Fidel Castro, el superhéroe

Se retiró, murió, lo homenajearon y ahora sus cenizas han sido sepultadas. Todo esto no ayudará, de manera alguna, a obtener una imagen más clara del valor, de la capacidad de liderazgo, ni de los errores de Fidel Castro. Como genio y figura, Fidel permanecerá en los anales de la historia bajo un grueso velo tejido tanto con desaprobación como con canonización revolucionaria. Mucho se ha escrito en la última semana sobre él; algunos textos enfatizan y refuerzan el carácter personalísimo de la revolución cubana y resultan elegíacos, otros se concentran en la descalificación caudillista y dictatorial de su liderazgo político, y algunos otros, especialmente obituarios, narran su historia desde un ángulo más privado y familiar. Me parece, sin embargo, que algo ha estado ausente: un relato de cómo Fidel se convirtió en un superhéroe. Es sobre este tema que ofrezco unas líneas aquí.

Fidel era un líder nato. Su activismo estudiantil lo llevó a presenciar tanto una revuelta en contra de Rafael Trujillo en República Dominicana como el masivo movimiento liberal de José Eliécer Gaitán en Colombia. No sólo era un gran orador, también destacaba por su articulada prosa y dotes atléticos. Pero Castro no era un ideólogo comunista ni anti-estadounidense en ciernes; muy por el contrario, en el año 1947 militaba en un partido anticomunista (Ortodoxo) y en 1948 se casa con Mirta Diaz (de familia adinerada) y pasan dos meses de luna de miel en las ciudades de Miami y Nueva York.

Su liderazgo rebelde encontró su mejor escaparate en las movilizaciones civiles en contra de la dictadura de Fulgencio Batista (quien tras un golpe de estado tomaba por tercera vez control directo del gobierno cubano en 1952). Los discursos de Castro en contra de Batista se concentraban en dos demandas centrales: la reinstauración del orden constitucional de 1940 y una agenda general de justicia social. Es con miembros del mismo Partido Ortodoxo que Fidel y Raúl organizan y realizan el ataque al cuartel Moncada (26 de julio de 1953) que pretendía iniciar una movilización armada masiva en contra de la dictadura. El fracaso de la rebelión significó la muerte para muchos de los alzados mientras otros, incluyendo los hermanos Castro, terminaron en prisión. De la autodefensa judicial de Fidel Castro heredamos el discurso y texto “La Historia me Absolverá” cuyos principales argumentos, es importante insistir, son en contra de la dictadura y de la grave situación de injusticia social en Cuba, pero no es un panfleto ni socialista, ni comunista y mucho menos anarquista. Fidel y Raúl fueron liberados tras dos años de cárcel porque, se puede deducir, Batista consideró que eran más peligrosos como presos políticos (y mártires en activo) que libres. Así que estos se exiliaron y organizaron el lanzamiento de la revolución desde México con financiamiento, por mediación de Carlos Prío, desde los Estados Unidos de América.

Tras el desafortunado desembarque rebelde cerca de Manzanillo, Cuba, y durante su reagrupamiento en Sierra Maestra, Fidel tuvo que liderar con mano de hierro, no sólo para evitar pillaje y violaciones a la población civil por parte de sus hombres (fenómeno que, a pesar de ser común en casos de rebeliones prolongadas, no es característico de la revolución cubana), sino también para controlar los bríos radicales de su propio hermano y de Ernesto Guevara. Éste es el Fidel que, desde la sierra, logra coordinar esfuerzos con los estudiantes y la sociedad civil tanto en Santiago como en La Habana.

Al triunfar la revolución (tras la huída de Fulgencio Batista) Castro encabeza el gobierno revolucionario y se prepara, no para visitar Moscú y alinear a Cuba al socialismo internacional soviético, sino para visitar las ciudades de Nueva York y Washington D.C. Con el fin de negociar el reconocimiento estadounidense al nuevo gobierno de Cuba. Castro es recibido multitudinariamente en los Estados Unidos como héroe, como el liberador de Cuba; pero el presidente Dwight Einsenhower, haciendo gala de incomprensibles desdén e ignorancia, decide no recibirlo y Castro sólo tiene oportunidad de hablar brevemente con Richard Nixon. ¿Por qué Einsenhower se rehusaría a sentarse con Castro, quien va hasta Washington a pedir audiencia? Si se hubiese dado el encuentro ¿quién creen ustedes que hubiese podido imponer condiciones? Evidentemente el presidente estadounidense pudo haber asegurado cierto respeto y seguridad a una parte de los intereses económicos de su país en la isla, aunque ya no más en las condiciones de semicolonialismo en las que Cuba se encontraba desde 1898; sin embargo, Einsenhower seguramente pensó que era más fácil intentar deshacerse del gobierno revolucionario de un manotazo. Castro entonces vio la oportunidad y la necesidad de utilizar a su favor el delicado equilibrio que la guerra fría representaba en ese momento y, aún sin declararse a sí mismo o al régimen cubano como socialista, estableció relaciones diplomáticas con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

En otra muestra de gran incapacidad diplomática, el gobierno de Einsenhower decidió organizar un golpe contrarevolucionario al estilo de aquel orquestado por la CIA en Guatemala contra el Gobierno de Jacobo Arbenz en 1954. Así se fraguó el fallido desembarco en Bahía de Cochinos que se llevó a cabo en abril de 1961. Bajo el liderazgo de Fidel Castro los cubanos lucharon contra este grupo paramilitar de exiliados cubanos dirigido, financiado y armado por la CIA no en defensa de la revolución sino en defensa de su independencia nacional. Es pues la miopía política estadounidense la que genera las condiciones y facilita que Fidel, héroe revolucionario, se convierta en un superhéroe cubano y en un mito viviente. Sólo después de la defensa de Bahía de Cochinos es que el régimen revolucionario cubano será declarado socialista.

Podemos pues estar de acuerdo o no con el régimen revolucionario cubano, podemos aplaudir los avances sociales y/o denostar las restricciones políticas en Cuba, podemos incluso tener predilección romántica por las revoluciones, por el “Ché”, por el propio Fidel, pero lo que no podemos hacer es darnos el lujo de perder de vista que Fidel Castro el superhéroe, el dictador socialista, el padre de la patria, lo fue gracias no sólo a su gran capacidad individual de liderazgo político y militar sino a la torpe ortodoxia diplomática estadounidense. Hoy, la insensatez del discurso del presidente electo Donald Trump obliga a poner atención de nuevo a las consecuencias indeseadas que generan las malas decisiones tomadas desde la Casa Blanca.

 
– Amando Basurto Salazar
Doctor en Política por la New School for Social Research, N.Y. y Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México

@amandobasurto
amandobasurto@nomospolitico.com

http://nomospolitico.com

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