en aquellos años.

Algunas pistas sobre el cierre parcial del gobierno en EEUU

Por Miguel Ángel Valenzuela Shelley

Ya para este momento –primeras horas del 1º de octubre- estaremos ante el primer cierre parcial del gobierno estadounidense desde 1996, a causa del estancamiento en el Congreso para definir el Presupuesto para el año 2014; tras varias semanas de estancamiento en el debate entre Republicanos y Demócratas en ambas Cámaras, ya varias agencias gubernamentales preparan planes de contingencia, es decir ausencias obligatorias o suspensiones indefinidas, en el sentido amplio de la palabra. Por ello esta nota dará algunas pistas para entender por qué se presenta el cierre parcial del gobierno y qué implica esto, así como el conflicto político detrás del Shutdown, como se le llama en EEUU. El Partido Republicano ha condicionado enmiendas a la ley de Obama, a cambio de aprobar el Presupuesto, no sin algunos cambios, e incluso de una negociación sobre el techo del endeudamiento. ¿Por qué se busca acercamiento con Siria y Rusia, y de hecho se les hacen concesiones, pero no hay acercamiento alguno con los Republicanos? es una retórica pregunta que ha circulado por algunos influyentes medios de comunicación, refiriéndose al Presidente Obama y su Administración.

Como es sabido, cada año el Congreso debe aprobar el Presupuesto para financiar al gobierno el año siguiente, pero existe una fecha límite para ello, en esta ocasión es hoy -1º de octubre- y el Congreso no ha podido llegar a un acuerdo, con lo que no habría liquidez para solventar los gastos del gobierno. La falta de acuerdo tiene diversas aristas, por un lado la negativa de los Republicanos a elevar el techo del endeudamiento –mismo que ahora asciende a 16,7 mil mdd- y por su parte los Demócratas rechazan reducir gastos en programas sociales, principalmente. Sin embargo, la manzana de la discordia o el tema sobre el cual está girando la negociación entre la Casa de Representantes (House of Representatives, también conocida como House) dominada por el Partido Republicano y el Senado, dominado por el Demócrata, es el programa de regulación para la Salud del Presidente conocido como Obamacare. Al respecto algunos analistas e institutos, como el Cato Institute, señalan que el Partido Republicano debió negociar sobre el techo al endeudamiento y no el Presupuesto, pues podrían haber obtenido mayores concesiones por parte de los Demócratas, pero al obstaculizar el financiamiento del gobierno, prácticamente imposibilitan una negociación, con lo que ambos Partidos apuestan al costo político por la “irracionalidad” del “otro”.

Esa amenazante situación, contrario a lo que pudiera pensarse, no es nueva y cuando se ha presentado –de hecho los últimos años- el gobierno opera mediante presupuestos parciales, también llamados “resoluciones continuas”, que no son otra cosa más que acuerdos parciales entre la Casa (de Representantes) y el Senado, el problema es que en esta ocasión el acuerdo ya se ha anulado, toda vez que la Casa se ha negado a pasar al Senado una tercera propuesta de enmienda para financiar al gobierno hasta el próximo mes de noviembre. La razón es que el día de ayer –lunes 30 de septiembre- la Casa envió al Senado dos propuestas –en realidad enmiendas a la propuesta de Senado para financiar al gobierno hasta el 16 de noviembre- mismas que fueron rechazadas por el Senado, ya que obstruía –cancelaba o paralizaba- la ley de salud conocida como Obamacare al negarle fondos, y por otra parte sólo garantizaba el pago de salarios a militares y trabajadores indispensables para el gobierno federal. Consideremos que buena parte del Obamacare entraría en vigor precisamente el día de hoy. No obstante, la Casa Blanca ha declarado estos días que la obligación de todos aquellos que emplean a 50 personas o más y que estarían obligados a pagarle un seguro médico a sus trabajadores, quedaría suspendida hasta 2015, cosa no menor, ya que es uno de los aspectos más criticados.

El costo del Shutdown será muy severo y un probable acuerdo difícilmente pueda resarcir los daños, pues esta situación es peor que lo sucedido en los años 90; esto debido a que en aquella ocasión el Congreso aprobó presupuesto para diversas agencias y programas gubernamentales; ahora sólo el ejército ha sido protegido, lo que no incluye a los veteranos. Por lo pronto se calcula que más 800 mil trabajadores de un total de 2 millones dejarán su empleo, y no se sabe si lo recuperarán después del Shutdown. Parques nacionales, museos y una gran cantidad de programas y servicios cerrarán, se le pedirá a miles de trabajadores de servicios esenciales como la Border Patrol que trabajen sin sueldo, incluso trabajadores de la Casa Blanca y el Congreso perderán sus empleos.

Sin embargo hay una fecha aún más preocupante y un debate mucho más delicado, y es el referente al techo del endeudamiento del gobierno estadounidense. Si el Congreso no incrementa para mediados de octubre el techo del endeudamiento, el gobierno no podría pagar sus prestamos, lo que afectaría severamente la economía global, como le advierte el Presidente Obama.

Obama en la ONU: el juego de la geopolítica

El día de ayer dio inicio el 68vo. Debate General de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas. En estos “debates”, los jefes de Estado presentan discursos en los que exponen su agenda global y/o regional y, usualmente, instan a los demás miembros a secundar sus propuestas clave para el año.

Se esperaba que el discurso de este año de Barack Obama se centrara en la política exterior estadounidense hacia oriente medio. Y efectivamente, el terrorismo, la inestabilidad en Irak, la guerra civil en Siria, la dictadura militar en Egipto, la nueva presidencia de Irán y la renovación de las negociaciones entre Israel y Palestina son temas a los que Obama se refirió tratando de dejar en claro las posiciones de su gobierno. En general, el discurso de Obama hizo evidente nuevos elementos en el juego geopolítico y enunció las bases de política exterior de lo que resta de su mandato.

Un primer elemento a destacar es que el gobierno de los Estados Unidos está empeñado en evitar que los sucesos en Siria se conviertan en una reedición de la guerra fría. Porque aunque algunos acusan a Obama por su falta de decisión para actuar en contra del gobierno de Assad, en realidad lo que sucedió es que el gobierno ruso movió sus piezas de ajedrez para evitar abrir dos frentes en el conflicto Sirio. Ya “no estamos en la Guerra fría” explicó Obama, refiriéndose a que no hay un gran esquema ideológico detrás de los intereses políticos y humanitarios estadounidenses en Siria. Y es cierto que los intereses nacionales de los Estados Unidos en Siria no son de primer orden. Evidentemente, lo que más le preocupa al gobierno de Barack Obama es que el territorio sirio no se convierta en refugio de terroristas y que la inestabilidad política en ese país coadyuve a descarrilar el nuevo proceso de paz entre Israelíes y Palestinos.

Esto parece ser también el tenor de la relación estadounidense con el gobierno de Egipto, al que no califica de dictadura sino de un “gobierno interino” que remplazó a Mohammed Morsi respondiendo “a los deseos de millones de egipcios que creen que la revolución tomó un rumbo equivocado.” Este no es un elemento nuevo sino uno reciclado de los anales de la cooperación entre el gobierno estadounidenses y dictaduras “convenientes”; el objetivo es, también en este caso, generar un ambiente de estabilidad que no ponga en riesgo la negociación Israel-Palestina a la vez de no permitir el acceso al poder a grupos considerados “extremistas”.

La preponderancia del tema de Palestina sólo es igualada, según el propio Obama, por el riesgo que significa el programa nuclear del gobierno de Irán. Tras la elección de Hassan Rouhani el discurso del gobierno iraní ha tomado un tono mucho más moderado y esto ha permitido el relajamiento en las relaciones con los Estados Unidos de América. La posibilidad de reiniciar las relaciones diplomáticas rotas por más de 30 años comienza con el anuncio de que el Secretario de Estado, John Kerry, iniciará conversaciones con el gobierno iraní, de manera conjunta con la Unión Europea, para evitar así el desarrollo de armamento nuclear en ese país.

Finalmente, Obama enunció lo que puede llamarse la Doctrina Obama hacia el Medio Oriente que incluye cuatro puntos: primero, evidentemente, el gobierno estadounidense se reserva el derecho de usar fuerza militar cuando sea necesario para salvaguardar sus intereses; segundo, reconoce como estratégico asegurar el flujo de energéticos desde la región; tercero, se reserva también el derecho a la acción directa en casos de prevención de terrorismo; y cuarto, cero tolerancia al desarrollo de armamento de destrucción masiva.

A estos cuatro puntos hay que sumar el “sermón” que le ofreció a los Estados miembro al criticar la parálisis en la que ha caído la ONU en casos de “intervención humanitaria”. Este sermón incluyó un comentario simplón sobre el uso del principio de “soberanía” como escudo para tiranos sin mencionar que la política exterior estadounidense ha sido y es escudo para dictadores. Y, para terminar, en un derroche de complacencia con la señora Samantha Power (representante estadounidense ante la ONU) Obama delineó el deseo de su gobierno de convertir a la ONU, que “fue designada para prevenir guerras entre Estados”, en una institución que prevenga “matanzas dentro de los Estados”; es decir, de transformar a la ONU, que es una institución internacional, en una agencia de policía supranacional. Eso, creo yo, no sucederá en el corto plazo.

Emancipación y su perversión.

(Deconstructing sexy concepts- Primera parte)

Por Miguel Ángel Valenzuela Shelley

Esta reflexión forma parte de un mismo cuerpo analítico tendiente a deconstruir –o al menos invitar a la reflexión y/o cuestionamiento de- algunos conceptos, ideas o ideales que construyen el nomos del siglo, es decir, son valores de la política nacional e internacional, incluso de la vida cotidiana. Sin embargo son conceptos que carecen de un claro significado, y el abuso en su utilización ha generado un serio vacío conceptual o shallow meaning, paradójicamente. Algunos de estos conceptos le parecerán muy familiares al lector y probablemente le sorprenda mi intención de criticarlos y deconstruirlos. Me refiero a democracia, libertad (freedom vis a vis liberty), caridad, o tolerancia; concepto hacia el cual dirigiré la reflexión luego de cuestionar la emancipación de los esclavos en los Estados Unidos. Hace más de cien años Charles Sanders Peirce subrayaba la necesidad de aclarar nuestras ideas con base en una evaluación pragmática de ellas –es decir, establecer el significado de acuerdo a su manifestación(es) práctica(s)- hoy me parece imperativo no sólo seguir a Peirce, sino definir qué no son o qué no contienen los conceptos que erigen este nomos; uno que (ya) no se define verticalmente desde la élite, sino a través del conjunto de la sociedad.

La cuestión sobre la emancipación de los esclavos en los Estados Unidos se mantuvo en estado latente hasta mediados del siglo XIX, cuando el asunto debía definirse en plena reconfiguración de la República. Mencionaré sólo algunos elementos que estaban definiendo el panorama en los Estados Unidos. Recordemos que era un momento de fuerte expansionismo[1], crecimiento y desarrollo, en otras palabras la República debía definir su estructura, y por ello se enfrentaban el Norte (Republicano) que dominaba la escena política federal y el Sur (Demócrata) que resistía desde los estados; dos visiones completamente distintas de cómo y hacia dónde construir la nación. En la economía encontramos ya aspectos fundamentales de un capitalismo a gran escala con las grandes fortunas familiares construidas a partir del desarrollo industrial (Carneggie, Ford, Rockefeller, McCormick, Vanderbilt, Morgan); industrias que necesitaban trabajadores y un Capitalismo que además requería consumidores. En lo social, el siglo XIX se caracterizó por una enorme migración hacia los Estados Unidos; migración proveniente de muchos y muy diversos países, culturas y religiones, mismos que no cohabitaban fácilmente y que además debían entenderse –de hecho enfrentarse- con los llamados nativos[2]. Contrariamente al mito de los brazos abiertos, cada grupo, cada individuo tuvo que luchar por su lugar en la sociedad estadounidense.

El país estaba claramente dividido: el Norte industrial abolicionista y Republicano, versus el Sur agrícola esclavista y Demócrata; una economía esclavista no tenía cabida en un proyecto Imperial capitalista ya en ciernes. Con la victoria del Senador por Illinois Abraham Lincoln en la carrera presidencial, la escisión era cuestión de tiempo dadas las tensiones entre las regiones, y en 1861 los estados de South Carolina, Georgia, Alabama, Mississippi, Louisiana, Texas y Florida, declararon la secesión de los Estados Unidos de América, creando los Estados Confederados de América, con Jefferson Davis como presidente. A ellos se unirían después del ataque a Fort Sumter (South Carolina) por parte del ejército Confederado, los estados de Arkansas, Virginia, Tennessee y North Carolina. Los estados de Missouri, Kentucky, Maryland y Delaware, permitían la esclavitud pero declinaron la secesión, por lo que fueron considerados estados frontera.

Cabe mencionar, como hace Howard Zinn en A people’s history on the United States, que antes de la Administración de Lincoln -es decir durante la presidencia de James Buchanan- hubo intentos por combatir la esclavitud a pequeña escala. Tal fue el caso de John Brown, un blanco abolicionista quien creía que podría lograrse la emancipación liberando algunas ciudades en el sur –una estrategia quirúrgica, podríamos decir- y poco a poco habría mucha presión política y social hacia y desde el propio sur, lo que desembocaría en la emancipación. No obstante, John Brown fue arrestado y ejecutado en 1859 por Robert Lee y el gobierno de Virginia; amén de la permisividad del gobierno federal.

En enero de 1863 el Presidente Lincoln[3] proclama la emancipación de la esclavitud, que a la postre sería la 13ª Enmienda, con dos objetivos primordiales: aislar al sur políticamente, lo que además casi imposibilitaría su compra de armamento; y legitimar al Norte, facilitando así las alianzas y ayuda militar necesarias. Los efectos no fueron inmediatos, por lo que la rendición de los Confederados se presentó el 2 de abril de 1865, por parte del General Robert E. Lee ante el General Ulysses S. Grant. Ahora comenzaría la ratificación de la 13ª Enmienda.

La abolición de la esclavitud se concretó el 6 de diciembre de 1965, al ratificar la 13ª Enmienda 27estados; posteriormente lo harían 9. Aquí la sorpresiva lista: Oregon, California y Florida en 1865; Iowa y New Jersey, en 1866; Texas, en 1870; Delaware, en 1901; Kentucky, en 1876; y –para sorpresa de todos- Mississippi, aprobó la 13ª Enmienda en 1995, presentando la ratificación al gobierno federal, el 7 de febrero de 2013.

A esta Enmienda, le seguiría la 14ª de 1868 que iba dirigida a combatir la desigualdad y la discriminación que sufrían los negros. Sin embargo, hubo mucha presión política en contra de dichos principios; esto en el sur y en el norte. Como resultado de esta presión, en 1881 la Suprema Corte de los Estados Unidos señalaba que la 14ª Enmienda hacía referencia al Estado y no al individuo, por lo que aquel no puede discriminar, pero éste último, sí. Evidentemente, este permisividad desde la Suprema Corte legitimó la discriminación dirigida a la población negra. Fue hasta el Movimiento de Derechos Civiles entre 1950 y 1968, así como un cambio en la estrategia político-electoral del Partido Demócrata, que el tema de la desigualdad, la inequidad y la discriminación, volvieron a ser temas de la Agenda política nacional.


[1] Ejemplo de ello fueron la Doctrina Monroe y el Destino Manifiesto, las cuales ya presentaban una clara idea expansionista en parte de la clase política estadounidense.

[2] Los nativos no eran los indios americanos, como podría pensarse, sino migrantes de segunda generación –o más- que estaban organizados a fin de limitar, evitar o entorpecer el ingreso de nuevos grupos nacionales a los Estados Unidos.

[3] Abraham Lincoln es uno de los personajes de la historia estadounidense con mayor nivel de misticismo; muchos lo ubican como uno de las grandes abolicionistas, por obvias razones. Por lo que sin otro ánimo, más que el de provocar, citaré dos fragmentos de discursos del candidato al Senado, Abraham Lincoln, en el estado de Illinois en el año de 1858, con pocos días de diferencia. Primero en norte del estado: “Let’s forget all those discussions about this man or that man, this race and that one…if this race is inferior and therefore put them on a lower range. Let’s forget all that and let us unite as one single Nation, proclaiming  that all men were created equal”; y luego en el sur: “I’ll say, then, that I am not, nor ever been,in favor of putting on the same level,socially or politically, white and black races…that I am not, nor ever been in favor to let the black people, vote or to be jurors, nor let them to occupy posts on the government”. El lector sacará sus conclusiones.