Fundando un cuarto poder ciudadano en la CDMX

Por Amando Basurto –

Repensar políticamente la capital del país es una oportunidad enorme que debe ser utilizada no sólo para recomponerla administrativamente sino para proponer instituciones políticas sin precedente. Hace unas semanas, aquí mismo en Nomos Político, comentaba que las constituciones tienden a ser el resultado de una disputa histórica entre la concentración de poder político y el resguardo de derechos individuales. En el primero de los casos los objetivos principales han sido la consolidación soberana del estado a partir de establecer una eficiente organización administrativa y (de ser necesario) la sujeción de la totalidad de los habitantes a un solo orden político (usualmente a través de políticas de desarme y pacificación). En el caso de la defensa de los derechos individuales, el objetivo central de las constituciones ha sido limitar el poder arbitrario (en casos absoluto) del gobierno a partir de la promulgación de un listado de derechos individuales intransferibles e inviolables. El constituyente de la CDMX tiene la gran oportunidad de trascender las tendencias históricas generales y plantear un cuerpo legal que no sólo organice al gobierno administrativamente o defina y defienda los derechos civiles individuales sino que establezca los medios y las facultades para la participación política de los ciudadanos en diferentes niveles.

Es por esto que no sería tan descabellado en pensar que la nueva constitución de la CDMX puede romper con el caduco molde liberal de la división tripartita del poder (ejecutivo, legislativo y judicial). Esto no quiere decir que habría que deshacerse de la división de poderes como la conocemos, sino modificarla. En términos muy simples, la división existente tiene como sustento la necesidad de un poder ejecutor unitario, contrapesado por un poder legislativo (plural e incluyente), y un poder que sea la última instancia judicial. Así heredamos esta división y poco nos hemos atrevido a repensarla y modificarla. Sin embargo cabe preguntarse, ¿cuál de estos tres poderes promueve la participación política de la ciudadanía y garantiza la transparencia y la eficaz rendición de cuentas del gobierno? Las soluciones tradicionales han sido la fiscalización desde el ejecutivo o desde comisiones del legislativo (ambos fracasos rotundos).

Es posible que promover la participación política de la ciudadanía y garantizar la transparencia y la eficaz rendición de cuentas del gobierno requiera de la creación de un cuarto poder de Participación Ciudadana y Fiscalización (llámese como se le deseé llamar). Establecer un cuarto poder no es ajeno a otros sistemas políticos ya que algunos países tienen una Suprema Corte y una Corte Constitucional y, en otros casos, tienen un poder Electoral. No es asunto de replicar esos ejemplos sino de aclarar que la Constitución de la CDMX puede hacer uso de una partición de poder similar que dote de autonomía política y de certeza jurídica a la participación política y la rendición de cuentas local.

Pensar en un cuarto poder no requiere de tanto esfuerzo; habría que pensarlo como la consolidación institucional de instrumentos jurídicos y administrativos que ya existen en la ciudad. Hay que recordar la Ley de Ciudad Abierta, aprobada por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal en abril, finalmente publicada en la Gaceta Oficial el 7 de octubre del año pasado. Esta ley reconoce “el derecho de los particulares de colaborar en la conformación, desarrollo y evaluación de… programas, políticas y acciones” llevadas a cabo por el gobierno del D.F. y establece la creación de un Consejo de Gobierno Abierto de la Ciudad de México con base en el reconocimiento del Derecho de Acceso a la Información Pública y con el objetivo de ejercer un modelo de “gobernanza colaborativa”. Esta ley es el aparato legal más avanzado de participación política y transparencia que existe actualmente en la ciudad, y sin embargo es (aún sin haber sido implementado) insuficiente.

Primero, es un cuerpo colegiado con un muy bajo grado de independencia ya que aunque incluye “Consejeros Ciudadanos”, es presidido por el Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Además, a los Consejeros Ciudadanos se les suman el Consejero Jurídico, el Oficial Mayor, y los Secretarios de Desarrollo Económico y de Ciencia, Tecnología e Innovación, el Contralor General, el “Titular de la Escuela de Administración Pública del Distrito Federal” y al Presidente de la Comisión de Transparencia a la Gestión de la Asamblea Legislativa. Segundo, es un aparato institucional sin verdadera capacidad de injerencia ya que entre sus facultades, perfiladas en el Capítulo III de la ley, se encuentran establecer lineamientos, evaluar y certificar progresos, emitir lineamientos y opiniones, promover mecanismos de interacción (entre otros) lo que limita al Consejo a ser una instancia de carácter consultivo, no-resolutiva.

La buena notica es que el Consejo de Gobierno Abierto puede ser repensado por la Asamblea Constituyente e instaurado como un poder autónomo con capacidad resolutiva y una conformación completamente ciudadana (lo que implica mantenerlo independiente no sólo de los poderes ejecutivo y legislativo sino de injerencia por parte de los partidos políticos). Esto requiere repensar los principios sobre los que este poder de Participación Ciudadana y Fiscalización debe ser fundado, ya que la “Transparencia Proactiva” y la “Participación” no sólo deben ser garantizados o promovidos; el nuevo gobierno de la CDMX debe estar “obligado” a 1) transparentar la información pública (y no sólo a garantizar que se transparente cuando se le exija) y a 2) fundar espacios permanente de participación y consulta ciudadana (que no terminen siendo correas de transmisión supeditadas al legislativo local).

Es importante insistir en que la Asamblea Constituyente representará una verdadera oportunidad de “ciudadanizar” el gobierno de la CDMX. En este estricto sentido, las opciones parecen ser simplemente refrendar las formas tradicionales de representación política en México (hoy profundamente partidistas) ó innovar en materia de ingeniería constitucional.

 

– Amando Basurto Salazar

Doctor en Política por la New School for Social Research, N.Y. y Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México @amandobasurto

 

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El futuro político de la Ciudad de México

Por Amando Basurto–

La participación de representantes independientes en la asamblea constituyente de la Ciudad de México será fundamental para que la capital no sea presa fácil de la partidocracia. Los aspirantes a candidatos independientes –algunos organizados en forma de colectivos como #CiudadFeminista, #TúConstituyente y #PorLaLibre– requieren no sólo de casi 74 mil firmas para registrarse como candidatos sino, después, ganar un escaño en la asamblea y, aún más importante, dar voz a propuestas que permitan refundar una ciudad políticamente participativa, incluyente y responsable.

Los temas incluidos en las plataformas de estos colectivos incluyen la promoción de políticas de igualdad con perspectiva de género, la ampliación y garantía de derechos y libertades y la democracia horizontal y deliberativa. Todos estos temas parecen complementarios y es muy difícil pensar que algún ciudadano o colectivo intente llegar a formar parte de la asamblea con propuestas radicalmente diferentes (como promover políticas de desigualdad, restringir derechos y libertades, o impulsar una oligarquía piramidal). Hay que tomar en cuenta que en esta primera fase los aspirantes sólo tienen que obtener el apoyo necesario para poder competir en las elecciones y por ello sus plataformas son muy generales; sin embargo, vale la pena comenzar a poner sobre la mesa temas que pronto deberán ser considerados y discutidos de manera más específica.

Quisiera referirme aquí a un tema en especial: ¿El objetivo de la nueva constitución es refundar la Ciudad de México o implantar el Estado Ciudad de México? Me parece fundamental tener claridad en la diferencia entre crear el estado 32 de la República y repensar políticamente a la Ciudad de México sin replicar la estructura Estado/Municipios que impera en el resto del país. Es cierto que la nueva constitución es una legislación sujeta al marco jurídico establecido por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes federales secundarias que de ella emanan, pero nada obliga a que la CDMX tenga que ser un estado más de la República. Refundar la CDMX requiere considerar las grandes oportunidades que representa y los límites que enfrenta.

Se puede argumentar que la CDMX es la ciudad “más progresista” del país y que su nueva constitución debe refrendar ese status, pero la ciudad también es una megalópolis sobrepoblada con graves desafíos en términos de polución ambiental, movilidad y crimen y corrupción. ¿Cuál será la mejor manera de enfrentar todos estos problemas dando voz y voto a los ciudadanos tanto en planeación como en ejecución y salvaguardando los derechos de todos quienes habitan la ciudad (sin discriminación alguna)? ¿Será necesario descentralizar la toma de decisiones a nivel delegacional, transformando a las hoy Delegaciones en Municipios? ¿O acaso será mejor mantener cierto nivel de concentración de poder en la jefatura de gobierno obligando a la creación de espacios de participación de y consulta a la ciudadanía que permita mejor planeación, transparencia y fiscalización de recursos (manteniendo en manos de las delegaciones la planeación y ejecución de políticas urbanas de impacto más local)?

La primer opción parece ser la mejor para establecer espacios de participación ciudadana localizados y efectivos; pero también puede ser la mejor manera de volver la planeación urbana aún más ineficiente y de permitir que los partidos político conviertan a las Delegaciones en pequeños feudos (cosa que ya sucede de alguna manera el día de hoy). La segunda opción pareciera otorgar mucho poder a la jefatura de gobierno, pero esto sólo sucedería así si la asamblea constituyente fallase en a) otorgar a la asamblea legislativa de CDMX suficiente poder como contrapeso, b) conferir a los ciudadanos la capacidad (eficaz) de hacer uso de los tribunales para iniciar procedimientos en contra de funcionarios públicos por causa de corrupción, conflicto de interés y/o daños y c) establecer obligaciones de transparencia y rendición de cuentas del gobierno acompañadas por la creación de espacios de participación y consulta ciudadana. Evidentemente esta “concentración” de poder puede ser peligrosa si estos contrapesos no son puntualmente establecidos en la nueva constitución de la ciudad.

Es por esto que creo la primera respuesta que hay que obtener de aquellos que quieren ser miembros de la asamblea constituyente es si están a favor de crear el estado 32 o de refundar la ciudad. Mucho depende de ello.

– Amando Basurto Salazar

Doctor en Política por la New School for Social Research, N.Y. y Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México @amandobasurto

#TuConstituyente

Desde Nomos Político estamos dando un seguimiento y cuestionándonos por el proceso venidero para la construcción de la Asamblea Constituyente que dará a la Ciudad de México una nueva constitución. Como parte del proceso hemos decidido difundir las otras y novedosas opciones que ciudadano y ciudadanas independientes quieren llegar a plantear participando en esta Asamblea. Publicamos ya sobre la plataforma #CiudadFeminista y hoy queremos dar espacio a #TuConstituyente

#TuConstituyente Es una red de organizaciones de la sociedad civil, ciudadanas y ciudadanos que desde hace años han dado la lucha para ampliar derechos cívicos a partir de la defensa de derechos humanos, de la democracia, la libertad de expresión la igualdad y justicia social así como del respeto a los bienes y espacios comunes.

Este grupo de ciudadanos y ciudadanas se identifica independiente de los partidos políticos, del crimen organizado y de los poderes fácticos.

Para #TuConstituyente, no se trata solo de poder continuar con la lucha, también el querer participar es el reflejo del cansancio generalizado que existe  por ver cómo esas luchas se han sometido a intereses y poderes para beneficio de unos cuantos. Para ellos es fundamental entonces promover la participación y la construcción colectiva, creen en la suma de esfuerzos ciudadanos, en la colaboración horizontal, y el control político de abajo hacia arriba para la rendición de cuentas, la legalidad y el Estado de derecho.

Desde esta postura #TuConstituyente quiere llegar a la Asamblea Constituyente para evitar que lo que consideran un proceso de imposición, como la propia reforma política de nuestra ciudad, termine con una imposición de una nueva constitución construida a dedazo por los tradicionales poderes políticos y excluyendo a la ciudadanía.

Para ello presentan cinco candidaturas independientes en voz de:

Puedes consultar las semblanzas aquí

La agenda que quieren impulsar es la siguiente:

  1. Ampliar y garantizar derechos y libertades: Una Ciudad con una Constitución que potencie los derechos reconocidos en la constitución federal para que en el centro de todo acto del gobierno estén los derechos humanos y el acceso a la justicia.
  2. Democracia real y participativa: Una Ciudad con una Constitución que potencie una mayor participación ciudadana que vigile permanentemente las políticas públicas, sus nombramientos y concesiones privadas; que le dé rumbo, visión de largo plazo y establezca nuevas y mejores reglas para la convivencia en la Ciudad. Que privilegie la democracia horizontal y deliberativa entre toda la población.
  3. Una ciudad diversa e igualitaria: Una Ciudad con una Constitución en la que quepan muchos mundos; que no discrimine; que respete y garantice los derechos de los pueblos originarios, las diversas identidades, la igualdad de género y los derechos sexuales y reproductivos; que permita el libre desarrollo de la personalidad, y sea garante de una educación de calidad y una política cultural incluyente.
  4. Contra la corrupción y la impunidad: Una Ciudad con una Constitución que cree nuevas herramientas para controlar a nuestros gobernantes, los obligue a rendir cuentas y castigue a los corruptos. Ante las elecciones próximas, abogamos por la creación de fiscalías independientes para investigar la corrupción. Que establezca la revocación de mandato, mecanismos de transparencia, cabildos con contrapesos, y gobierno abierto para combatir la corrupción e impunidad.
  5. Derecho a la ciudad: Una ciudad con una Constitución que garantice una urbe planeada y construida para que todas y todos puedan gozarla. Una ciudad que garantice el acceso equitativo a los servicios, la movilidad, la sostenibilidad de sus recursos naturales, la vivienda digna, sin corrupción inmobiliaria ni privatización de los bienes comunes. Una Ciudad que permita aprovechar las ventajas económicas y sociales que esta gran colectividad puede brindar a todos.

Es importante recordarles que este para las candidaturas independientes está dividido en dos partes: por un lado vencer la inequidad que el sistema electoral impone a las candidaturas independientes es decir contar con 74 mil firmas, antes del 31 de marzo, que avalen las candidaturas; y por otro el 5 de junio salir a votar por ellos.

Si quieres ayudar a #TuConstituyente a conseguir las firmas puedes hacer lo siguiente:

  • Firmar por vía electrónica en http://firmas.tuconstituyente.org/#/
  • O bien bajar el formato de firmas en http://www.tuconstituyente.org/formaton/ y llevarlo después a los puntos de recolección de firmas, estos cambian cada semana y fin de semana para estos días que vienen (17 al 20 de marzo) puedes asistir a Gante y Madero en el centro Histórico de 11 am a 19 pm (17 al 20 de marzo), o en Ciudad Universitaria saliendo de Metro Cu en la escultura de los Bigotes (17 al 19 de marzo) de 10am a 14 pm.

También puedes contactarles en: contacto@tuconstituyente.org

www.tuconstituyente.org y  en @TuConstituyente

Es una oportunidad única la que tenemos y creo que el cansancio que las plataformas ciudadanas demuestran, es el mismo que muchas personas vivimos cotidianamente, insisto en que tan solo permitir que lleguen a las elecciones se antoja ya interesante, después si te convencen vota por cualquier fórmula independiente que te llame la atención.

 

#Ciudad Feminista

Como se ha comentado en pasadas publicaciones, el próximo 5 de junio en la CDMX tendremos elecciones para elegir a 60 de los 100 integrantes de la Asamblea Constituyente. Entre las personas a elegir puede existir la posibilidad de que sean candidatas y candidatos ciudadanos que previamente han de conseguir 74 mil firmas de habitantes de la Ciudad para poder registrar sus candidaturas ante el Instituto Nacional Electoral.

Una de estas fórmulas ciudadanas que quiere participar en la Asamblea es Ciudad Feminista.

Ciudad Feminista surge de la articulación de 21 organizaciones de la sociedad civil que desde hace varios años han sido defensoras, promotoras, vigilantes y constructoras de la política pública sobre igualdad de género en la Ciudad de México.

Las organizaciones que la integran son: Balance, Bufete de Estudios Interdisciplinarios, Católicas por el Derecho a Decidir, Clóset de Sor Juana, Colectiva Ciudad y Género, Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos Humanos de las Mujeres (CLADEM-México), Consorcio para el Diálogo Parlamentario y la Equidad, Elige, Red de Jóvenes por los Derechos Sexuales y Reproductivos, Equidad de Género, Ciudadanía, Trabajo y Familia, AC., Fundación Arcoíris, Incide Social, La Cabaretiza, MIDI: Mujer, Ideas, Desarrollo e Investigación, MIRA, Mujeres para el Diálogo, Red de Mujeres Sindicalistas, Spatium Libertas, Teatro Cabaret Reinas Chulas, Territorios de Cultura, Vereda Themis, Defensa Jurídica y Educación para Mujeres, Y las mujeres qué.

Desde su perspectiva el debate para la construcción de la constituyente debe ser bajo principios de igualdad y no discriminación, garantizando que las diferencias no generen desigualdades. Y que la inclusión sea parte inherente de ciudadanía que nos rija.

La candidatura de Ciudad Feminista está integrada por Elsa de Guadalupe Conde Rodríguez (Propietaria) y Orfe Castillo (Suplente), ambas con una larga trayectoria y experiencia en las causas de las mujeres desde organizaciones de la sociedad civil y desde diversos espacios e instituciones públicas.

A decir de Ciudad Feminista su objetivo primordial es “construir una ciudad donde se consolide un nuevo contrato social y político que responda a las necesidades de una sociedad plural, democrática, laica e incluyente, dónde ningún derecho es regresivo y donde las actividades productivas y reproductivas tienen el mismo reconocimiento social. Un nuevo contrato social que permita transformar y equilibrar las relaciones de poder entre mujeres y hombres.”

Para los colectivos independientes no está siendo fácil competir en condiciones de equidad con los partidos políticos y es necesario que como ciudadanas y ciudadanos les apoyemos para que logren registrar sus candidaturas y más adelante teniendo la posibilidad de conocer sus plataformas e ideas concretas decidir votarle o preferir la opción tradicional partidista.

Para apoyar con tu firma a esta fórmula puedes:

1.- Descarga el formato para respaldarla aquí.

2.- Imprimirlo

3.- Escribir tus apellidos y nombre(s) tal y como están en tu credencial para votar, luego copiar los 18 dígitos de tu clave de elector y finalmente firmar.
IMPORTANTE NO se requiere fotocopia de la credencial.

4.- Agrega los datos de otras personas que quieran apoyar

5.- Entregar el o los formatos en Francisco Javier Mina 46 en la Colonia del Carmen, Coyoacán; y en 5 de Mayo #7, despacho 211 en el Centro histórico.

Si te interesa contactar a las candidatas puedes buscarlas en twitter @CDFeminista @ElsaCondeR @orfecastillo así como en correo ciudadfeminista@gmail.com y en su página http://www.ciudadfeminista.org

Es momento que como ciudadanos y ciudadanas estemos atentos de qué otras opciones podemos tener para construir una mejor Ciudad de México. Podemos generar un momento interesante e histórico cambiando  las formas tradicionales en las que se ha hecho política y toma de decisiones en la Ciudad, y puede ser que incluso tu opción no se decante por algún candidato o candidata independiente, pero creo que nos toca a todos y todas darles la oportunidad de estar en el ruedo y poder competir por un lugar ciudadano, eso sería muy interesante.

 

 

 

Constituir el Constituyente

Ante la oportunidad que tenemos las y los capitalinos el próximo 5 de junio de elegir a quiénes serán responsables de redactar una nueva constitución para la “naciente” Ciudad de México nos enfrentamos ante una doble oportunidad: permitir que no sean las mismas y tradicionales fuerzas y partidos políticos los únicos que lo hagan.

En el repensar y cuestionar ¿qué ciudad queremos y hacia dónde ir? Hay varias ciudadanas y ciudadanos que han levantado la mano exigiendo la posibilidad de participar.

En octubre pasado la vigente Asamblea legislativa del Distrito Federal aprobó una ley para hacer de la ciudad de México una Ciudad Abierta. Las implicaciones de ello hablan de la posibilidad de exigir al gobierno y los poderes de la Ciudad, que se erijan bajo los principios de gobierno abierto, esto es que rindan cuentas, que se guíen bajo principios de transparencia y acceso a la información y que habiliten verdaderos espacios de participación ciudadana.

Es en este último principio, el de participación ciudadana, en dónde estos grupos de ciudadanos demandan la posibilidad de ser actores principales en la construcción de la nueva constitución y por tanto tener la posibilidad de expresar reales necesidades ciudadanos y de grupos específicos.

La tarea se antoja titánica, competir contra el aparato de los partidos políticos, sin recursos y sin posibilidades de financiamiento y difusión, además de las inequidades para acceder al poder. Pese a ello se ha exigido ante el Instituto Nacional Electoral se habilite la posibilidad de que esto pueda suceder. Para ello estos grupos deben juntar 74 mil firmas de habitantes de la Ciudad de México para con ello conseguir solo la posibilidad de poder participar como candidatos y candidatas independientes en el proceso electoral del 5 de junio, después toca votar por ellos.

La idea incomoda a los partidos quienes argumentan que ellos son los que tienen el mandato de representatividad y que la incursión de ciudadanos en el proceso puede alterar los interés ¿partidistas? Dónde queda el principio de gobierno abierto que ellos mismos han promovido cuándo de verdad se necesita ¿por qué poner tantas trabas a la voz ciudadana? ¿Por qué pensar que sólo los legisladores tienen la razón y sobre todo el conocimiento sobre lo que la ciudadanía verdaderamente quiere y necesita?

La oportunidad se antoja irrepetible y atípica, como habitantes de la Ciudad de México tener la ocasión de que por primera vez otras voces defiendan lo que los partidos tradicionales no han sabido defender ni garantizar, la oportunidad de hacer llegar a estos candidatos y candidatas a un espacio para que procuren una Constitución de avanzada, soberana, fundamentada en principios de igualdad, equidad y respeto a los derechos humanos.

Es fundamental que en este proceso exista una participación de todas y todos y recuperara voces de todos los sectores, identidades y grupos de población en una deliberación pública y sin exclusiones.

Y ¿cómo o qué hacer? Existen dos fórmulas ciudadana que tanto en redes sociales como en actividades públicas están haciendo un esfuerzo por darse a conocer y conseguir las firmas necesaria que han de presentar ante el instituto Nacional Electoral a finales de marzo.

Las fórmulas son #Tuconstituyente con cinco candidatos y candidatas y #CiudadFeminista con dos candidatos.

En el transcurso de los próximos días daremos a conocer a detalle quienes son estas personas, sus propuestas y las formas en las que pueden apoyarles o contactarles para dejar sus ideas plasmadas ante alguien que las puede llevar a buen término. Al final puede ser más sencillo que contactar a un legislador.

 

 

Del DF a la Ciudad de México II

Oportunidades en la transformación.

El próximo 5 de junio elegiremos en el aún Distrito Federal a 60 de los 100 diputados de la Asamblea Constituyente que serán los encargados de elaborar el marco jurídico que regirá a la nueva Ciudad de México; con esto se dará un paso muy importante en el proceso de transformación que vivimos en la capital del país, pero no es el único, el último o el más importante. En las próximas semanas es muy probable que el tema de la elección de diputados constituyentes gane espacios al taquillero Donald Trump y su antimexicanismo por demás altisonante, propagandístico e irresponsable. A esto podría seguir una superficial discusión en los medios de comunicación sobre algunos aspectos de la Constitución para la Ciudad de México, pero difícilmente veamos en diversos foros –mediáticos o no- una gran cantidad de discusiones sobre temas que en Nomos Político nos parecen de suma importancia, tales como rendición de cuentas, transparencia, participación ciudadana, gobierno abierto, parlamento abierto, equidad y otros. Conceptos que deberían ser indispensables no sólo en la creación de un marco jurídico para una ciudad (del siglo XXI), sino en la transformación de la ciudad misma.

En la pasada entrega de este artículo –Del DF a la Ciudad de México, Nubarrones en el escenario– se mencionaron algunas situaciones poco o nada deseables que podrían presentarse en el ejercicio mencionado; en esta ocasión se hará referencia a, lo que a mi parecer, es la oportunidad más importante que ofrece esta coyuntura: repensar y transformar la ciudad misma. Hace muchos años que la Ciudad ha dado muestras desde diversas perspectivas y en múltiples temas de la necesidad de un cambio profundo, continuo y en un mismo sentido, que combata exitosamente la problemática que ella enfrenta. Así como debe existir un proyecto de nación, debe haber una idea de Ciudad que guíe el desarrollo, el crecimiento, las políticas públicas, al gobierno y a la sociedad en su conjunto. Esto evita tanto políticas o programas improvisados que obedecen a intereses de grupo o particulares, como paliativos que no sólo resultan insuficientes e inadecuados, sino en muchas ocasiones contraproducentes.

Entiendo que la idea de repensar la Ciudad (de México) se perciba como una tarea titánica o francamente imposible dada la descomposición de ella misma, de su estructura, de su infraestructura, de sus actores –al menos de buena parte de ellos- dada la dimensión espacial, la heterogeneidad y vicios de sus habitantes, del oportunismo de buena parte de su clase política, así como de otras razones y factores que el lector pueda identificar cotidianamente. Sin embargo, así como hay mucho qué resolver, hay muchos elementos, herramientas con qué hacerlo; y lo más importante, es que es posible hacerlo. Ejemplo de ello son las ciudades españolas de Bilbao y Valencia; aquélla en un proceso de transformación desde hace casi 25 años, ésta apenas iniciándolo. Dada la juventud del caso valenciano, mencionaré brevemente el caso bilbaíno, esperando nos sirva como referente e inspiración.

Desde principios de la década de los 90, Bilbao inició un proceso de rescate, revitalización y de hecho transformación de la ciudad misma, luego de encontrarse en una profunda crisis, abandono y deterioro, resultado a su vez de la crisis industrial de los años ochenta y del propio modelo de desarrollo; en consecuencia, la ciudad portuaria e industrial se abandonó y deterioró vertiginosamente en aquella década. En respuesta a aquella situación se creó el proyecto Ría 2000 –como se denominó a la compañía sin fines de lucro encargada de los proyectos de transformación urbana de Bilbao- ha sido el responsable de repensar la Ciudad y reconvertirla en su conjunto, logrando ser un muy atractivo destino de turismo cultural, así como un importante centro productivo en lo referente a la industria extractiva y manufacturera, pero lo más importante es que ha mejorado las condiciones de vida de sus habitantes y las perspectivas de desarrollo de los bilbaínos. Aunque Bilbao es conocido y reconocido principalmente por el Museo Guggenheim del arquitecto Frank Gehry, Ría 2000 es mucho más que eso –a pesar de las acusaciones y críticas ene se sentido- es un proyecto que sigue transformando a la ciudad en su conjunto con dos ideas guía: la habitabilidad y la sustentabilidad.

La oportunidad que se nos presenta a los capitalinos es precisamente la de repensar la ciudad, no sólo crear una Constitución, replantear los poderes, redefinir el presupuesto o reorganizar la administración local, sino darle un nuevo rumbo a la Ciudad de México, guiar su desarrollo, su crecimiento, sus políticas, etcétera, hacia una idea de ciudad que sea para y por sus habitantes. No me refiero a elevar el Plan de Desarrollo Urbano a nivel constitucional –son dos cosas distintas, evidentemente- sino a establecer guías para la Ciudad a nivel constitucional o a crear un pacto resultante de una visión de ciudad compartida. Es decir, si se plasman en la Constitución o se comparten a nivel ciudad ideas o principios como habitabilidad –que contiene criterios muy claros como contaminación ambiental, auditiva y visual, imagen urbana, iluminación, áreas verdes y otras- o gobierno abierto –en términos de proceso para la elaboración de políticas publicas, por ejemplo- entonces los programas y/o políticas de las nuevas alcaldías o del gobierno central, se verían acotados o bien, limitados por aquéllos, toda vez que deberán justificarse a partir de su aporte a la habitabilidad o de su proceso de elaboración.

Más allá de la transformación de la administración pública, cosa no menor, la posibilidad de transformar la Ciudad en sí, es algo mucho más trascendental y necesario. El ejercicio puede ser paralelo a la Asamblea Constituyente o estar inmerso en ella, pero considero central que esta discusión gane espacios: ¿Qué modelo de ciudad necesitamos y queremos? ¿Qué valores y principios queremos que guíen a la Ciudad? ¿Qué ideas queremos que nos gobiernen? ¿Hacia dónde queremos llevar a la Ciudad y a nosotros con ella? Estas y muchas otras preguntas deben ser respondidas, pero algo es indiscutible, debemos tener claro que la Ciudad es de todos y la hacemos todos, por lo que nuestra participación en este proceso y en el devenir de la Ciudad de México es una obligación moral, social y política.

Del DF a la Ciudad de México

Nubarrones en el escenario.

La Reforma política para el Distrito Federal aprobada el pasado 15 de diciembre de 2015 presenta una importante y necesaria oportunidad para repensar la Ciudad, para transformarla estructuralmente en un proyecto dinámico a largo plazo, resultante de una idea de Ciudad más o menos clara y lo más consensuada posible. El momento para tratar de incidir en este ejercicio es idóneo, toda vez que están por definirse los miembros de la Asamblea Constituyente para la elaboración del marco jurídico de la Ciudad de México; nuestra Constitución. Éste, es el primero de una serie de artículos en Nomos político, en los que se expondrán algunas críticas al proceso que estamos viviendo, pero también propuestas, ideas o cuestionamientos, que creemos vale la pena compartir. El primer paso es conocer el escenario.

¿Qué cambios supone la transformación de DF a Ciudad de México? Además del cambio de nombre, de convertirse en una entidad federativa y de tener nuestra propia Constitución –la cual deberá ser aprobada a más tardar el 31 de enero de 2017- la Asamblea legislativa se transformará en Congreso local, las delegaciones se transformarán en alcaldías y se gobernarán por el alcalde y concejales; se concretará la autonomía en lo referente al nombramiento del Jefe de Policía y del Procurador de Justicia; con esto la Ciudad de México ya no se gobernará por órganos de gobierno, sino por tres poderes como el resto de las entidades federativas. Otro aspecto importante será la autonomía presupuestaria y la capacidad que tendrá de establecer el techo del endeudamiento.

Este cambio en la administración ya presenta posibilidades, pero también algunos peligros de los cuales debemos estar atentos; peligros no per se, sino provenientes tanto del sistema de partidos, como del oportunismo político. Por un lado, es altamente probable que ya exista una Constitución acordada entre los partidos políticos o al menos entre algunos de ellos a fin de proteger sus intereses, y ya que serán éstos los que dominen la Asamblea Constituyente, la ciudadanía debe estar muy pendiente de su proceso de construcción. Por otro lado, los partidos políticos dominarán la Asamblea, y es que la democratización en México es en el mejor de los casos alternancia en el poder o bien, una simple partidocracia, en la que el sistema trabaja para resolver los problemas de ella o incrementar sus ganancias. La estructura de la Asamblea Constituyente parece una expresión más de ello, pues de los 100 diputados constituyentes, 60 serán electos por representación proporcional el día 5 de junio, 28 serán electos dentro del Poder Legislativo (14 Senadores y 14 Diputados) y 12 designados por el Ejecutivo federal y local (6 por el Presidente y 6 por el Jefe de Gobierno). Ahora bien, existe la posibilidad de los candidatos independientes –como representantes de la Sociedad Civil- pero para que éstos puedan ser electos deben estar en las listas de candidatos de alguno de los partidos políticos, es decir, la independencia es limitada y muy probablemente el peso que puedan tener en la construcción de la Constitución de la Ciudad de México, también. En la lógica parlamentaria, los grupos pesan más que los individuos.

Vinculado al punto anterior, es que existe el peligro de que la sociedad civil no sólo quede limitada en la construcción de la Constitución, sino de que se limite una vez más su capacidad de acción y de incidir en la elaboración de políticas públicas. La composición de la Asamblea Constituyente ya demuestra el dominio de la clase política sobre la sociedad civil, pero no sólo eso, los partidos dominantes en el sistema político han demostrado poco interés en el fortalecimiento de ella, en la participación ciudadana. El vínculo que han establecido el PAN, el PRI, el PRD y Morena con la sociedad civil, ha sido clientelar, no buscando su fortalecimiento, su desarrollo como actor político, ni su integración en todo el proceso de las políticas públicas. Los gobiernos perredistas desde Cuauhtémoc Cárdenas hasta Miguel Ángel Mancera –y particularmente- de Andrés Manuel López Obrador, han cooptado, debilitado o desarticulado movimientos sociales y organizaciones ciudadanas, bajo la premisa de que ya no son necesarios dada la naturaleza de izquierda del gobierno capitalino. Esto ni es verdad, ni tiene por qué ser así; la participación ciudadana no sólo es más importante que la administración de izquierda (o derecha o centro o…) sino que es indispensable. La Constitución de la Ciudad de México debe garantizar y ampliar mecanismos para la participación ciudadana. Lo que requiere, debemos tenerlo claro, un gran compromiso de nuestra parte.

Por último, en esta breve reflexión, quisiera advertir sobre el peligro de la fragmentación de la Ciudad en 16 alcaldías desarticuladas. Si bien es cierto que la Ciudad de México no será un estado como tal y que las delegaciones no serán municipios sino un híbrido entre éstos y aquéllas, quedando algunas tareas –como la seguridad- a cargo del gobierno central, también lo es que la definición misma de los alcances y límites de las alcaldías, así como de su contrapeso –los concejales, 10 ó 15 por cada alcaldía- está por establecerse en la Asamblea Constituyente. Lo que se debe cuidar, es la total desvinculación de las alcaldías de un proyecto de Ciudad, abriendo la posibilidad de que los alcaldes sean sensibles a presiones locales, tanto de empresarios como de distintos grupos u organizaciones; sin mencionar la falta de articulación en el desarrollo urbano o el ordenamiento territorial. Al respecto ahondaré en la segunda entrega de esta serie, cuando hable sobre las posibilidades que presenta este camino hacia la Ciudad de México.