El preguntón incómodo

Iniciamos la semana con una manifestación novedosa en nuestro país: la publicación de una carta abierta de Alfonso Cuarón hacia Enrique Peña Nieto. La novedad no reside en que alguien publique una carta abierta dirigida al presidente, sino en que 1) lo hace una figura mediática que tiene una posición privilegiada por los reconocimientos internacionales que ha recibido recientemente y 2) la carta misma es una respuesta a un comentario que hace el presidente en una entrevista.

Por ello no parece correcto reducir la “carta abierta” de Cuarón al enlistado de las diez preguntas que contiene. Aunque precisamente éste ha sido el tratamiento más recurrente en los medios. Es cierto, las preguntas no sólo son importantes, sino claras y concisas. Sin mencionar partidos políticos y sin mostrar preferencia partidista, las preguntas de Cuarón desenmascaran parte de los problemas al rededor de la reforma energética como, por ejemplo, la falta de herramientas regulatorias (y su muy posible ineficacia por los niveles de opacidad del gobierno mexicano y corruptibilidad de los que en él laboran), el tamaño del boquete fiscal que abre la privatización del sector, y los peligros que representa la debilidad institucional de nuestro país frente al poder de negociación y presión de las grandes corporaciones energéticas.

Pero antes de enlistar las preguntas, Cuarón le reclama al presidente Peña –con razón y muy diplomáticamente– que le haya tildado de mal-informado. Y esto es lo que llama más la atención. No por el reclamo mismo sino por los comentarios de Enrique Peña que lo desatan. En la entrevista que le hace León Krauze, Peña no sólo tilda de a Cuarón de desinformado sino que lo hace ver como presa fácil (ideológicamente) de la ilusa o malintencionada propaganda de “grupos de oposición”. Cuarón revira escribiendo que la fuente de desinformación es, en realidad, el proceso legislativo “pobre” que “careció de una discusión profunda”. Y sin mencionar la propaganda de estado en la que se presentaba a un “trabajador de PEMEX” diciendo que el precio de la luz va a bajar y que va a haber mucho empleo nuevo, Cuarón inicia preguntando exactamente eso: “¿Cuál es el cronograma de esos beneficios?”

La pregunta que habría que hacerse, y que no está incluida en la carta abierta, es: ¿por qué contestó así Peña Nieto en la entrevista? Es cierto, por la forma en la que la hace Krauze, la pregunta es un ‘busca-pies’ y el presidente cae en la trampa al contestar con lo primero que le viene a la mente. Pero, ¿por qué lo primero que se le ocurre a Peña es descalificar el comentario de Cuarón como resultado de la manipulativa propaganda de “grupos de oposición”? ¿Por que no contestar con un simple: “La de Cuarón es una opinión que respeto tal y como respeto la de todos los demás ciudadanos; todavía falta que el Congreso apruebe las leyes secundarias y en ellas podrán observar todos como el temor de haber ‘vendido a México’ es infundado”? (leyes secundarias que, por cierto, se presentan hoy mismo)

Es evidente que la elección de la respuesta es resultado de la manera en como se hace y se ha hecho política en México en las últimas décadas. Si alguien tiene una opinión distinta o crítica con respecto a las decisiones que toma el gobierno entonces es, casi automáticamente, un “mal-informado” por “grupos de oposición”. La respuesta demuestra lo desinformado que está el presidente con respecto a la realidad política mexicana; si alguna vez muchos gritaron “todos somos Marcos” nadie grita “todos somos perredistas o morenistas” ni mucho menos “todos somos AMLO”. El presidente Peña probablemente cree que los que tienen dudas o están en contra de la reforma energética tal y como fue aprobada están bajo el influjo de propaganda opositora y no piensan lo que están diciendo (como él al contestar la pregunta de Krauze).

Ahora a ver si hay la respuesta del ejecutivo federal. Si se da, muy probablemente será colegiada (con la participación de los Secretarios de Energía y Hacienda) para no permitirle al presidente contestar simplemente: “tones para los preguntones”, como se dice coloquialmente en México.

Anuncios