La revolución política de Bernie Sanders

Por Amando Basurto –

Mañana se llevará a cabo le elección primaria del Partido Demócrata en el estado de Nueva York y será un evento políticamente relevante por el simple hecho que en ella se enfrentan un nativo de Brooklyn aunque con trayectoria política en Vermont – Bernie Sanders– y una hija pródiga adoptiva y exSenadora por Nueva York –Hillary Clinton. Una victoria por amplia mayoría de Sanders en NY pondría en muy serios aprietos la nominación de Clinton. Es importante resaltar el elemento de “amplia mayoría” porque ganar la elección por un margen reducido no es suficiente en Estados en los que los delegados se asignan proporcionalmente (por ejemplo, la última victoria de Sanders se dio en Wyoming en donde obtuvo el 55% de los votos por lo que los 14 delegados en juego se dividieron siete para él y siete para Clinton). Sin embargo, estos triunfos tienen un gran valor propagandístico y permiten que la campaña de Sanders mantenga viva las esperanzas de alcanzar y rebasar a Clinton en la cantidad de delegados comprometidos.

¿Pero quién es Sanders, qué representa su desafío al oficialismo demócrata y cuáles son los límites de su proyecto? Bernie Sanders es Senador por el estado de Vermont con una vibrante carrera política como independiente. La mayor parte de su trabajo político la ha realizado a nivel local; fue alcalde de la ciudad de Burlington (1981-1989) y después legislador estatal (1991-2007). Desde 2008 se desempeña como Senador por el estado de Vermont. Todos estos puestos de elección popular los ha obtenido participando como “Independiente” en un estado que ha sido dominado históricamente por el Partido Republicano. Su ascendente carrera política ha sido caracterizada por un consistente discurso en contra del oficialismo partidista y de la colusión entre los gobiernos estatales y federal con las grandes corporaciones. También ha sido muy consistente en la promoción de ampliar las coberturas públicas de salud, educación y desempleo.

Bernie Sanders es un significativo heredero de la tradición “progresista” estadounidense de finales del siglo 19 que abanderó la lucha en contra del poder económico y político de los grandes monopolios. Woodrow Wilson, una versión desradicalizada y tardía de aquel progresismo ganó las elecciones presidenciales de 1912. Las comparaciones personales son odiosas y por ello no haré una aquí, especialmente porque en vez de pensar en las posibles disimilitudes entre Wilson y Sanders habría que analizar seriamente las similitudes entre las condiciones de alta concentración de capital y riqueza a finales del siglo 19 (características de la gran depresión de 1873 y sus efectos) y las de principios del siglo 21. Sería realmente irónico que Sanders ganase la nominación y las elecciones de noviembre como Woodrow Wilson lo hizo en 1912, es decir, aprovechando un escisión en el Partido Republicano.

Sanders ha concentrado sus ataques a la campaña de Hillary Clinton en dos frentes: el primero, el más consistente, ha sido el señalamiento de la cercanía de la candidata con grandes intereses económicos y financieros, insistiendo en cómo ésta limita seriamente la posibilidad de que su presidencia les desafíe en favor de los derechos del ciudadano común. Este señalamiento se inscribe en un proyecto general de reformar la política de financiamiento a las campañas políticas que incluye revertir la decisión de la Suprema Corte en el caso comúnmente llamado Citizens United. El segundo frente ha sido cuestionar el “juicio” de Hillary Clinton en relación tanto a su voto como Senadora a favor de la invasión a Irak en 2003 y la inadecuada planeación alrededor del cambio de régimen en Libia mientras fungía como Secretaria de Estado. En contraste, Sanders propone una política exterior que utilice la vía armada sólo como último recurso y nunca como herramienta habitual de política exterior.

La agenda económica de Sanders es definitivamente la más progresista entre los candidatos que aun tienen oportunidad de abanderar a sus partidos en noviembre. Esta incluye una serie de medidas como aumentar 100% el salario mínimo federal, anular los acuerdos de libre comercio que –él acusa– han resultado en la exportación de producción y empleos, establecer un sistema de salud de cobertura universal y la segmentación de los bancos y agencias financieras más grandes del país. Es especialmente esta agenda la que ha motivado la masiva movilización de demócratas e independientes que se han sumado a lo que Sanders llama “revolución política”.

El Senador ha ganado las últimas siete elecciones primarias estatales, lo que ha significado un gran impulso a una campaña a la que pocos auguraban buen fin. Sin embargo, la gran desventaja de Sanders sigue siendo la cantidad de superdelegados (469 de 500) que han anunciado votarán por Clinton en la Convención Nacional a realizarse en Julio y que difícilmente cambiarán de parecer. El otro gran reto de la “revolución política” de Sanders será, de ganar la nominación y la presidencia, poder cumplir sus ambiciosas políticas; esto requeriría una mayoría legislativa que difícilmente lograrán los demócratas. De hecho, para poder ganar los cuatro asientos que les regresarían el control del Senado, los demócratas requieren movilizar toda su maquinaria política (el stablishment), que es blanco central de los ataques del mismo Sanders. Aunque el partido demócrata consiguiera la muy difícil tarea de ganar el control de ambas cámaras del congreso es muy probable que las políticas propuestas por Sanders sólo puedan ser llevadas a cabo parcialmente sin aprobación legislativa en forma de órdenes ejecutivas.

El mayor problema de la “revolución política” de Bernie Sanders es que parece depender de su elección como presidente, sin una verdadera base político legislativa (en algo que bien se podría llamar caudillismo a la estadounidense). El contraejemplo es el ultraconservador Tea Party, que no sólo moviliza ciudadanos a grandes mítines sino que han conseguido instalar a algunos de sus miembros en el Congreso. Desde allí, los ultraconservadores han erosionado el poder del oficialismo republicano (que ya no tiene a un pre-candidato en la carrera). Una verdadera “revolución progresista” en los Estados Unidos requeriría de un trabajo político similar: la elección al Congreso de una serie de progresistas demócratas que dieran sustento y viabilidad a una agenda como la de Sanders.

Por el momento Sanders y Clinton se enfrentarán mañana en NY. La campaña de Sanders sabe muy bien que será difícil ganar la elección; si lo logran pondrán en grandes aprietos a Hillary Clinton. Su estrategia, ganando o no, es quitarle tantos delegados como sea posible a Clinton para mantener el margen entre ellos tan cerrado como sea posible.

 

– Amando Basurto Salazar

Doctor en Política por la New School for Social Research, N.Y. y Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México @amandobasurto

 

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Se asoma una Convención abierta en el Partido Republicano.

Las elecciones primarias del Partido Republicano el pasado martes 5 de abril en Wisconsin, no sólo dieron 36 delegados a la candidatura de Ted Cruz -con lo que se acerca a Donald Trump- sino que abre aún más la posibilidad de que los republicanos lleguen a su Convención Nacional en Cleveland (Ohio) a fines de julio sin un candidato definido. Es decir, ninguno de los actuales candidatos –Donald Trump, Ted Cruz o John Kasich- alcanzaría los 1,237 delegados necesarios para asegurar la candidatura de su partido, al finalizar las elecciones primarias o caucus el 7 de junio. En consecuencia el Grand Old Party (GOP), como se le conoce al Partido Republicano, tendría que definir a su candidato presidencial durante la Convención en una serie de elecciones que podrían cambiar completamente el panorama.

Tanto el Partido Demócrata como el Republicano tienen procesos internos para elegir al candidato presidencial en las elecciones generales de noviembre; estos son las elecciones primarias y caucus que se llevan a cabo en todos los estados de la Unión. Si un candidato alcanza el 50% + 1 del total de delegados –en esta ocasión 1,273 para el Partido Republicano- dicho candidato se convierte en el candidato del Partido, lo que se formalizará en la Convención Nacional. En este momento en el proceso del GOP, Trump sigue al frente de la carrera por la suma de delegados con 743 frente a los 517 de Cruz y apenas 143 de Kasich, quedando en juego 775. Estas cifras evidentemente descartan a Kasich, obligan a Cruz a ganar 720 de los 775 en juego y a que Trump obtenga 494; aunque es más probable que éste lo logre, en realidad es difícil que los obtenga, considerando algunos de los estados en juego. Algunas proyecciones le otorgan a Donald Trump una cantidad final de delegados de 1,182 con lo que se quedaría corto por 55 delegados; no obstante, esto suponiendo que gane la mitad de los delegados en California, lo que estaría por verse. Pero ¿qué pasaría entonces?

De concretarse este escenario, el GOP enfrentaría la misma situación que se presentó en la Convención disputada de 1976 o la abierta 1948. En 1976 el Presidente Jerry Ford y el gobernador Ronald Reagan llegaron a la Convención de Kansas City para definir al candidato del Partido Republicano. Aunque Ford estaba al frente en la suma de delegados (1,130 versus 1,030 de Reagan) estuvo muy cerca de perder la nominación debido a estrategias de la Campaña de Reagan, como gritar We want Regan! en el lobby de la Convención, cabildeo con diversas delegaciones estatales o el intento de cambio de reglas para la nominación, obligando al candidato a que designara o revelara a su compañero de fórmula. A fin de cuentas y al no haber un nominado decidido antes de la Convención, se tuvo que llevar a cabo una elección entre los candidatos vigentes (Ford-Reagan); en ella hay delegados comprometidos con cada candidato, por lo que la pelea es por los candidatos no comprometidos. En la elección el Presidente Ford obtuvo los votos necesarios para ganar la nominación y se convirtió en el candidato Republicano; a esto se le denomina Convención disputada.

En la Convención de 1948 la situación fue aún más complicada, ya que llegaron a ella 3 candidatos: Thomas Dewey, Howard Taft y Harold Stassen. Al no haber alcanzado ningún candidato el número necesario de delegados para obtener la nominación, se llevó a cabo una elección, pero a diferencia del caso mencionado, ninguno obtuvo los delegados requeridos. Esta situación cambia importantemente el escenario, ya que a partir de este momento los delegados ya no están comprometidos con ningún candidato, y se realizarán cuantas elecciones sean necesarias hasta definir a un candidato. Pero además ya en la segunda vuelta, los delegados pueden proponer a un candidato que ya no esté en la contienda o que no haya estado; a esto se denomina Convención abierta. En el caso de la Convención del ’48 no hubo propuestas de los delegados y Dewey obtuvo la nominación después de la segunda elección, no porque hubiese obtenido los delegados, sino por la concesión de Taft, antes de la tercera vuelta. No obstante, si la situación se presenta en la Convención de Cleveland, los delegados podrían proponer a Marco Rubio o a Paul Ryan, por mencionar algunos. Cabe mencionar que el senador por Florida Marco Rubio, ha expresado su deseo e intención de que los delegados con los que contaba hasta el momento de su retiro de la contiendo, permanezcan en su candidatura.

Por último, vale la pena mencionar al Comité de Reglas de la Convención Nacional Republicana y su probable impacto en la nominación. Una semana antes de la Convención, se reúne un Comité conformado por 112 delegados electos en Convenciones estatales, a fin de definir las reglas de la Convención e incluso establecer reglas que favorezcan o perjudiquen alguna candidatura. Dichas reglas pueden aplicar sólo por esa Convención y también pueden anular reglas establecidas en anteriores Convenciones. Ejemplo de ello es la Convención de ’76, cuando la Campaña de Ronald Reagan intentó establecer una regla –ya durante la Convención- para que el nominado estuviera obligado a nombrar a su compañero de fórmula, o la Convención de 2008, cuando se estableció que el nominado debía ser capaz de probar el apoyo plural de delegados en al menos 5 elecciones o caucus estatales. Esto permitiría favorecer, debilitar o imposibilitar alguna candidatura.

Debido a esta posibilidad, ahora más que nunca será muy interesante dar seguimiento a las próximas primarias en EEUU, principalmente el 19 de abril en New York y el 7 de junio en California, en donde se repartirán 95 y 172 delegados, respectivamente. El camino de Donald Trump hacia la nominación es más sinuoso de lo que se esperaba hace algunas semanas, y aunque Ted Cruz mantiene viva la esperanza de ser el primer latino como candidato a la presidencia de los Estados Unidos y el establishment republicano ahora puede ver una posibilidad para evitar la candidatura de Trump, el escenario es aún adverso.