Entre ‘anárquicos’ y ‘oficialistas’: la descomposición política de México

Posiblemente, la descomposición política de un país se puede medir por el extremismo con el que se expresa el descontento social o la disciplina partidaria. Nuestro país parece estar viviendo un nuevo episodio de atrofia política en la que el gobierno parece no encontrar otra manera de lidiar con la violencia de la protesta más que con la amenaza de castigos más ejemplares y en la que la oposición se siente mayoriteada y desplazada.

Los desmanes callejeros que se vivieron en la ciudad de México el pasado 2 de octubre dan cuenta de un sector de la sociedad cuya radicalización es totalmente apolítica; es decir, que se manifiesta ausente de objetivo político explícito, que no parece estar moldeada por algún sistema ideológico o creencia y que no reconoce interlocutores políticos confiables y eficaces. Entre el elevado tono de la violencia utilizada y la enorme incapacidad que muestra la policía capitalina para lidiar con rijosos sin abusar de la autoridad, se genera más caos y acaban polarizando aun más las opiniones de los ciudadanos.

Algo que es difícil de comprender es que haya quien todavía crea que marchar manifestándose sea una buena táctica política. Lo cierto es que las marchas nunca han sido políticamente muy eficaces en México. Un gobierno que es sordo ante los reclamos de la sociedad sólo pretende reducir los costos de ese tipo de movilizaciones y utilizar el agravio sufrido por el resto de los ciudadanos (no sólo por automovilistas) para desacreditar de antemano todas las posibles causas (incluso las justas) de la movilización. O, cómo está hoy de moda alrededor del mundo, un gobierno que se asume incapaz de canalizar el descontento para reformar su actuar decide mejor por reglamentar las manifestaciones volviéndolas innocuas y desvirtuando el sentido básico de una marcha convirtiéndola en desfile.

Frente a la radicalización despolitizada, la disciplina partidista totalizadora obtiene renovadas expresiones. Ese es el caso de la Confederación Nacional  de Organizaciones Populares (CNOP) del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que es el ala corporativa que alberga a la “clase media” del país. Y escribo “país”, así en su totalidad, porque según la Senadora Cristina Días Salazar, en su discurso conmemorativo del 70 aniversario del a CNOP el pasado 6 de octubre, prácticamente todos los mexicanos somos asociados de la Confederación (incluso los niños): “México y su sociedad están en transformación. Es la tarea de todos cumplir con esa cita histórica a que están convocados más de 110 millones de asociados. La CNOP está aquí para sumar y alcanzar el México Mejor que todos queremos. ¡Uniendo. La Confederación Nacional de Organizaciones Populares, transforma a México!” (según el INEGI la población total en nuestro país era en 2010 de 112,336,538; así que habrá algunos que se hayan escapado de “asociarse”). Los llamados a la “unidad” que tanto hace el gobierno en turno son una expresión de este profundo corporativismo que pretende someter a la sociedad mexicana a alinearse de nuevo bajo un sólo esquema político que, por no poderse llamar más “revolucionario” bien podría ser denominado “de la revolución fracasada”.

Ante la aplastante evidencia de la descomposición política de México cabe preguntarse ¿qué nos queda por hacer? ¿Cuáles son las vías institucionales que nos restan para la acción política? ¿Cómo convencemos a los “radicales violentos” de utilizar tales vías? ¿Será que acabamos dividiéndonos (como se ha hecho los últimos días) entre “anárquicos” y “pacíficos” por un lado, y “oficialistas” por el otro? ¿Podremos modificar esta circunstancia con “educación y cultura”? u ¿organizamos otra marcha?

La alternativa no parece estar en la violencia sin causa pero tampoco en el oficialismo reverencial.

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Lanzándole un tirabuzón al congreso. Notas sobre el estado de la Unión de Barack Obama.

Por Amando Basurto.-

El discurso sobre el estado de la Unión que el presidente estadounidense presenta cada año frente al congreso, es uno de los eventos más vistos por televisión en este país. El primer discurso en cada administración es altamente esperado porque, más que reportar el estado de la Unión, marca el tono de la relación entre el ejecutivo federal y el congreso. El discurso también se caracteriza por vocalizar los temas más relevantes para el ejecutivo; temas en el que se espera el congreso actúe con prontitud y responsabilidad (lo que significa usualmente que lo haga de acuerdo a la opinión del presidente en turno). Ahora, el discurso del día de ayer es el primero después de una reelección histórica. Frente a unos republicanos que hace un año confiaban con poder ganar la presidencia después de radicalizar su posición contra la administración Obama (política correctamente llamada obstruccionista), el presidente recién electo presentó todo su arsenal de legitimidad renovada para presionar al congreso a actuar con respecto a temas prioritarios en su agenda. Así, Barack Obama se presentó ante los legisladores para anunciar y promover una serie de iniciativas como lanzando un “tirabuzón” a la caja de bateo del congreso.

Muchos de los temas y el tono del discurso fueron reediciones de aquello que ha mantenido a los estadounidenses políticamente radicalizados y en una perenne posición de sordera. De esta manera los temas de reducción del déficit, el equilibrio en el presupuesto, la reparación de la infraestructura y la promoción del uso de fuentes renovables de energía, desfilaron con un alto entusiasmo partidista. Otros cruzaron sin pena ni gloria precisamente por ser difícil oponerse a ellos; como es el caso de la mejora a la calidad de la educación preescolar, media-superior y superior, la recuperación del poder de manufactura estadounidense y la relevancia de mejorar la seguridad cibernética nacional. Evidentemente los presentes aplaudieron sin compromiso alguno. Otros temas sin mucho futuro legislativo desfilaron con hartos aplausos y entusiasmo pero destinados muy probablemente al fracaso; como es el caso del incremento del salario mínimo federal a 9 dólares la hora.

Un par de temas destacan por estar relacionados con justicia social y derechos políticos. Por un lado, Obama exigió al congreso la aprobación de la ley de justicia salarial que garantice la igualdad de salarios para hombres y mujeres desempeñando el mismo –o similares– puestos. Hay que recordar que las mujeres sólo perciben el 77% de lo que percibe un hombre por realizar el mismo trabajo en los Estados Unidos. El segundo tema es la conformación de una comisión para mejorar la “experiencia electoral” estadounidense. Esto debido a los problemas y la larga espera que tuvieron que sufrir miles de ciudadanos para poder emitir su voto en las pasadas elecciones.

Pero son dos candentes temas los que no sólo atrajeron más la atención, sino que tuvieron un lugar central en el discurso de Barack Obama. El primero, que interesa mucho a connacionales viviendo sin documentos en territorio estadounidense, es el tema de la reforma integral de migración. El presidente volvió a exigirle al congreso la aprobación de una reforma que asegure no sólo un camino a la legalización de estatus de aquellos inmigrantes indocumentados que ya están en territorio estadounidense, sino también refuerce la seguridad fronteriza para evitar o desanimar el cruce ilegal desde territorio mexicano. El discurso de Obama sigue siendo progresista a medias porque enfatiza la seguridad fronteriza y la penalización de aquellos que empleen personas indocumentadas, pero eso precisamente es lo que la palabra “integral” quiere decir en este caso. La probabilidad de que esta reforma sea aprobada por el congreso es mayor que en otros años debido precisamente al fracaso electoral de los republicanos para capturar el voto latino.

El segundo tema candente, que de hecho ocupó el centro del informe, fue la legislación para aumentar el control sobre el comercio y tenencia de armas y la reducción del tamaño de los cartuchos disponibles para uso de los civiles. Este tema incluyó las historias más sentimentales durante un discurso que exige que el congreso actúe respetando la constitución pero sin dejar de atender la grave problemática que se enfrenta todos los días en calles, escuelas e incluso templos. Pero esta legislación al parecer requerirá algo más que trágicas historias personales. Va a requerir convencer tanto a los fundamentalistas constitucionales de que no viola el espíritu de la segunda enmienda, como a los miembros de la National Rifle Association de que no atenta contra sus intereses económicos. Aún así, Barack Obama cerró su discurso insistiendo en su estrategia de lanzar tirabuzones al congreso al exigir que se voten las iniciativas con el evidente objetivo de señalar –con nombre y apellido– a los legisladores que se oponen a un mayor control sobre la tenencia de armas y, con ello, contribuyen a perpetuar la violencia en las calles. El tirabuzón, resta decir, no va dirigido sólo a legisladores republicanos; veremos como paga el partido demócrata su falta de consenso alrededor de este tema.