Vuelve la burra al trigo: España 26J

Hace justo 4 meses escribía en este espacio sobre el resultado en las elecciones en España de diciembre de 2015: Elecciones en España: de cómo terminar con un presidente que la mayoría no eligió.

En aquel momento hacía un recuento del resultado así como de las  (im)posibilidades de que el PSOE formara un gobierno de coalición con los partidos emergentes.  Remarcaba que quizás lo novedoso y muy notorio del proceso electoral de diciembre era el fin del bipartidismo de la democracia española.

Pues bien pasó medio año de la jornada electoral y fue imposible hacer gobierno en coalición, lo que llevó a convocar nuevamente a elecciones generales este pasado 26 de junio. Las encuestadoras y el ánimo apuntaban a que Podemos, quien durante estos meses planteó alianza con el partido Izquierda Unida, iba a repuntar o quizás rebasar al PSOE para quedar como segunda preferencia y así lograra la posibilidad de formar gobierno.

La realidad: el abstencionismo aumentó, contrario a las predicciones Podemos no logró sobrepasar al PSOE y solo obtuvo 2 escaños más teniendo un total de 71; PSOE obtuvo 85 escaños, 5 menos que las elecciones pasadas, Ciudadanos pierde 8 escaños y se queda con tan solo 32; y el PP se alza como el ganador con 137 escaños 14 más que en las elecciones pasadas. Sin embargo esto deja en una situación más complicada a los españoles.

Por un lado el novedoso quiebre del bipartidismo se desquebrajó toda vez que el 55% de los votantes eligió a los ya tradicionales PP y PSOE, partidos que siguen hablándole a la España de 50 años o más y que deja a los jóvenes fuera de sus prioridades , de su discurso y sus propuestas.

Por otro lado el PP sigue sin tener la mayoría de 176 escaños para formar gobierno, lo cual lleva a Rajoy a la necesidad de negociar con los partidos que no han querido generar alianzas con el PP y que dadas sus plataformas sería como plantear que agua y aceite funcionen. Puede negociar con Ciudadanos, un partido joven pero con quien comparte idearios y propuestas desde la derecha. Sin embargo ello no plantea un escenario suficiente para lograr la mayoría y necesitarán 8 lugares más para declarar gobierno.

Su última opción es un gobierno en minoría mismo que tendría que ser aprobado por los diputados y de no llegar a ese acuerdo convocar a nuevas elecciones. Para ello tendrán que convencer a los demás partidos que voten a favor o bien se abstengan. Queda claro que los partidos de izquierda y extrema izquierda votarán en contra ¿qué pasará con PSOE que dados los resultados poco le conviene ir a otras elecciones, que no votará a favor pero que de abstenerse lograría que el PP lo logre?

Rajoy gobernará, el PP gobernará habiendo obtenido solo el 32% de la preferencia de los votantes, gobernará con una oposición absoluta, tendrá que negociar política pública, presupuestos y directrices con quien no las comparte. Presidirá en minoría con la premura de poder gobernar y llegar a acuerdos, en una España urgida de acciones y de soluciones a su crisis política, económica y sí también social. Gobernará un país con dos territorios que en sus resultados electorales muestran su cada vez más marcada diferencia con el resto: País Vasco y Cataluña.

La situación política de España invita a la autocrítica de un sistema que aunque democrático claramente es poco representativo, quizás esta oposición mayoritaria pudiera considerar una urgente reforma política. También toca a la ciudadanía hacer una reflexión a conciencia de su voto y de qué tan responsables son de lo sucedido.

Así vuelve la burra al trigo: Elecciones en España: de cómo terminar con un presidente que la mayoría no eligió.

 

– Melissa Ortiz Massó

Melissa Ortiz Massó es activista social especialista en poder legislativo, transparencia, rendición de cuentas y acceso a la información. Promotora del Parlamento y Gobierno Abierto @melamalo

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Represión y recorporativización educativa

La “reforma educativa” parece haber alcanzado su fase más contenciosa. El gobierno ha llevado al límite a la dirigencia y base de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y estos han respondido con masivas movilizaciones y bloqueos (especialmente en los estados de Oaxaca y Chiapas). Los enfrentamientos entre la CNTE y el gobierno federal han generado ya 8 decesos y un centenar de heridos. El encarcelamiento de miembros de la dirigencia fue el prefacio a la manifestación masiva y disruptiva de la CNTE y al uso de la violencia por parte de un gobierno carente de legitimidad. El uso de fuerza letal en condiciones de poca gobernabilidad como las que se viven hoy en México (y en Oaxaca en especial) es simplemente injustificable.

Y ante estos eventos ¿qué posición deberíamos tomar el resto de nosotros? ¿Cómo creerle a un gobierno que reformó las condiciones laborales de todo un sector sin una consulta y negociación con los trabajadores directamente involucrados y el público en general (ni siquiera con una consulta superficialmente tomada en cuenta como la realizada en el caso de la reforma energética)? La reforma es en este sentido una expresión autoritaria en la que participaron en conjunto los partidos del Pacto por México. Pero, por otro lado, ¿cómo confiar en una disidencia magisterial que en su anti-charrismo no ha trabajado por mejorar la educación en sus zonas sino por aumentar la concesiones monetarias, laborales y políticas que los gobiernos federal y estatales les otorgó por años y por acomodarse dentro de un sistema de componendas, corrupción y cacicazgo local? Es cierto que la “reforma educativa” no atiende y mucho menos resuelve los grandes problemas que enfrentan los educandos en México, pero también lo es que la CNTE lucha por defender sus “logros laborales” que no necesariamente representan una mejora a la calidad de la educación en México sino todo lo contrario.

Habría que reconocer que cualquier intento de mejorar las condiciones educativas en México requiere, de inicio, el replanteamiento de la relación entre autoridad y trabajadores al servicio de la educación. También hay que reconocer el grave problema que el modelo corporativista y clientelista de la política mexicana representa en términos educativos. Si el SNTE o la CNTE tienen hoy irrazonables prebendas, beneficios y poder político sólo es porque los gobiernos, federal y estatales, las concedieron a cambio de votos y poder de movilización –es muy probable que esto no cambie pues el beneficio es muy alto.

La reforma educativa es un franco intento de re-corporativizar a los profesores; primero se deshicieron de Elba Ester Gordillo y realinearon al SNTE, ahora el gobierno lanza su ofensiva contra la CNTE, la arrincona y amedrenta para que ceda a una reforma que de ninguna forma sirve a sus intereses. Con el pretexto publicitario de defender el derecho de los niños a la educación, el gobierno federal descarta y descalifica cualquier intento de negociación con los profesores disidentes. La opacidad de aquello que se negoció, cuando la Secretaría de Gobernación estaba abierta a ello, dificulta simpatizar con alguna de las partes.

¿Podemos confiar en el gobierno de Enrique Peña como el legítimo depositario y defensor de educación en México cuando la Secretaria de Educación Pública es utilizada como cabeza de ariete y no para la mejora radical que requieren tanto los planes y programas de estudio como las condiciones de la educación en general? ¿Podemos confiar en un gobierno y una clase política con tantas deudas en materia de transparencia? ¿Podemos creer que la educación pública y laica puede o debe ser defendida y substanciada por una organización laboral cuyo objetivo totalmente legítimo (como el de todo sindicato en el mundo) es velar por los intereses de sus agremiados aún en detrimento de la educación en general? ¿Y qué decir del SNTE que no ha levantado la voz, muy probablemente porque su inacción ya ha sido negociada con el gobierno a cambio de obtener todas las plazas que le puedan arrebatar a la CNTE? ¿No será, entonces, que la verdadera defensa y promoción de una educación pública, laica y de calidad nos corresponde a la sociedad civil (organizada y desorganizada) desde los espacios que tengamos a mano, desde las escuelas mismas y en contra de la re-corporativización corrupta de este verdaderamente estratégico sector? Ó ¿será que volvemos a dejarle al gobierno y las corruptas corporaciones laborales la educación de niñas y niños mexicanos?

Urge, si, abrir una mesa de diálogo completamente pública y transparente que permita monitorear que el gobierno no imponga condiciones que no tengan relación directa con la mejora del sistema educativo y que ni el SNTE o la CNTE negocien y obtengan prebendas a cambio de su participación en la reforma del mismo sistema. Tras la muerte de 8 personas y con una sociedad civil movida por la violencia injustificable del gobierno, esta mesa de diálogo se hace más necesaria y, a la vez, mucho más complicada.

 

Autores-

Amando Basurto Salazar

Miguel Ángel Valenzuela Shelley

Melissa Ortiz Massó

Bonita Democracia

Terminó la temporada electoral de este 2016 y tras una jornada de sorpresas para unos y de desencantos para otros vale la pena hacer un alto y pensar qué sucedió.

La mayor parte de la prensa anuncia esta jornada como un día de pérdida para el PRI y de ganar para el PAN, pero ¿qué hay detrás de esto? ¿De verdad ganó el PAN o la gente simplemente dice “no más”?

Llama la atención que particularmente Durango, Quintana Roo, Veracruz y Tamaulipas hayan por fin dejado al PRI detrás, después de décadas (casi nueve) de estar bajo gobierno priistas. Puede entenderse que bajo los niveles de violencia y crimen en los que viven, particularmente Veracruz y Tamaulipas, la gente decidiera probar otra opción ¿sin embargo qué opciones hay?

Parece ser que la gente votó desde el hartazgo, completamente comprensible, pero hay que preguntarse si de verdad se votó por una nueva opción, si de verdad el PAN tiene la facultad y la distinción para poder resolver estos grandes problemas que aquejan a la población de los estados que han ganado.

Cuesta trabajo entender qué propuestas se pueden plantear cuando en algunos de estos estados, como es el caso de Durango, Quintana Roo y Veracruz el PAN gana en alianza con el PRD partido que por definición y en planteamientos de agenda ha sido antagonista del PAN, si quisiéramos entenderlo como una alianza entre la derecha y la “izquierda”. ¿Cómo desde estos desencuentro lograrán acuerdos?

Quizás la gran sorpresa para el PAN es Chihuahua un estado tradicionalmente priista en donde gana con Javier Corral, un político panista que se ha caracterizado por sus constantes enfrentamientos con la propia cúpula del PAN y por en numerosas ocasiones no se ha alineado a la disciplina panista y más bien ha demostrado integridad y coherencia con los temas que ha empujado desde su trabajo como legislador. Será interesante ver qué tan íntegro se mantiene en la gubernatura y desde luego se le extrañará como legislador.

Por otro lado seguimos viendo tendencias priistas en estados que si bien ha pasado por transiciones que el PRI gane francamente no revela gran sorpresa tal es el caso de Hidalgo, Tlaxcala, Oaxaca y Sinaloa que pese a los índices de violencia, desacuerdo social, gran pobreza que anteriores gobiernos priista no han podido (o no ha querido) resolver, el voto les sigue favoreciendo.

Tenemos además el escenario de la Ciudad de México en donde la elección se caracterizó por su bajísima asistencia, sólo 30% del padrón asistió a votar. Muchos aducen la falta de información de qué se trataba la elección y lo atípico de la misma, la elección del constituyente. El resultado favorece en la elección a  Morena aunque dado el diseño de conformación del Constituyente el PRD es quien tendrá mayoría en la asamblea ¿democrático el proceso?

Qué pasa con las izquierdas en el país, cuando  Morena y PRD van separados y el PRD incluso prefiere una alianza con la derecha, que buscar un proyecto desde sus agendas con un movimiento más afín como Morena. ¿Qué hubiera pasado en Veracruz si el escenario hubiera sido una alianza del PRD-Morena y no con el PAN? Parece que el PRD no confía en su agenda, y está solo buscando la sobrevivencia electoral, sus alianzas con el PAN dan señales de no tener más propuesta ni solidez y desde luego de poca congruencia. A Morena por otro lado habrá que tenerla en el ojo dadas sus ganancias, si bien no en gubernaturas, sí logaron posicionarse de manera interesante en los congresos de Oaxaca, Veracruz y Ciudad de México, será su prueba de oro para ver qué tan opción pueden ser para quienes confían su voto rumbo al 2018 y habrá que ver que tan dispuestos o hábiles están para unir izquierdas y no irse solos, porque así me temo que poco lograrán a nivel nacional.

Otro proceso electoral más, tildándolo de democrático, pero lo cierto es que este país muestra cada día más que estamos lejos de la democracia cuando no hay verdaderas opciones que respondan a la ciudadanía. Cuando tenemos partidos aliados que tradicionalmente son antagonista; cuando el PAN se proclama ganador de algo que ni siquiera construyeron y que no queda claro que estén preparados o verdaderamente interesados para afrontar; cuando hay un PRI que gobierna al país y continúa en sus mismas prácticas sin ánimo de cambio pese al hartazgo de la ciudadanía; cuando ante la opción de dar espacio a la ciudadanía a que decida su futuro en la Ciudad de México ésta no cree en ello y los resultados le dan la razón, gana un partido que no tendrá la mayoría.

Y sobre todo esto unos legisladores que pareciera esperan las elecciones para tener moneda de cambio y que llevan meses discutiendo un urgente sistema anticorrupción como si este fuera la herramienta que les permitirá o darle el traste a sus opositores o acomodarlo a gusto para seguir en las mismas pero no generar cambios.

Y después de las elecciones ¿qué? ¿Esperar a ver si ahora sí viene un cambio? ¿Seguir sentados para tener solo como oportunidad de participación las elecciones? Bonita democracia…

 

– Melissa Ortiz Massó

Melissa Ortiz Massó es activista social especialista en poder legislativo, transparencia, rendición de cuentas y acceso a la información. Promotora del Parlamento y Gobierno Abierto @melamalo