Fidel Castro, el superhéroe

Se retiró, murió, lo homenajearon y ahora sus cenizas han sido sepultadas. Todo esto no ayudará, de manera alguna, a obtener una imagen más clara del valor, de la capacidad de liderazgo, ni de los errores de Fidel Castro. Como genio y figura, Fidel permanecerá en los anales de la historia bajo un grueso velo tejido tanto con desaprobación como con canonización revolucionaria. Mucho se ha escrito en la última semana sobre él; algunos textos enfatizan y refuerzan el carácter personalísimo de la revolución cubana y resultan elegíacos, otros se concentran en la descalificación caudillista y dictatorial de su liderazgo político, y algunos otros, especialmente obituarios, narran su historia desde un ángulo más privado y familiar. Me parece, sin embargo, que algo ha estado ausente: un relato de cómo Fidel se convirtió en un superhéroe. Es sobre este tema que ofrezco unas líneas aquí.

Fidel era un líder nato. Su activismo estudiantil lo llevó a presenciar tanto una revuelta en contra de Rafael Trujillo en República Dominicana como el masivo movimiento liberal de José Eliécer Gaitán en Colombia. No sólo era un gran orador, también destacaba por su articulada prosa y dotes atléticos. Pero Castro no era un ideólogo comunista ni anti-estadounidense en ciernes; muy por el contrario, en el año 1947 militaba en un partido anticomunista (Ortodoxo) y en 1948 se casa con Mirta Diaz (de familia adinerada) y pasan dos meses de luna de miel en las ciudades de Miami y Nueva York.

Su liderazgo rebelde encontró su mejor escaparate en las movilizaciones civiles en contra de la dictadura de Fulgencio Batista (quien tras un golpe de estado tomaba por tercera vez control directo del gobierno cubano en 1952). Los discursos de Castro en contra de Batista se concentraban en dos demandas centrales: la reinstauración del orden constitucional de 1940 y una agenda general de justicia social. Es con miembros del mismo Partido Ortodoxo que Fidel y Raúl organizan y realizan el ataque al cuartel Moncada (26 de julio de 1953) que pretendía iniciar una movilización armada masiva en contra de la dictadura. El fracaso de la rebelión significó la muerte para muchos de los alzados mientras otros, incluyendo los hermanos Castro, terminaron en prisión. De la autodefensa judicial de Fidel Castro heredamos el discurso y texto “La Historia me Absolverá” cuyos principales argumentos, es importante insistir, son en contra de la dictadura y de la grave situación de injusticia social en Cuba, pero no es un panfleto ni socialista, ni comunista y mucho menos anarquista. Fidel y Raúl fueron liberados tras dos años de cárcel porque, se puede deducir, Batista consideró que eran más peligrosos como presos políticos (y mártires en activo) que libres. Así que estos se exiliaron y organizaron el lanzamiento de la revolución desde México con financiamiento, por mediación de Carlos Prío, desde los Estados Unidos de América.

Tras el desafortunado desembarque rebelde cerca de Manzanillo, Cuba, y durante su reagrupamiento en Sierra Maestra, Fidel tuvo que liderar con mano de hierro, no sólo para evitar pillaje y violaciones a la población civil por parte de sus hombres (fenómeno que, a pesar de ser común en casos de rebeliones prolongadas, no es característico de la revolución cubana), sino también para controlar los bríos radicales de su propio hermano y de Ernesto Guevara. Éste es el Fidel que, desde la sierra, logra coordinar esfuerzos con los estudiantes y la sociedad civil tanto en Santiago como en La Habana.

Al triunfar la revolución (tras la huída de Fulgencio Batista) Castro encabeza el gobierno revolucionario y se prepara, no para visitar Moscú y alinear a Cuba al socialismo internacional soviético, sino para visitar las ciudades de Nueva York y Washington D.C. Con el fin de negociar el reconocimiento estadounidense al nuevo gobierno de Cuba. Castro es recibido multitudinariamente en los Estados Unidos como héroe, como el liberador de Cuba; pero el presidente Dwight Einsenhower, haciendo gala de incomprensibles desdén e ignorancia, decide no recibirlo y Castro sólo tiene oportunidad de hablar brevemente con Richard Nixon. ¿Por qué Einsenhower se rehusaría a sentarse con Castro, quien va hasta Washington a pedir audiencia? Si se hubiese dado el encuentro ¿quién creen ustedes que hubiese podido imponer condiciones? Evidentemente el presidente estadounidense pudo haber asegurado cierto respeto y seguridad a una parte de los intereses económicos de su país en la isla, aunque ya no más en las condiciones de semicolonialismo en las que Cuba se encontraba desde 1898; sin embargo, Einsenhower seguramente pensó que era más fácil intentar deshacerse del gobierno revolucionario de un manotazo. Castro entonces vio la oportunidad y la necesidad de utilizar a su favor el delicado equilibrio que la guerra fría representaba en ese momento y, aún sin declararse a sí mismo o al régimen cubano como socialista, estableció relaciones diplomáticas con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

En otra muestra de gran incapacidad diplomática, el gobierno de Einsenhower decidió organizar un golpe contrarevolucionario al estilo de aquel orquestado por la CIA en Guatemala contra el Gobierno de Jacobo Arbenz en 1954. Así se fraguó el fallido desembarco en Bahía de Cochinos que se llevó a cabo en abril de 1961. Bajo el liderazgo de Fidel Castro los cubanos lucharon contra este grupo paramilitar de exiliados cubanos dirigido, financiado y armado por la CIA no en defensa de la revolución sino en defensa de su independencia nacional. Es pues la miopía política estadounidense la que genera las condiciones y facilita que Fidel, héroe revolucionario, se convierta en un superhéroe cubano y en un mito viviente. Sólo después de la defensa de Bahía de Cochinos es que el régimen revolucionario cubano será declarado socialista.

Podemos pues estar de acuerdo o no con el régimen revolucionario cubano, podemos aplaudir los avances sociales y/o denostar las restricciones políticas en Cuba, podemos incluso tener predilección romántica por las revoluciones, por el “Ché”, por el propio Fidel, pero lo que no podemos hacer es darnos el lujo de perder de vista que Fidel Castro el superhéroe, el dictador socialista, el padre de la patria, lo fue gracias no sólo a su gran capacidad individual de liderazgo político y militar sino a la torpe ortodoxia diplomática estadounidense. Hoy, la insensatez del discurso del presidente electo Donald Trump obliga a poner atención de nuevo a las consecuencias indeseadas que generan las malas decisiones tomadas desde la Casa Blanca.

 
– Amando Basurto Salazar
Doctor en Política por la New School for Social Research, N.Y. y Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México

@amandobasurto
amandobasurto@nomospolitico.com

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Debilidad institucional y crisis política en Brasil

Por Amando Basurto .–

Varios temas sobre Brasil ha preponderado en los medios: la crisis económica, el caso de corrupción ligado a PETROBRAS, el caso de lavado de dinero llamado lava jato (lavado de auto) y el desaseado proceso de juicio político a la presidente Dilma Rousseff. Lo que es más, Brasil seguirá siendo nota ahora que se acerca la celebración de los Juegos Olímpicos en Rio de Janeiro en medio de una grave crisis de legitimidad política del gobierno de Michel Temer.

La pregunta que muchos se han dedicado a contestar es si el juicio político a Rousseff por maquillar el déficit presupuestal (violando normas fiscales) representa un golpe de estado o no, y para ello habría que intentar responder primero si es posible realizar un golpe de estado de manera legal (es decir, utilizando la normas constitucionales) o no –el dilema central reside en acabar equiparando el juicio político a un golpe de estado (especialmente cuando se considera que la verdadera rendición de cuentas requiere la posibilidad de la revocación de mandatos).

Ciertamente, no todos los golpes de estado son militares y por lo tanto no requieren del asalto armado del gobierno (ni de la cooperación de la CIA, como sucedió en Guatemala en 1954 o en Chile en 1973); el golpe de estado parlamentario (es decir realizado por el Congreso) en Honduras en 2009 y en Paraguay en 2012 son muestra de la destitución y exilio (ilegal e ilegítimamente) de un presidente sin el uso generalizado y espectacular de las fuerzas armadas. Sin embargo, la complejidad del caso brasileño reside tanto en sus intensos y contrastantes tintes políticos como en un problema de fondo en el hiperfragmentado sistema político heredado tras el fin de la dictadura militar (1964-1985); a esto habría que sumar la densa red de corrupción en la que están involucrados la mayoría de los representantes populares federales brasileños (el 60% de los miembros del Congreso brasileño enfrentan cargos administrativos y/o judiciales).

Hay dos generalidades que hay que tener en mente desde un inicio: 1) un golpe de estado es usualmente definido como un acto rápido y violento en el que uno de los poderes del Estado disuelve o usurpa las funciones de otro poder (ver RAE), y 2) de acuerdo al Artículo 85 de la Constitución Federal de Brasil (1988), los delitos contra la ley presupuestaria son delitos de responsabilidad del Presidente y pueden derivar en su juicio político (Art. 86). Esto quiere decir que formalmente (es decir, normativamente) el juicio político a Rousseff no es un golpe de estado. ¿Por qué entonces –si el juicio parece procedente y la mayoría de los brasileños desaprueba la administración de Rousseff– el actuar del Congreso brasileño parece ser un golpe de estado? La explicación parece residir en la combinación de la incapacidad de Dilma Rousseff para navegar políticamente en un sistema que requiere de una gran cantidad de compromisos y la oportunidad de endilgarle a ella todos los costos políticos de la crisis económica por la que atraviesa el país.

La gobernabilidad en Brasil ha exigido, desde la promulgación de la constitución de 1988, una red de compromisos que permiten establecer y mantener vivas alianzas no sólo electorales sino legislativas. Como ejemplo baste anotar que Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), fue reelecta presidente en 2014 en una boleta que incluyó a Michel Temer, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), como su vice-presidente. Rousseff y Temer encabezaron en aquel entonces una coalición electoral de nada menos que nueve partidos políticos, misma que conforman la alianza legislativa que otorga(ba) mayoría al gobierno de aquella. Es decir que a pesar de ser presidencialista, el sistema brasileño obtiene tintes parlamentarios cuando el presidente no consigue construir la mayoría legislativa o cuando no hace lo necesario para mantenerla o reconstruirla. No es casualidad que la destitución de Fernando Collor de Mello, a través de un juicio político por corrupción en 1992, haya sucedido en un contexto en el que el presidente no tenía una coalición de mayoría legislativa que le apoyara; sin importar aquí si Collor o no era culpable (años más tarde la Suprema Corte lo declaró inocente de los cargos) lo importante que hay que entender es que una mayoría legislativa generada a través de compromisos diversos se encarga de proteger al presidente de juicios políticos al hacer impensable que dos tercios de los diputados voten a favor.

Al parecer el estilo duro, personalista e intransigente de Dilma Rousseff acabó por desintegrar la coalición que le sostenía en el poder. Por un lado, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (partido de centro al que pertenecen tanto el hoy presidente interino Michel Temer como el expresidente de la cámara de diputados Eduardo Cunha –quien impulsó el juicio político contra Rousseff) vio en la crisis económica y los multitudinarios casos de corrupción una oportunidad para desbancar al PT. Por el otro lado, es posible que Rousseff haya sido intransigente incluso con los miembros corruptos dentro de su propio partido (PT) quienes pueden haberse sentido abandonados o traicionados al no ser protegidos por la presidente (hay que tomar en cuenta las sentencias de cárcel que recibieron José Dirceu, João Vaccari Nieto y Renato Duque hace un mes por el caso de corrupción PETROBRAS).

Frente a la crisis y los casos de corrupción, los legisladores encontraron en el maquillaje del déficit fiscal (a pesar de ser práctica común federal y estatalmente) la excusa perfecta y decidieron aplicar la Constitución para deshacerse de Dilma Rousseff y generar el ambiente político necesario para fundar una coalición más favorable a los intereses del PMDB. Es por esta razón que el juicio político contra Rousseff es un golpe de estado sui generis ya que, a pesar de tener fundamento legal, iniciar el proceso se ha convertido en un arma política de partidos políticos en “rebeldía” especialmente cuando –a diferencia de lo que sucede en un sistema parlamentario cuando falla un voto de confianza– el vicepresidente es designado por la constitución como presidente interino, lo que crea el estimulo perfecto para este tipo de rebeliones legislativas. El golpe de estado contre Rousseff es pues un ejemplo de la debilidad institucional tanto del sistema de partidos como de la presidencia brasileños.

La ingobernabilidad en la que Brasil está cayendo tras la suspensión de Rousseff de su cargo hace imprescindible la formación de una nueva coalición electoral legislativa y, por ello, una serie de nuevos compromisos y componendas que mantengan al sistema político a flote. El (ahora) presidente Michel Temer no tiene mucho margen de maniobra pero puede que el objetivo de alejar al PT del gobierno sea la clave para construir una nueva coalición. Por ahora, lo que parecía un gran éxito de Luiz Inacio Da Silva (organizar tanto la Copa Mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos, casi uno tras el otro) se ha convertido en un gran inconveniente que Brasil ahora tiene que sortear por entre crisis económica, bretes políticos y aprieto sanitario.

 

– Amando Basurto Salazar

Doctor en Política por la New School for Social Research, N.Y. y Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México @amandobasurto

 

Del Terrorismo a la Amnistía

Por Víctor Antonio Gómez Gil Juárez[1]

 A 21 años de la captura del prisionero peruano “1509” líder espiritual, ideológico y político de un Partido Comunista que vio su nacimiento a finales de los 60’s y que mantuvo sumido al gobierno peruano durante la década de los 80’s bajo un estado de extrema violencia mediante la ejecución de ataques terroristas es ahora un personaje perseguido y criminalizado por el gobierno peruano. Condenado a cadena perpetua, lidera desde dentro de prisión un movimiento pacífico que busca su liberación mediante la búsqueda de una amnistía y reconocimiento de los derechos fundamentales de sus partidarios, militantes y simpatizantes.

La década de los años 80’s fue una época donde Perú sufrió el terror de un movimiento causado por un grupo de carácter marxista-leninista-maoísta, donde se colocó como un cuarto pilar el de “Gonzalo”. Este grupo comunista fue mejor conocido como “el Partico Comunista del Perú-Sendero Luminoso” cuyo líder ideológico y político era conocido como el “Presidente Gonzalo”, y entre sus amigos como “El Cachetón” con nombre de pila de Abimael Guzmán Reinoso.

Abimael Guzmán tenía la proyección de que para poder realizar un cambio total dentro del Perú sería necesario la “muerte justificada” de un millón de personas antes de que los peruanos pudieran volcar el gobierno republicano por uno comunista, de acuerdo con la tesis maoísta de “una guerra popular del campo a la ciudad”. Es así como el movimiento inicio en mayo de 1980 en el departamento de Ayacucho, integrada por cinco cabecillas con un grupo simpatizante que comenzó con cerca de 520 personas y que llego a alcanzar las tres mil personas, entre militantes y simpatizantes en 1990. Sendero Luminoso entra en la categoría de un grupo terrorista de carácter sectario y cultico, donde Abimael Guzmán era visto como “Supremo Líder” y “Mesías”.

Está categoría es declarada por el Estado en contra del grupo senderista tras comenzar una ola de ataques con coches bomba en Ayacucho y Lima. Se le considera un grupo de carácter “sectario” o “cultico” por su tipo de formación reducida, es decir, al centrarse el movimiento en una sola persona y además, considerarla como un mesías, adquiere el “carácter de culto personal”. Y al ser un grupo cerrado que no permite la entrada libre de nuevos integrantes, sino que se compone por personas que han demostrado su apego a los ideales del “mesías”, y que han pasado pruebas de resistencia y de adoctrinamiento, obtiene su categoría de “grupo sectario”.

Los partidos comunistas en Perú comenzaron a aparecer desde los años 30’s, donde hubieron varios partidos comunistas coexistiendo durante 40 años. Cada partido comunista se diferenciaba de otro por el nombre de su alianza ideológica, tal es el caso del PCP-Unidad, de carácter pro soviético, el PCP-Bandera Roja que era de carácter maoísta. Sin embargo, ninguno veía la violencia como un eje para lograr sus objetivos políticos, a diferencia de Abimael Guzmán. A partir de 1970 comenzaron a surgir pequeñas células desprendidas del Comité Regional de Ayacucho “José Carlos Mariategui”, que se denominaban “Sendero Luminoso” por el slogan del frente estudiantil huamanguino sobre el cual tenía influencia <<Por el sendero luminoso de Mariategui>>.

Sendero Luminoso tuvo un auge expansivo durante la década de los años 70’s debido a su manera de hacer llegar la información del partido al campesinado (brazo de lucha) sin levantar sospechas del gobierno. Para ello, el conocimiento maoísta era llevado  a la comunidad mediante los estudiantes universitarios de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga.

Sin embargo, en marzo de 1977 el Comité Central de Sendero Luminoso realizó la II Reunión Nacional de Organismos Generados donde abordó la construcción de la “Lucha Armada” al considerar que se encontraban listos para iniciar su “guerra popular”. En estos años Sendero Luminoso se encontraba bajo una coyuntura muy distinta a la planteada en la Reunión Nacional puesto que un año antes Mao Zedong había fallecido y el Grupo de Shanghai que impulsó la Revolución Cultural China había sido derrotado. Por lo tanto, Guzmán volvió la ideología política del partido por una religión, paso a concebir la militancia como un símbolo de purificación y renacimiento, manipulo el contexto de una lucha revolucionaria por el uso de una violencia terrorista. Para ello enarboló un discurso dado el día 7 de junio de 1979, Día de la Bandera en Perú, donde exaltaba los valores bíblicos bajo una ideología comunista de carácter religioso.

Sendero Luminoso fue el responsable de la muerte sistemática de más de 50 mil peruanos en Ayacucho, de acuerdo con la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), esa cifra podría considerarse como genocidio y se cuenta; dentro de los crímenes de lesa humanidad de más de 30 mil personas en otras provincias[2]. Esta cifra fue alcanzada mediante el asesinato de campesinos, ataques con bombas a las torres de electricidad de Lima y Ayacucho, y mediante la explosión de coches bombas en locaciones urbanas. Esta década de los años 80 ha sido conocido en Perú como la época del terror la cual llego a su fin en el 12 de septiembre de 1992 cuando se logró la captura de Abimael Guzmán gracias a una labor de inteligencia.

Finalmente, el grupo Sendero Luminoso fue desarticulado con la captura de Abimael Guzmán quien fue condenado a cadena perpetua, junto con los otros cabecillas senderistas. Sin embargo, tras este hecho el Movimiento Revolucionario de Túpac Amaru (MRTA) asaltaron la casa del Embajador de Japón en 1997, secuestrando a funcionarios japoneses y peruanos por más de 4 meses. Aunque al final, gracias a una operación denominada Chavin de Huantar la Fuerza de Tareas Especiales del Perú logró la liberación de los secuestrados y la erradicación del MRTA. Sin embargo, en el año 2002 comenzó el llamado Movimiento por Amnistía y Derechos Fundamentales (Movadef), que nació de los remanentes de Sendero Luminoso. Este movimiento busca la liberación del prisionero “1509” Abimael Guzmán Reinoso y establece una lucha de 8 puntos.

Se busca la realización de una “1) nueva constitución que contemple los derechos fundamentales del pueblo, 2) la restitución de las libertades, derechos, beneficios y conquistas democráticas conculcadas (sic). 3) Libertad económica para el pueblo, contra el neoliberalismo y la globalización manifestación actual del imperialismo. Revisión de los contratos con las empresas monopólicas. Defender los recursos naturales, producción nacional  y trabajo para el pueblo. 4) Repartición de tierra para que la trabaje, en contra de la concentración de tierras y el despojo a los campesinos o comunidades nativas. 5) Libertad política y contra la política persecutoria. 6) Defender la nación, su soberanía, integridad y territorialidad, 7) Solución política y amnistía general y reconciliación nacional. 8) Respeto a los derechos del pueblo trabajador y explotado.”[3]

En conclusión, estos lineamientos programáticos del Movadef si bien han cambiado la lucha violenta y terrorista por una pacífica. No se debe de dejar de lado el conocimiento histórico sobre lo ocurrido, puesto que si el gobierno peruano llegara a liberar a la persona que se encargó de violentar los derechos humanos de los peruanos, se estaría hablando entonces de un desconocimiento por una serie de hechos violentos que trajo repercusiones graves para los afectados y para la confianza de su pueblo ante la primicia general que dicta que el gobierno debe de brindar y garantizar la seguridad de su población.

Además, la liberación de Abimael Guzmán y de sus lugartenientes presos podría repercutir negativamente en la política nacional peruana, regional e internacional, luego de que en 2005 el Tribunal Antiterrorista de Perú, dirigido por Pablo Talavera decidiera aceptar las pruebas psicológicas hechas por Lilia Villapolo, quien es parte del CVR, así como por testigos indígenas que estuvieron presentes durante varios ataques perpetrados por Sendero Luminosa contra los indígenas Ashaninkas[4]. Grupo indígena que fue diezmado por el grupo senderista entre 1980 y 2000, con la desaparición de 40 aldeas indígenas. Por ello, Abimael Guzmán y sus lugartenientes han sido acusados de genocidio y se les juzgará por estos crímenes.

Es por ello, que si los senderistas alcanzaran la amnistía, conllevaría a un reproche latinoamericano, ante una comunidad de países que no aceptaría establecer vínculos comerciales con el gobierno de un país que protegiera a líderes terroristas.


[1] Víctor Antonio Gómez Gil Juárez es licenciado en Relaciones Internacionales por la UNAM, cuenta con un diplomado en Derechos Humanos en el Islam por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y otro diplomado en Medio Oriente por la Universidad Ibero. Actualmente estudia la Especialización en Inteligencia para Seguridad Nacional en el INAP. Labora actualmente como docente/investigador en la Universidad del Valle de México Campus Cuernavaca.

 

[2] Comisión de la Verdad y Reconciliación, Genocidio por Sendero Luminoso, Biblioteca Virtual del Genocidio en Ayacucho, http://www.genocidioayacucho.com/home.aspx,  Consultado el 1 de noviembre de 2013

[3] Movimiento por Amnistía y Derechos Fundamentales, Lineamientos programáticos, http://movamnsitiayderfundamentales.blogspot.mx/p/lineamientos-programaticos.html, 11 de julio de 2013.

[4] LDI, Juzgarán por genocidio contra indígenas peruanos a los líderes del grupo terrorista Sendero Luminoso, Libertad Digital Internacional, Perú, 30 septiembre 2005, http://www.libertaddigital.com/mundo/juzgaran-por-genocidio-contra-indigenas-peruanos-a-los-lideres-del-grupo-terrorista-sendero-luminoso-1276261949/, Consultado el 4 de noviembre de 2013

Los vientos que soplan en los países del Sur llegan hasta el Norte

Un comentario acerca de la última sesión de la Comisión de Población y Desarrollo de las Naciones Unidas

Por Edurne Cárdenas-

La Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) celebrada en la ciudad de El Cairo en 1994, marcó un hito en la historia de la población y el desarrollo, así como en la historia de los derechos de la mujer. En ella fue aprobado, por 179 países, el Programa de Acción de Cairo (PoA) que se caracteriza por su enfoque puesto en derechos. Allí, por ejemplo se acordó la fundamental definición de derechos reproductivos.

La Comisión de Población y Desarrollo de las Naciones Unidas (CPD) es la encargada de supervisar, revisar y evaluar la implementación del PoA. Entre los días 23 y 27 de abril pasados, en su 45ta sesión, el tema fue –por primera vez- “adolescentes y jóvenes”: un tema esperado largamente por quienes promueven  los derechos sexuales  y los derechos de los adolescentes y personas jóvenes. Como era esperado, la sesión estuvo dominada por discusiones acerca –fundamentalmente– de libertades y por la amenaza latente de una sesión sin resolución acordada, lo que habría sentando un grave precedente (tal como sucedió en la sesión de febrero de la Comisión por el Estatus Jurídico de la Mujer).

La sesión fue muy intensa y afortunadamente culminó con una resolución que marca un punto de inflexión: el enfoque de derechos humanos como marco de interpretación y guía de la resolución;  el énfasis en la igualdad de  género como condición necesaria para alcanzar los objetivos propuestos en el PoA; y  el avance en la definición e incorporación de un lenguaje progresista en materia de derechos reproductivos y acceso y garantía a la salud sexual y reproductiva de las personas adolescentes y jóvenes. Estos hechos representaron un gran avance; especialmente porque en 2014, en su 20 aniversario, el PoA debe ser revisado para repensar la agenda de población y desarrollo a partir de 2015.

Entre los aportes de la resolución destacan el reconocimiento expreso de los derechos reproductivos de las y los adolescentes y jóvenes y de su capacidad para controlar y decidir libre y responsablemente en cuestiones relacionadas con su sexualidad, incluida su salud sexual y reproductiva. El acceso al aborto seguro y accesible -cuando es legal, o no esta en contra de la ley- merece especial atención porque la resolución señala que debe capacitarse y el equiparse a los servicios de salud nacionales.

Las delegaciones de Argentina, Brasil, Uruguay y Venezuela, enmarcados primero como países del MERCOSUR y luego, con la adhesión de otros países de la región (Bolivia y Republica Dominicana) bajo el nombre de “Like-minded Latin America”, lideraron las negociaciones aportando no sólo argumentos y posiciones progresistas, si no también entusiasmo a las discusiones. Estas delegaciones demostraron un fuerte compromiso institucional con las Naciones Unidas y con la promoción y protección de los derechos sexuales que, como ya ha sido reconocido en acuerdos regionales, son derechos humanos.

El MERCOSUR -planteada como una comunidad económica en su origen- sirve como plataforma para acoger a los países alineados políticamente, excluyendo, por ejemplo, a quienes geográficamente están mas cerca aunque ideológicamente un poco mas lejos. Tal el caso de Chile por un lado, que no forma parte del Mercosur, y que en esta sesión de la CPD reafirmó sus reservas al texto de la resolución en lo relativo al aborto ya que en su legislación local la vida esta protegida desde la concepción. Por el otro lado, Venezuela -la incorporación más nueva al MERCOSUR- más lejos geográficamente, pero más cerca en las posiciones presentadas y defendidas en materia de desarrollo y derechos humanos (aunque Venezuela acaba de anunciar su retiro de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y eso vale otro comentario).

Sin embargo, aun existen contradicciones difíciles de explicar. Por ejemplo, Argentina aun mantiene las reservas de tinte conservador que puso a la Plataforma de Acción en 1994. Los proyectos de resolución que llegaron a la Cámara de Diputados de la Nación para quitar las reservas nunca prosperaron. Las reservas siguen ahí, a pesar de que los avances normativos a nivel nacional y de las propuestas llevadas a las negociaciones que quedaron plasmadas en la Resolución acordada. Contradicciones que no dejan de resonar como una deuda pendiente.

Los progresismos latinoamericanos tienen características propias, con elementos contradictorios, criticados a veces de populistas, con políticas de avanzada en algunos temas pero reticentes a tratar otros. Como ejemplo de esto no puedo dejar de pensar en Argentina y su batería de normas progresistas relativos al reconocimiento y protección de la diversidad sexual y al mismo tiempo la imposibilidad de modificar la penalización del aborto. O el caso de Brasil, que con años de demora, empieza lentamente a revisar su pasado dictatorial. Estos son los progresismos que supimos conseguir; que repito, no están exentos de críticas. Su impacto se siente no sólo en las políticas nacionales y en la posible construcción de una identidad regional. El  liderazgo en esta última CPD es una muestra de esto.

Los vientos que soplan en los países del Sur llegan hasta el Norte. Bienvenidos sean.

Edurne Cardenas es consultora para el area de Advocy Internacional de IPPF/ WHR (International Planned Parenthood Federation/ Western Hemisphere Region). Es abogada y candidata a maestra en Derechos Humanos de la Universidad Nacional de Lanús, Argentina.

La visita de Benedicto XVI a Cuba

Por Amando Basurto-

Después del temblor viene el recuento de los daños. Pero la segunda visita del Papa Benedicto XVI al continente americano robó la atención que tenía casi monopolizada el sismo que la semana pasada sacudió buena parte del territorio mexicano. Mucho se dijo y se escribió sobre las posibles implicaciones políticas de la visita papal en tiempos de veda-electoral. El congreso mexicano correspondió con una reforma que amplía la libertad de expresión religiosa mientras adiciona el adjetivo de “laica” a la República en nuestra Constitución Política (adjetivos de ficción si consideramos que también se dice “democrática”).

Un poco más interesante, o morboso, resultó seguir la visita del pontífice a la isla de Cuba. ¿Cómo lo recibirá el gobierno de Raúl Castro? ¿Qué dirán los unos de los otros? ¿Se reunirá con Fidel? ¿Se reunirá con un Hugo Chávez convaleciente? eran preguntas que estaban en el aire y que merecieron atención. Cabe decir que un ingrediente extra para la condimentación del morbo fue el 50 aniversario de la excomunión de Fidel Castro por el Papa Juan XXIII en enero de 1962. La excomunión del “Comandante” fue consecuencia no sólo de haber –tardíamente– declarado la revolución cubana como “socialista” sino de la expulsión masiva de prelados y del cierre de las escuelas religiosas en la isla.

Finalmente la reunión entre el Papa Benedicto y Fidel Castro sucedió. Las imágenes decían más que miles de palabras. Se podía ver a un Papa que, a pesar de mantener toda postura protocolaria, no pudo ocultar un rostro que expresaba la emoción de estrechar la mano de una figura histórico-política que, a pesar de su excomunión, es un mito viviente. Inevitablemente las deterioradas condiciones de salud de Fidel Castro obligaban a preguntarse quién sobrevivirá a quién en un futuro muy próximo.

El tono de la visita de Benedicto XVI fue levemente distinta a aquella primera que realizó Juan Pablo II en enero de 1998. En aquella ocasión, el Papa más popular en la historia contemporánea no dejó pasar la oportunidad de mencionar que visitaba Cuba no sólo por la invitación de la jerarquía católica en la isla sino, también, por la invitación personal que le había extendido Fidel Castro en su visita al Vaticano en 1996. Con gran tacto político, el hoy beato dejaba en claro que estaba en esa tierra con el beneplácito y complicidad de Castro. Esta complicidad que parece seguir dando frutos al permitir ocultar la falta de libertad de disenso político detrás de una cortina de humo de libertad religiosa.

A diferencia de la visión político-histórica de Karol Wojtyla, las homilías y discursos de Ratzinger fueron permeados por su vocación y formación teológica; especialmente en su insistencia sobre el “misterio de la encarnación” inscrito en el 400 aniversario del hallazgo de la Virgen de la Caridad del Cobre. En contraste, todos los discursos y sermones de Juan Pablo II en la isla hacían referencia tanto al Padre Félix Varela como a José Martí. Con la intención de enfatizar la esencia cristiana del pueblo cubano, Juan Pablo II citaba a Martí en su homilía en la Habana del 25 de enero de 1998:  “Pura, desinteresada, perseguida, martirizada, poética y sencilla, la religión del Nazareno sedujo a todos los hombres honrados… Todo pueblo necesita ser religioso. No sólo lo es esencialmente, sino que por su propia utilidad debe serlo… Un pueblo irreligioso morirá, porque nada en él alimenta la virtud.”

En esa misma misa, Juan Pablo II repartió palos a diestra y siniestra. Por un lado, en un ejercicio fino de crítica al régimen cubano, el Papa denunció el fanatismo político al recordar que “un Estado moderno no puede hacer del ateísmo o de la religión uno de sus ordenamientos políticos. El Estado, lejos de todo fanatismo o secularismo extremo, debe promover un sereno clima social y una legislación adecuada que permita a cada persona y a cada confesión religiosa vivir libremente su fe…” Inmediatamente después giraba y repartía porrazos al otro lado criticando el librecambismo: “Por otro lado, resurge en varios lugares una forma de neoliberalismo capitalista que subordina la persona humana y condiciona el desarrollo de los pueblos a las fuerzas ciegas del mercado, gravando desde sus centros de poder a los países menos favorecidos con cargas insoportables. Así, en ocasiones, se imponen a las naciones, como condiciones para recibir nuevas ayudas, programas económicos insostenibles.”

Es importante resaltar que no es sino hasta sus respectivas despedidas, que ambos Papas hacen referencia y condenan el embargo que Cuba ha sufrido por cincuenta años. En 1998, Juan Pablo II acusó: “En nuestros días ninguna nación puede vivir sola. Por eso, el pueblo cubano no puede verse privado de los vínculos con los otros pueblos, que son necesarios para el desarrollo económico, social y cultural, especialmente cuando el aislamiento provocado repercute de manera indiscriminada en la población, acrecentando las dificultades de los más débiles en aspectos básicos como la alimentación, la sanidad o la educación.” Esta semana, Benedicto XVI se refirió al embargo de manera igualmente explícita: “Que nadie se vea impedido de sumarse a esta apasionante tarea por la limitación de sus libertades fundamentales, ni eximido de ella por desidia o carencia de recursos materiales. Situación que se ve agravada cuando medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del País pesan negativamente sobre la población.” De manera que ambos pontífices dieron un espaldarazo a la defensa a la soberanía cubana hasta el final de sus visitas.

Finalmente, destacable es la diferencia entre Fidel y Raúl. Este último dedicó su discurso de despedida Benedicto XVI a subrayar las coincidencias entre los principios de la revolución cubana y la esencia humanista de la labor de la iglesia católica. Fidel, en contraste, despidiendo a Juan Pablo II en 1998 realizó un ejercicio teológico-revolucionario con esa vehemencia discursiva que le caracteriza: “Cuba, Santidad, se enfrenta hoy a la más poderosa potencia de la historia, como un nuevo David, mil veces más pequeño, que con la misma honda de los tiempos bíblicos, lucha para sobrevivir contra un gigantesco Goliat de la era nuclear que trata de impedir nuestro desarrollo y rendirnos por enfermedad y por hambre. Si no se hubiese escrito entonces aquella historia, habría tenido que escribirse hoy. Este crimen monstruoso no se puede pasar por alto ni admite excusas.”

A quienes no nos tocó vivir en Cuba nos resta seguir tan cerca como sea posible el proceso de reforma del régimen revolucionario cubano. Ojalá la reforma no termine en “llamado a misa.”