Se asoma una Convención abierta en el Partido Republicano.

Las elecciones primarias del Partido Republicano el pasado martes 5 de abril en Wisconsin, no sólo dieron 36 delegados a la candidatura de Ted Cruz -con lo que se acerca a Donald Trump- sino que abre aún más la posibilidad de que los republicanos lleguen a su Convención Nacional en Cleveland (Ohio) a fines de julio sin un candidato definido. Es decir, ninguno de los actuales candidatos –Donald Trump, Ted Cruz o John Kasich- alcanzaría los 1,237 delegados necesarios para asegurar la candidatura de su partido, al finalizar las elecciones primarias o caucus el 7 de junio. En consecuencia el Grand Old Party (GOP), como se le conoce al Partido Republicano, tendría que definir a su candidato presidencial durante la Convención en una serie de elecciones que podrían cambiar completamente el panorama.

Tanto el Partido Demócrata como el Republicano tienen procesos internos para elegir al candidato presidencial en las elecciones generales de noviembre; estos son las elecciones primarias y caucus que se llevan a cabo en todos los estados de la Unión. Si un candidato alcanza el 50% + 1 del total de delegados –en esta ocasión 1,273 para el Partido Republicano- dicho candidato se convierte en el candidato del Partido, lo que se formalizará en la Convención Nacional. En este momento en el proceso del GOP, Trump sigue al frente de la carrera por la suma de delegados con 743 frente a los 517 de Cruz y apenas 143 de Kasich, quedando en juego 775. Estas cifras evidentemente descartan a Kasich, obligan a Cruz a ganar 720 de los 775 en juego y a que Trump obtenga 494; aunque es más probable que éste lo logre, en realidad es difícil que los obtenga, considerando algunos de los estados en juego. Algunas proyecciones le otorgan a Donald Trump una cantidad final de delegados de 1,182 con lo que se quedaría corto por 55 delegados; no obstante, esto suponiendo que gane la mitad de los delegados en California, lo que estaría por verse. Pero ¿qué pasaría entonces?

De concretarse este escenario, el GOP enfrentaría la misma situación que se presentó en la Convención disputada de 1976 o la abierta 1948. En 1976 el Presidente Jerry Ford y el gobernador Ronald Reagan llegaron a la Convención de Kansas City para definir al candidato del Partido Republicano. Aunque Ford estaba al frente en la suma de delegados (1,130 versus 1,030 de Reagan) estuvo muy cerca de perder la nominación debido a estrategias de la Campaña de Reagan, como gritar We want Regan! en el lobby de la Convención, cabildeo con diversas delegaciones estatales o el intento de cambio de reglas para la nominación, obligando al candidato a que designara o revelara a su compañero de fórmula. A fin de cuentas y al no haber un nominado decidido antes de la Convención, se tuvo que llevar a cabo una elección entre los candidatos vigentes (Ford-Reagan); en ella hay delegados comprometidos con cada candidato, por lo que la pelea es por los candidatos no comprometidos. En la elección el Presidente Ford obtuvo los votos necesarios para ganar la nominación y se convirtió en el candidato Republicano; a esto se le denomina Convención disputada.

En la Convención de 1948 la situación fue aún más complicada, ya que llegaron a ella 3 candidatos: Thomas Dewey, Howard Taft y Harold Stassen. Al no haber alcanzado ningún candidato el número necesario de delegados para obtener la nominación, se llevó a cabo una elección, pero a diferencia del caso mencionado, ninguno obtuvo los delegados requeridos. Esta situación cambia importantemente el escenario, ya que a partir de este momento los delegados ya no están comprometidos con ningún candidato, y se realizarán cuantas elecciones sean necesarias hasta definir a un candidato. Pero además ya en la segunda vuelta, los delegados pueden proponer a un candidato que ya no esté en la contienda o que no haya estado; a esto se denomina Convención abierta. En el caso de la Convención del ’48 no hubo propuestas de los delegados y Dewey obtuvo la nominación después de la segunda elección, no porque hubiese obtenido los delegados, sino por la concesión de Taft, antes de la tercera vuelta. No obstante, si la situación se presenta en la Convención de Cleveland, los delegados podrían proponer a Marco Rubio o a Paul Ryan, por mencionar algunos. Cabe mencionar que el senador por Florida Marco Rubio, ha expresado su deseo e intención de que los delegados con los que contaba hasta el momento de su retiro de la contiendo, permanezcan en su candidatura.

Por último, vale la pena mencionar al Comité de Reglas de la Convención Nacional Republicana y su probable impacto en la nominación. Una semana antes de la Convención, se reúne un Comité conformado por 112 delegados electos en Convenciones estatales, a fin de definir las reglas de la Convención e incluso establecer reglas que favorezcan o perjudiquen alguna candidatura. Dichas reglas pueden aplicar sólo por esa Convención y también pueden anular reglas establecidas en anteriores Convenciones. Ejemplo de ello es la Convención de ’76, cuando la Campaña de Ronald Reagan intentó establecer una regla –ya durante la Convención- para que el nominado estuviera obligado a nombrar a su compañero de fórmula, o la Convención de 2008, cuando se estableció que el nominado debía ser capaz de probar el apoyo plural de delegados en al menos 5 elecciones o caucus estatales. Esto permitiría favorecer, debilitar o imposibilitar alguna candidatura.

Debido a esta posibilidad, ahora más que nunca será muy interesante dar seguimiento a las próximas primarias en EEUU, principalmente el 19 de abril en New York y el 7 de junio en California, en donde se repartirán 95 y 172 delegados, respectivamente. El camino de Donald Trump hacia la nominación es más sinuoso de lo que se esperaba hace algunas semanas, y aunque Ted Cruz mantiene viva la esperanza de ser el primer latino como candidato a la presidencia de los Estados Unidos y el establishment republicano ahora puede ver una posibilidad para evitar la candidatura de Trump, el escenario es aún adverso.

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Apuntes para el Súper Martes de elecciones primarias en los EE.UU.

Por Amando Basurto –

Múltiples focos rojos se encendieron durante la última semana desde que Donald Trump ganara los caucuses de Nevada con un 46% del voto, por lo que su candidatura pareciera imparable ahora que es favorito a ganar en la mayoría de los 13 estados que van a elecciones primarias el día de hoy. Los miembros del status quo republicano ven su influencia cada vez más reducida, como aplastada entre el paralizante tea party y el energéticamente movilizador Donald Trump. ¿Qué, Donald no es lo suficientemente conservador para ser el candidato republicano? Posiblemente no, pero ese no es el problema. Ahora, propios y extraños, reconocen a Trump como una bala suelta, es decir, como un inexperto egomaniático populista (lo cual definitivamente no es peligroso) con posibilidades de ganar la candidatura republicana y la presidencia estadounidense acompañado de una mayoría republicana en ambas cámaras del congreso (lo cual sería verdaderamente alarmante). Las elecciones del día de hoy son fundamentales tanto para las aspiraciones de Trump como para las esperanzas del establishment republicano de detenerlo en el intento. Las peores noticias para los republicanos en general es que Ted Cruz y Marco Rubio no parecen, ni de lejos, caballos ganadores. Si Trump obtiene una ventaja muy importante el día de hoy muy probablemente veremos al partido republicano hacer uso de medidas extra-electorales para deshacerse de él.

En el caso del Partido Demócrata, este martes se llevarán a cabo elecciones primarias en 11 estados de la unión (y el territorio de Samoa). De este lado del ring también los dados están fuertemente cargados a favor de Hillary Clinton, quien se prevé ganará la mayoría de las contiendas asegurando una ventaja casi insuperable de camino a la convención nacional del partido. En este caso los focos encendidos después de las elecciones en Carolina del Sur del sábado pasado son azules, muy azules, ya que calmaron la ansiedad del establishment demócrata porque las probabilidades de que Bernie Sanders gane la candidatura al parecer se verán drásticamente reducidas esta misma noche. Y no es que Bernie Sanders sea una bala perdida, ni mucho menos un ególatra populista, sino que el oficialismo demócrata considera que la radicalidad de su “revolución política” aliena a una fracción importante de demócratas “conservadores y moderados” que son fundamentales para mantener el control de la Casa Blanca. Si, de la Casa Blanca porque será muy difícil que tanto Clinton como Sanders generen tal tracción electoral que les lleve a ganar la presidencia y, además, impulsar la elección de una mayoría demócrata en el congreso. Y es precisamente por eso que, a pesar de su “radicalidad”, Sanders no es considerado un “peligro”: su presidencia muy probablemente tendría que sobrellevar el peso de una paralizante mayoría legislativa republicana y, por lo tanto, sería casi inoperante desde el día uno.

Aún con este panorama, y con los oficialismos partidistas encima, no se puede descartar completamente una contienda entre Donald Trump y Bernie Sanders por la presidencia estadounidense. Si ésta sucediera, ya lo ha advertido, el magnate Michael Bloomberg planea lanzar una campaña independiente que, irónicamente, aumentaría las probabilidades de que Sanders ganase las elecciones; parecido a lo acontecido en la elección presidencial de 1912, la candidatura “progresista” de Theodore Roosevelt dividió el voto republicano (siendo William H. Taft el candidato formal), lo que abrió la puerta al triunfo de Woodrow Wilson. La ironía no reside en que Sanders, como Wilson, ganase las elecciones por una fractura entre los republicanos, sino que la elecciones las ganase un “socialista” cuando en aquella elección de 1912 Eugene Debs perdió obteniendo casi un millón de votos (la mayor cantidad que conseguiría el Partido Socialista de América) pero sin poder ganar los votos electorales de un solo estado.

 

– Amando Basurto Salazar
Doctor en Política por la New School for Social Research, N.Y. y Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México @amandobasurto | amandobasurto@nomospolitico.com | http://nomospolitico.com | https://nomospolitico.wordpress.com/ | http://nomospolitico.blogspot.com/

¡Y arrancan…!

Por Amando Basurto –

Las elecciones primarias en los Estados Unidos de América iniciaron ayer noche en Iowa. El complejo sistema partidista de elección de candidatos presidenciales comienza con la elección en forma de “caucus” (reunión de electores de un precinto) en el estado de Iowa. Los electores comienzan a llenar las reuniones a partir de las 6 de la tarde y tienen una abierta discusión y promoción de los candidatos que apoyan.

En el caso del Partido Republicano, los asistentes al caucus escuchan una retahíla de oradores a favor de los pre-candidatos registrados y al final votan de manera secreta. El caso del Partido Demócrata es un poco más complejo; los asistentes al caucus ingresan al lugar de la reunión y se agrupan (literalmente se paran y/o sientan divididos) dependiendo de a qué pre-candidato apoyan. Tras una discusión abierta y muestras de apoyo, los votantes pueden decidir quedarse donde están cambian de opinión y se mueven a apoyar un pre-candidato diferente al original; si un pre-candidato no tiene el 15% de apoyo de los asistentes al caucus, entonces esa pequeña minoría puede decidir retirarse o sumarse a uno de los grupos de apoyo de aquellos candidatos con 15% o más. A los delegados electos en caucus de precinto se les suma un número menor electo en caucus distritales y el la convención estatal, en donde se designan los delegados que representarán a Iowa en las Convenciones Nacionales Demócrata (44) y Republicana (30).

Numerosos comentarios aparecerán el resto de la semana sobre los resultados. Será una tormenta de análisis electorales que no se detendrá hasta noviembre. Y antes de que todos los datos sean computados y algoritmizados, vale la pena anotar algo que han dejado en claro las primarias en Iowa: ni Hillary Clinton ni Donald Trump son los candidatos infalibles que en algún momento creyeron ser. Iowa es un estado pequeño con una población de 3 millones que sólo aporta sólo 6 de 538 votos al colegio electoral, pero Bernie Sanders, Ted Cruz y Marco Rubio han recibido un gran “empujón” al simplemente demostrar que son candidatos viables, con muy buenas organizaciones para la movilización política local (que es requerida en elecciones tipo caucus). Además, las primeras toallas han sido arrojadas; los exgobernadores de Maryland y Arkansas, Martin O’Malley y Mike Huckabee, han decidido que una fue suficiente y ya no intentarán ganar la nominación. Las batallas se aclaran y probablemente, sólo probablemente, se volverán más serias tanto en tono como en contenido.

Para muchos la noticia más importante es que Donald Trump no ganó en Iowa y responde al hecho a que este candidato ha hecho y dicho hasta lo imposible (y lo imaginario) para ganarse el cariño y la antipatía de un público políticamente polarizado. Tanto ruido han hecho las declaraciones de Trump que pocos han puesto atención en el perfil político del Republicano ganador de Iowa, Ted cruz. Cruz es el candidato más conservador del pelotón líder. Su plataforma está tapizada de “conservadurismo anti-establishment” que incluye desde la defensa de los 10 mandamientos ante los ataques desde la Suprema Corte hasta un plan (Five for Freedom) que propone eliminar el sistema de tributación (IRS), los Departamentos de Educación, de Energía, de Comercio y de Vivienda y Desarrollo Urbano. En términos de política de migración, la oferta de Cruz no dista mucho de la de Trump (sólo en la manera en que está fraseada) ya que propone construir un mejor muro fronterizo, aumentar la seguridad, e incrementar las deportaciones. Es decir, las de ayer no son buenas noticias a pesar de que Donald Trump haya perdido la primaria de Iowa. Ahora veamos lo que acontece en New Hampshire.

 

– Amando Basurto Salazar

Doctor en Política por la New School for Social Research, NY y Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México

Ideologizando la banalidad del mal

Segunda parte, el asesinato discriminado de civiles

Por Amando Basurto.-

El ejército estadounidense, en coordinación con la Agencia Central de Inteligencia (C.I.A.), ha utilizado vehículos aéreos no tripulados (drones) en su “lucha contra el terrorismo”. Estos vehículos telecomandados han sido utilizados, de manera sistematica durante los últimos diez años, para el asesinato (ejecución) de líderes de Al-Qaeda y talibanes en Pakistán y Afganistán. En el año 2010, reporta The Bureau of Investigative Journalism, 874 personas fueron asesinadas por drones; este número se ha reducido este año a “sólo” 93 (los datos de la proporción de las llamadas víctimas civiles varía entre 6 y 2% del total) y eso mantiene a la administración Obama defendiendo su uso.

Uno de los argumentos a favor del uso de vehículos no tripulados es que hacen las operaciones antiterroristas mucho menos caras financiera y humanamente. Desde la reducida perspectiva de quienes defienden el asesinato de “terroristas” a control remoto, el uso de drones evita tener que organizar operaciones muy elaboradas, que sean proclives a un mayor margen de error, que pongan en riesgo la vida de tropas estadounidenses y que generen un alto numero de víctimas civiles. Esta perspectiva, con un realismo que atenta contra el sentido común, supone que la alternativa es solamente entre enviar tropas o utilizar aeronaves no tripuladas para matar “terroristas” (como sucedió en el caso de la “aprehensión” de Osama bin Laden) por lo tanto desconoce no sólo el problema de legitimidad y legalidad de las ejecuciones extrajudiciales, también peca de asumir que las víctimas civiles “no terroristas” son daño colateral justificado.

Quienes critican el uso de drones para el asesinato de terroristas a larga distancia, lo hacen desde varias perspectivas. Hay quienes simplemente rechazan esta práctica por ser una actividad táctica que pone en riesgo la estrategia general de contraterrorismo estadounidense por básicamente dos razones: el uso de drones ha hecho que por un lado, pequeños grupos de extremistas islámicos se vuelvan mucho más activos y tengan mayo poder de reclutamiento y, por el otro, ha propiciado la enajenación de naciones aliadas. En el otro extremo de las perspectivas críticas se encuentran aquellos individuos y organizaciones (como Amnistía Internacional) que se enfocan en señalar la ilegalidad de los ataques y la violación masiva de derechos humanos que conllevan. Es evidente a todas leguas que los ataques con naves no tripuladas son ilegales y sólo son legítimas para quienes creen que una ejecución extrajudicial es una expresión de justicia.

El concepto de “banalidad del mal” de Hannah Arendt (ver primera entrega de este artículo) suma un ángulo nuevo a todos estos argumentos y perspectivas. Sin dejar de reconocer los problemas tácticos o políticos, o enfocarse a señalar el dolor de las víctimas y el abuso grave de sus derechos, exige que reconozcamos el grave colapso moral y el desafío legal y judicial que el uso de drones representa. La nueva táctica contraterrorista estadounidense es una expresión de, ambos, un nuevo tipo de crimen y de criminal. Por un lado, la ejecución extrajudicial contraterrorista de carácter internacional implica un asesinato discriminado de civiles; es decir, es una ejecución que distingue (discrimina) de antemano el tipo de víctimas al etiquetarlas como “terroristas” o “civiles”. Sólo de esta manera se puede entender que se reporte, como hizo el mismo gobierno paquistaní el 30 de octubre pasado, que desde 2008 los ataques con drones han generado 2,227 víctimas, de los cuales “sólo” 67 son civiles. ¿Cómo sabemos que 2,160 de esos individuos eran “terroristas”? ¿Por qué esos “terroristas” no son civiles? Por el otro lado, cómo explica Arendt al respecto de Adolf Eichmann, el tipo de criminal al que aquí nos enfrentamos es nuevo, no solamente porque todos los partícipes en la cadena de toma de decisión son responsables directa o indirectamente, sino porque el ejecutor final, quien jala el gatillo, no está presente al momento de la ejecución. Lo que jala es un gatillo virtual, lo que facilita el asesinato discriminado de civiles sin motivo ulterior.

Todo esto nos pone frente a una serie de desafíos: ¿cómo enjuiciar moralmente a alguien que está asesinando “terroristas” bajo ordenes militares? ¿cómo enjuiciar moralmente a quien considera que 2 o 6 % de los asesinados son daño colateral ya presupuestado y justificado? ¿cómo enjuiciar judicialmente a alguien que asesina no sólo siguiendo órdenes sino jalando un gatillo meramente “virtual”? ¿cómo enjuiciar –políticamente­– a un régimen que asesina a 2,227 personas en menos de cinco años bajo la protección ideológica de la victimización resultado de los ataques del 11 de septiembre de 2001? Y finalmente ¿cómo emitir todos estos juicios sin defender o justificar el terrorismo en ninguna de sus expresiones?

Estas preguntas no tienen hoy una respuesta, no sólo porque es muy difícil contestarlas sino porque no nos hemos atrevido a formularlas.

Algunas pistas sobre el cierre parcial del gobierno en EEUU

Por Miguel Ángel Valenzuela Shelley

Ya para este momento –primeras horas del 1º de octubre- estaremos ante el primer cierre parcial del gobierno estadounidense desde 1996, a causa del estancamiento en el Congreso para definir el Presupuesto para el año 2014; tras varias semanas de estancamiento en el debate entre Republicanos y Demócratas en ambas Cámaras, ya varias agencias gubernamentales preparan planes de contingencia, es decir ausencias obligatorias o suspensiones indefinidas, en el sentido amplio de la palabra. Por ello esta nota dará algunas pistas para entender por qué se presenta el cierre parcial del gobierno y qué implica esto, así como el conflicto político detrás del Shutdown, como se le llama en EEUU. El Partido Republicano ha condicionado enmiendas a la ley de Obama, a cambio de aprobar el Presupuesto, no sin algunos cambios, e incluso de una negociación sobre el techo del endeudamiento. ¿Por qué se busca acercamiento con Siria y Rusia, y de hecho se les hacen concesiones, pero no hay acercamiento alguno con los Republicanos? es una retórica pregunta que ha circulado por algunos influyentes medios de comunicación, refiriéndose al Presidente Obama y su Administración.

Como es sabido, cada año el Congreso debe aprobar el Presupuesto para financiar al gobierno el año siguiente, pero existe una fecha límite para ello, en esta ocasión es hoy -1º de octubre- y el Congreso no ha podido llegar a un acuerdo, con lo que no habría liquidez para solventar los gastos del gobierno. La falta de acuerdo tiene diversas aristas, por un lado la negativa de los Republicanos a elevar el techo del endeudamiento –mismo que ahora asciende a 16,7 mil mdd- y por su parte los Demócratas rechazan reducir gastos en programas sociales, principalmente. Sin embargo, la manzana de la discordia o el tema sobre el cual está girando la negociación entre la Casa de Representantes (House of Representatives, también conocida como House) dominada por el Partido Republicano y el Senado, dominado por el Demócrata, es el programa de regulación para la Salud del Presidente conocido como Obamacare. Al respecto algunos analistas e institutos, como el Cato Institute, señalan que el Partido Republicano debió negociar sobre el techo al endeudamiento y no el Presupuesto, pues podrían haber obtenido mayores concesiones por parte de los Demócratas, pero al obstaculizar el financiamiento del gobierno, prácticamente imposibilitan una negociación, con lo que ambos Partidos apuestan al costo político por la “irracionalidad” del “otro”.

Esa amenazante situación, contrario a lo que pudiera pensarse, no es nueva y cuando se ha presentado –de hecho los últimos años- el gobierno opera mediante presupuestos parciales, también llamados “resoluciones continuas”, que no son otra cosa más que acuerdos parciales entre la Casa (de Representantes) y el Senado, el problema es que en esta ocasión el acuerdo ya se ha anulado, toda vez que la Casa se ha negado a pasar al Senado una tercera propuesta de enmienda para financiar al gobierno hasta el próximo mes de noviembre. La razón es que el día de ayer –lunes 30 de septiembre- la Casa envió al Senado dos propuestas –en realidad enmiendas a la propuesta de Senado para financiar al gobierno hasta el 16 de noviembre- mismas que fueron rechazadas por el Senado, ya que obstruía –cancelaba o paralizaba- la ley de salud conocida como Obamacare al negarle fondos, y por otra parte sólo garantizaba el pago de salarios a militares y trabajadores indispensables para el gobierno federal. Consideremos que buena parte del Obamacare entraría en vigor precisamente el día de hoy. No obstante, la Casa Blanca ha declarado estos días que la obligación de todos aquellos que emplean a 50 personas o más y que estarían obligados a pagarle un seguro médico a sus trabajadores, quedaría suspendida hasta 2015, cosa no menor, ya que es uno de los aspectos más criticados.

El costo del Shutdown será muy severo y un probable acuerdo difícilmente pueda resarcir los daños, pues esta situación es peor que lo sucedido en los años 90; esto debido a que en aquella ocasión el Congreso aprobó presupuesto para diversas agencias y programas gubernamentales; ahora sólo el ejército ha sido protegido, lo que no incluye a los veteranos. Por lo pronto se calcula que más 800 mil trabajadores de un total de 2 millones dejarán su empleo, y no se sabe si lo recuperarán después del Shutdown. Parques nacionales, museos y una gran cantidad de programas y servicios cerrarán, se le pedirá a miles de trabajadores de servicios esenciales como la Border Patrol que trabajen sin sueldo, incluso trabajadores de la Casa Blanca y el Congreso perderán sus empleos.

Sin embargo hay una fecha aún más preocupante y un debate mucho más delicado, y es el referente al techo del endeudamiento del gobierno estadounidense. Si el Congreso no incrementa para mediados de octubre el techo del endeudamiento, el gobierno no podría pagar sus prestamos, lo que afectaría severamente la economía global, como le advierte el Presidente Obama.

Lanzándole un tirabuzón al congreso. Notas sobre el estado de la Unión de Barack Obama.

Por Amando Basurto.-

El discurso sobre el estado de la Unión que el presidente estadounidense presenta cada año frente al congreso, es uno de los eventos más vistos por televisión en este país. El primer discurso en cada administración es altamente esperado porque, más que reportar el estado de la Unión, marca el tono de la relación entre el ejecutivo federal y el congreso. El discurso también se caracteriza por vocalizar los temas más relevantes para el ejecutivo; temas en el que se espera el congreso actúe con prontitud y responsabilidad (lo que significa usualmente que lo haga de acuerdo a la opinión del presidente en turno). Ahora, el discurso del día de ayer es el primero después de una reelección histórica. Frente a unos republicanos que hace un año confiaban con poder ganar la presidencia después de radicalizar su posición contra la administración Obama (política correctamente llamada obstruccionista), el presidente recién electo presentó todo su arsenal de legitimidad renovada para presionar al congreso a actuar con respecto a temas prioritarios en su agenda. Así, Barack Obama se presentó ante los legisladores para anunciar y promover una serie de iniciativas como lanzando un “tirabuzón” a la caja de bateo del congreso.

Muchos de los temas y el tono del discurso fueron reediciones de aquello que ha mantenido a los estadounidenses políticamente radicalizados y en una perenne posición de sordera. De esta manera los temas de reducción del déficit, el equilibrio en el presupuesto, la reparación de la infraestructura y la promoción del uso de fuentes renovables de energía, desfilaron con un alto entusiasmo partidista. Otros cruzaron sin pena ni gloria precisamente por ser difícil oponerse a ellos; como es el caso de la mejora a la calidad de la educación preescolar, media-superior y superior, la recuperación del poder de manufactura estadounidense y la relevancia de mejorar la seguridad cibernética nacional. Evidentemente los presentes aplaudieron sin compromiso alguno. Otros temas sin mucho futuro legislativo desfilaron con hartos aplausos y entusiasmo pero destinados muy probablemente al fracaso; como es el caso del incremento del salario mínimo federal a 9 dólares la hora.

Un par de temas destacan por estar relacionados con justicia social y derechos políticos. Por un lado, Obama exigió al congreso la aprobación de la ley de justicia salarial que garantice la igualdad de salarios para hombres y mujeres desempeñando el mismo –o similares– puestos. Hay que recordar que las mujeres sólo perciben el 77% de lo que percibe un hombre por realizar el mismo trabajo en los Estados Unidos. El segundo tema es la conformación de una comisión para mejorar la “experiencia electoral” estadounidense. Esto debido a los problemas y la larga espera que tuvieron que sufrir miles de ciudadanos para poder emitir su voto en las pasadas elecciones.

Pero son dos candentes temas los que no sólo atrajeron más la atención, sino que tuvieron un lugar central en el discurso de Barack Obama. El primero, que interesa mucho a connacionales viviendo sin documentos en territorio estadounidense, es el tema de la reforma integral de migración. El presidente volvió a exigirle al congreso la aprobación de una reforma que asegure no sólo un camino a la legalización de estatus de aquellos inmigrantes indocumentados que ya están en territorio estadounidense, sino también refuerce la seguridad fronteriza para evitar o desanimar el cruce ilegal desde territorio mexicano. El discurso de Obama sigue siendo progresista a medias porque enfatiza la seguridad fronteriza y la penalización de aquellos que empleen personas indocumentadas, pero eso precisamente es lo que la palabra “integral” quiere decir en este caso. La probabilidad de que esta reforma sea aprobada por el congreso es mayor que en otros años debido precisamente al fracaso electoral de los republicanos para capturar el voto latino.

El segundo tema candente, que de hecho ocupó el centro del informe, fue la legislación para aumentar el control sobre el comercio y tenencia de armas y la reducción del tamaño de los cartuchos disponibles para uso de los civiles. Este tema incluyó las historias más sentimentales durante un discurso que exige que el congreso actúe respetando la constitución pero sin dejar de atender la grave problemática que se enfrenta todos los días en calles, escuelas e incluso templos. Pero esta legislación al parecer requerirá algo más que trágicas historias personales. Va a requerir convencer tanto a los fundamentalistas constitucionales de que no viola el espíritu de la segunda enmienda, como a los miembros de la National Rifle Association de que no atenta contra sus intereses económicos. Aún así, Barack Obama cerró su discurso insistiendo en su estrategia de lanzar tirabuzones al congreso al exigir que se voten las iniciativas con el evidente objetivo de señalar –con nombre y apellido– a los legisladores que se oponen a un mayor control sobre la tenencia de armas y, con ello, contribuyen a perpetuar la violencia en las calles. El tirabuzón, resta decir, no va dirigido sólo a legisladores republicanos; veremos como paga el partido demócrata su falta de consenso alrededor de este tema.

Libertad y armamento. Un reto de la renovada administración Obama.

Por Amando Basurto

El Presidente Barack Obama inauguró su segundo término con una agenda política repleta de retos legislativos. Entre éstos, el control de la venta y posesión de armas es si no el más urgente sí el del impacto mediático más importante. La complejidad de este reto deriva de que la portación de armas de fuego ha dependido históricamente de la interpretación judicial de una controversial enmienda constitucional.

Si dos de los objetivos básicos del Estado son proveer seguridad e impartir justicia, uno podría pensar que lo lógico es que el Estado controle quién puede portar qué tipo de armas. Sin embargo, la Segunda Enmienda a la constitución de los Estados Unidos de América hace que el control sobre la posesión y distribución de armas sea un tema de controversia judicial. Así que antes de simplemente hablar sobre la necesidad o las bondades de controlar el tráfico de armas es importante conocer el origen del problema que enfrenta el gobierno vecino y que tiene relevantes implicaciones para la seguridad nacional de México.

La Segunda Enmienda reza:

A well regulated Militia, being necessary to the security of a free State, the right of the people to keep and bear Arms, shall not be infringed.” –“Una milicia bien regulada, siendo necesaria para la seguridad de un Estado libre, el derecho del pueblo de poseer y portar armas, no debe de ser infringido.”–

La explicación histórica es muy simple: con la intención de mantener una formal autonomía, los Estados de la Unión decidieron garantizar el mantenimiento de milicias estatales que les permitiese defenderse de abusos de poder del gobierno federal. Evidentemente la idea de que las milicias estatales podrían enfrentarse al ejército de los Estados Unidos para defender la “libertad” de uno de los estados caducó completamente desde principios del siglo XX. ¿Cómo pretenderían tales milicias enfrentarse al ejército mejor armado y con mayor capacidad de fuego del planeta? Es simplemente impensable.

Sin embargo las decisiones de la Suprema Corte han llevado a que la legislación federal sobre la compra-venta y posesión de armas sea laxa e intermitente. La interpretación de la segunda enmienda ha favorecido una lectura que reconoce la posesión de armas como un derecho individual. Por otro lado, las prohibiciones de portación de armas de asalto se han expedido con tiempos de expiración y no se han aplicado con todo el rigor tanto por falta de capacidad como por evitar enfrentamientos judiciales con los gobiernos estatales.

Es por ello que, en su Discurso Inaugural de ayer, Obama insistió: “Ser fieles a nuestros documentos fundacionales no requiere que estemos de acuerdo en cada detalle de la vida. No significa que definamos la libertad de la misma manera o que sigamos exactamente el mismo camino a la felicidad. El progreso no nos obliga a resolver de una sola vez debates añejos sobre el rol del gobierno, pero requiere que actuemos de acuerdo a nuestros tiempos.”

Ante los últimos eventos de violencia –entre los que se encuentra el asesinato de 20 niños de primer grado en Newtown, Connecticut– y haciendo uso de la inercia política que le ha concedido su reelección, Obama anunció la semana pasada una serie de 23 acciones ejecutivas para aumentar el control sobre la venta y tenencia de armas de fuego. De esas acciones la mayoría son paliativos menores que puede realizar el ejecutivo directamente, entre las que destaca: 1) hacer más accesibles los datos relevantes para la verificación de antecedentes en manos de las agencias federales, además de  reducir las obstáculos legales innecesarios en la disponibilidad de dicha información; y 2) revisar las categorías de los individuos que no pueden portar armas y trabajar críticamente en  la prevención de la violencia con armas de fuego.

Sin embargo, las dos “acciones ejecutivas” más relevantes son, en el mejor de los casos, buenos deseos. Ambas son peticiones –o requerimientos– al Congreso para que cree un sistema universal de verificación de antecedentes y para que restablezcan la prohibición de armas de asalto de tipo militar. Evidentemente, Obama redirigirá la presión pública sobre el tema hacia el Congreso para empujarlos a actuar. Por desgracia en este caso no sólo se enfrentará a la oposición republicana sino a una grave división al interior de la bancada demócrata.

De esta manera, el riesgo que corre Obama es mantener la idea de que su gobierno es poco efectivo e incapaz de concretar legislaciones que requieren el convencimiento de los moderados. Además tendrá que enfrentarse a las lecturas esencialistas provenientes de la Suprema Corte. Así que, a pesar de aquellos que desde México consideraron las acciones ejecutivas trascendentes para limitar el trasiego de armas a nuestro país, no veremos en el mediano plazo una legislación federal que permita un más férreo control de la venta y posesión de armas en los Estados Unidos. Seguirá siendo una importante tarea del gobierno mexicano, pues, garantizar la seguridad de sus ciudadanos evitando el fragante cruce de armas de alto poder desde el vecino del norte.