Emancipación y su perversión III

(Deconstructing sexy concepts- Tercera parte)

Por Miguel Ángel Valenzuela Shelley

El Movimiento por los derechos civiles tuvo diversos logros expresados en leyes concretas, que hicieron realidad –o han intentado hacerlo- principios, ideales o reformas que desde el siglo XIX se habían promulgado; algunos de los logros líquidos, huecos de la Emancipación y sus consecuencias. Esto -así como lo cuestionable de algunas de las reformas o políticas resultantes- demuestran que el objetivo social de la Emancipación, así como las concesiones al Movimiento por los derechos civiles o probables Reformas migratorias, se fundamentan más en intereses políticos de la élite del poder, que en intereses legítimos en busca de equidad, igualdad y el combate a la discriminación; tampoco obedecen a un repentino ataque de humanismo y decencia. El Acta de los derechos civiles (1964) prohíbe la discriminación con base en raza, color, religión u origen nacional en el empleo y los servicios públicos; el espíritu de la XIV Enmienda de 1668 y que debilitó la propia Suprema Corte de los Estados Unidos. El Acta del derecho al voto (1965), prohíbe prácticas discriminatorias en los procesos electorales; lo que pretendía la XV Enmienda de 1870[1]. El Acta de Inmigración y Nacionalidad (1965), abolió la Fórmula de Orígenes Nacionales que fue el sistema de inmigración entre 1921 y 1965; el objetivo de la Fórmula era mantener la composición étnica de los Estados Unidos, estableciendo límites a la inmigración mediante cuotas según la nacionalidad. Por último, el Acta de Vivienda Justa (1968), defendía a cualquier interesado en adquirir o rentar una casa de prácticas discriminatorias por raza, religión u origen étnico. A partir de dicha Acta, los negros podían tener acceso o solicitar créditos a fin de adquirir una vivienda[2].

Sin duda estas Actas generaron profundos cambios en las condiciones de vida de la población negra en los Estados Unidos, pero habría que preguntarnos si luego de 148 años de la Emancipación y 45 años del Movimiento por los derechos civiles, los diferentes grupos étnicos están unidos “como una misma nación” (“as a single nation”). La respuesta es no, y es que nunca fue un objetivos de las políticas llevadas a acabo integrar, conciliar, articular a los diferentes grupos étnicos. Ha sido necesario incluirlos –como la reciente Reforma migratoria y el peso político electoral de los latinos- pero siempre ha habido (y habrá) límites, candados y/o excepciones jurídicas o políticas para la integración, equidad e igualdad en la sociedad estadounidense.

Estados Unidos articula buena parte de su poder suave (o prestigio, en palabras de Reinhold Niebhur) en la exportación de conceptos, ideas, ideales o valores típicos de la excepcional cultura política estadounidense; lo que inició en el siglo XIX, pero se consolidó entre la primera y la segunda posguerras creando más que un nuevo orden internacional, un nuevo Nomos de la tierra[3]. Con ello, conceptos como democracia, liberalismo, libre mercado, igualdad, progreso, desarrollo y –en los últimos años- tolerancia, se han convertido en ejes y andamiaje del proyecto expansionista norteamericano. Sin embargo, ellos crean un simulacro liberal, que nubla la vista e impide la gestación de una sociedad verdaderamente liberal, justa, equitativa, igualitaria, etc.

Actualmente Tolerancia es un pilar de la democracia y de las sociedades armónicas, conciliadas, conciliatorias. Pero ¿es el concepto adecuado? Slavoj Zizek invita retóricamente, ¿el movimiento feminista pide que las mujeres sean toleradas por los hombres?, y afirma, si ustedes buscan en discursos de Martin Luther King el concepto de tolerancia, no encontrarán ni una referencia a él; para él (Martin Luther King) sería obsceno mencionarlo en el contexto de los derechos civiles. Tolerar significa ubicarse por encima del Otro en algún sentido, pero se le tolera por ser progresista, democrático, en consecuencia no es el concepto correcto. Derecho, respeto, equidad, son conceptos mucho más atinados, y que sí contienen una fuerte carga democrática, progresista, de justicia, pues se concibe al Otro como igual y se respeta su derecho a disentir. Pero si el color de la piel significa algo más que pigmento, nacionalidad algo más que un referente cultural, el género algo más que distinciones psicobiológicas, ¿cómo puede construirse una sociedad democrática, equitativa, justa?


[1] Me parece prudente mencionar que uno de los conflictos post electorales del año 2000 en los Estados Unidos, específicamente en Florida, obedeció a que fueron eliminados del padrón de electores más de 20,000 negros (o afroamericanos), debido a que su nombre era similar al de alguna persona que hubiese cometido un crimen. Un ex convicto pierde el derecho al voto en el estado de Florida.

[2] A partir de 1974 el Acta también protege a las mujeres, y desde 1988 a personas con discapacidad.

[3] En su Nomos der Erde (1950) Carl Schmitt hace una aguda revisión histórica del derecho público europeo como base del nomos de la Tierra —también podríamos decir: del orden jurídico-político internacional— y hace un análisis del nuevo nomos creado por Estados Unidos de forma paulatina a partir de la Doctrina Monroe y hasta los juicios de Nüremberg, pasando por la primera posguerra y los fallidos intentos del Protocolo de Ginebra y la Sociedad de Naciones. El nomos es la palabra griega que indica la primera medida de todas las medidas subsecuentes, así como la primera partición, clasificación y apropiación del espacio, la primera división y distribución. Partiendo de esto, Schmitt profundiza en la explicación, articulación y conceptualización de su nomos, al rastrear su concepción como ley, ordenador y proceso distributivo y organizador del espacio. De tal forma, puede decirse que el nomos es el marco normativo e ideológico que delimita las relaciones entre Estados.

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Emancipación y su perversión.

(Deconstructing sexy concepts- Segunda parte)

Por Miguel Ángel Valenzuela Shelley

A mediados del siglo XX la discriminación racial y las condiciones de vida de la población negra, así como sus derechos, volvieron a ser tema de la Agenda política nacional, pero más por su lucha propia, que por necesidades de la élite; podría decirse que en consecuencia los resultados fueron más concretos. El Movimiento de derechos civiles, que comprende los años de 1950 a 1968, tuvo dos expresiones o estrategias principales: la resistencia civil pacífica y el enfrentamiento directo. La primera tal vez fue la que más impacto y más logros tuvo. Pero no podría dejar de mencionar al Reverendo Martin Luther King, el Secretario de la Asociación Nacional por el Avance de la Gente de Color (NAACP, por sus siglas en ingles) Medgar Evers, el ministro Malcolm X –posteriormente llamado El-Hajj Malik El Shabazz- o los líderes de las Panteras Negras, Huey P. Newton y Bobby Seale, que son algunos de los líderes y actores más representativos del Movimiento; asimismo los Presidentes John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson, personajes que ayudaron a concretar varias de las exigencias de la población negra.

Tres eventos que marcaron al Movimiento de los derechos civiles –y que fueron los tres tipos resistencia civil pacífica- son el boicot al sistema de autobuses de Montgomery, los sit-ins y las Marchas de Selma a Montgomery, así como la de Washington; misma que fue duramente criticada por Malcolm X[1] y en donde Martin Luther King dio su famoso discurso “I have a dream”[2]. El evento que comienza el Movimiento fue el boicot en Montgomery del 1º de diciembre de 1955, pero el acontecimiento que propagó el sentimiento por la lucha de los derechos civiles fue el asesinato de Emmet Till en el verano de ese mismo año[3].

De acuerdo al método de segregación del Sistema de Transporte de Autobuses de Montgomery (Alabama), los negros debían abandonar una fila de asientos –la más cercana a los blancos- si el autobús estaba lleno y un blanco subía al autobús. El primero de diciembre de 1955, Rosa Parks se rehusó a hacer lo que la ley indicaba, por lo que fue arrestada, enjuiciada y condenada. En respuesta a ello la comunidad negra organizó un boicot contra el Sistema de Autobuses, el cual consistía en no utilizar dicho transporte. Para ello, se organizaron mediante “car pools” y también recibieron ayuda de taxistas negros que cobraban 10 centavos por el transporte –lo que costaba el autobús-. Luego de 382 días de boicot, la comunidad negra logró que se eliminara el sistema de segregación.

El 1º de febrero de 1960 cuatro estudiantes de la Universidad Estatal de North Carolina -inspirados en las protestas de Alexandria (Virginia 1939), Chicago (Illinois 1942), Saint Louis (Missouri 1949) y Baltimore (Maryland 1952)- entraron a una cafetería en una tienda Woolworth en Greensboro (North Carolina) y decidieron sentarse en un área exclusiva para blancos; pidieron café y los dependientes se rehusaron a atenderlos, ante ello los estudiantes -Joseph Mcneil, Franklin McCain, Ezell Blair and David Richmond- se negaron a dejar sus lugares, quedando ahí en señal de protesta hasta que la tierra cerró. La protesta se repitió por varios días, sumándose simpatizantes día con día. Los sit-ins se volvieron una forma común de protesta, principalmente en cafeterías, restaurantes y otros centros comerciales; no siempre eran netamente pacíficas, en algunas ocasiones blancos apoyaban a los manifestantes negros. El 25 de julio de 1960 la cadena Woolworth abandonó su política de segregación racial.

Las Marchas de Selma a Montgomery realizadas entre el 7 y el 25 de marzo de 1965, buscaban defender el derecho al voto de la comunidad negra en Alabama –que era uno de los estados con menos votantes negros registrados- y con ello mejorar las condiciones de vida de ella; las protestas integraron en su pliego petitorio la integración escolar y laboral. Un acontecimiento por demás significativo en el Movimiento, fue la agresiva respuesta de la policía de Alabama a los manifestantes. Hasta antes de que aparecieran en las pantallas de televisión y en los periódicos la violenta represión policial, el Movimiento trascendía de manera limitada a la comunidad negra, pero luego de ello buena parte de la población vio con otros ojos la lucha por los derechos civiles de los negros. Ejemplo de ello –aunque evidentemente no con pocas razones de estrategia política y político-electoral- fue el Presidente Lyndon Baines Jonhnson (LBJ) quien impulsó el Acta para los derechos del voto (Voting Rights Act); uno de los grandes logros del Movimiento.


[1] Malcolm X señalaba que no entendía por qué los negros estaban tan entusiasmados por una marcha dirigida por blancos, frente a un monumento de un presidente al que ni siquiera le agradaban los negros.

[2] Aquí un breve y conocido fragmento: “I have a dream, that one day this nation will rise up and live out the true meaning of its creed: We hold these truths to be self-evident, that all men are created equal.” Evidentemente en esta última frase, el Dr. King hace referencia a la Declaración de Independencia de los Estados Unidos.

[3] Emmet Till era un joven de Chicago que visitaba familiares en Mississippi y fue asesinado por hombre blancos, por haberle silbado a una mujer blanca. Los asesinos fueron arrestados, pero declarados no culpables por el jurado. El resultado del juicio, la edad de Till, las razones del asesinato y la golpiza que le provocaron la muerte, generaron la indignación por el nivel de impunidad e injusticia que sufría la población negra.

Emancipación y su perversión.

(Deconstructing sexy concepts- Primera parte)

Por Miguel Ángel Valenzuela Shelley

Esta reflexión forma parte de un mismo cuerpo analítico tendiente a deconstruir –o al menos invitar a la reflexión y/o cuestionamiento de- algunos conceptos, ideas o ideales que construyen el nomos del siglo, es decir, son valores de la política nacional e internacional, incluso de la vida cotidiana. Sin embargo son conceptos que carecen de un claro significado, y el abuso en su utilización ha generado un serio vacío conceptual o shallow meaning, paradójicamente. Algunos de estos conceptos le parecerán muy familiares al lector y probablemente le sorprenda mi intención de criticarlos y deconstruirlos. Me refiero a democracia, libertad (freedom vis a vis liberty), caridad, o tolerancia; concepto hacia el cual dirigiré la reflexión luego de cuestionar la emancipación de los esclavos en los Estados Unidos. Hace más de cien años Charles Sanders Peirce subrayaba la necesidad de aclarar nuestras ideas con base en una evaluación pragmática de ellas –es decir, establecer el significado de acuerdo a su manifestación(es) práctica(s)- hoy me parece imperativo no sólo seguir a Peirce, sino definir qué no son o qué no contienen los conceptos que erigen este nomos; uno que (ya) no se define verticalmente desde la élite, sino a través del conjunto de la sociedad.

La cuestión sobre la emancipación de los esclavos en los Estados Unidos se mantuvo en estado latente hasta mediados del siglo XIX, cuando el asunto debía definirse en plena reconfiguración de la República. Mencionaré sólo algunos elementos que estaban definiendo el panorama en los Estados Unidos. Recordemos que era un momento de fuerte expansionismo[1], crecimiento y desarrollo, en otras palabras la República debía definir su estructura, y por ello se enfrentaban el Norte (Republicano) que dominaba la escena política federal y el Sur (Demócrata) que resistía desde los estados; dos visiones completamente distintas de cómo y hacia dónde construir la nación. En la economía encontramos ya aspectos fundamentales de un capitalismo a gran escala con las grandes fortunas familiares construidas a partir del desarrollo industrial (Carneggie, Ford, Rockefeller, McCormick, Vanderbilt, Morgan); industrias que necesitaban trabajadores y un Capitalismo que además requería consumidores. En lo social, el siglo XIX se caracterizó por una enorme migración hacia los Estados Unidos; migración proveniente de muchos y muy diversos países, culturas y religiones, mismos que no cohabitaban fácilmente y que además debían entenderse –de hecho enfrentarse- con los llamados nativos[2]. Contrariamente al mito de los brazos abiertos, cada grupo, cada individuo tuvo que luchar por su lugar en la sociedad estadounidense.

El país estaba claramente dividido: el Norte industrial abolicionista y Republicano, versus el Sur agrícola esclavista y Demócrata; una economía esclavista no tenía cabida en un proyecto Imperial capitalista ya en ciernes. Con la victoria del Senador por Illinois Abraham Lincoln en la carrera presidencial, la escisión era cuestión de tiempo dadas las tensiones entre las regiones, y en 1861 los estados de South Carolina, Georgia, Alabama, Mississippi, Louisiana, Texas y Florida, declararon la secesión de los Estados Unidos de América, creando los Estados Confederados de América, con Jefferson Davis como presidente. A ellos se unirían después del ataque a Fort Sumter (South Carolina) por parte del ejército Confederado, los estados de Arkansas, Virginia, Tennessee y North Carolina. Los estados de Missouri, Kentucky, Maryland y Delaware, permitían la esclavitud pero declinaron la secesión, por lo que fueron considerados estados frontera.

Cabe mencionar, como hace Howard Zinn en A people’s history on the United States, que antes de la Administración de Lincoln -es decir durante la presidencia de James Buchanan- hubo intentos por combatir la esclavitud a pequeña escala. Tal fue el caso de John Brown, un blanco abolicionista quien creía que podría lograrse la emancipación liberando algunas ciudades en el sur –una estrategia quirúrgica, podríamos decir- y poco a poco habría mucha presión política y social hacia y desde el propio sur, lo que desembocaría en la emancipación. No obstante, John Brown fue arrestado y ejecutado en 1859 por Robert Lee y el gobierno de Virginia; amén de la permisividad del gobierno federal.

En enero de 1863 el Presidente Lincoln[3] proclama la emancipación de la esclavitud, que a la postre sería la 13ª Enmienda, con dos objetivos primordiales: aislar al sur políticamente, lo que además casi imposibilitaría su compra de armamento; y legitimar al Norte, facilitando así las alianzas y ayuda militar necesarias. Los efectos no fueron inmediatos, por lo que la rendición de los Confederados se presentó el 2 de abril de 1865, por parte del General Robert E. Lee ante el General Ulysses S. Grant. Ahora comenzaría la ratificación de la 13ª Enmienda.

La abolición de la esclavitud se concretó el 6 de diciembre de 1965, al ratificar la 13ª Enmienda 27estados; posteriormente lo harían 9. Aquí la sorpresiva lista: Oregon, California y Florida en 1865; Iowa y New Jersey, en 1866; Texas, en 1870; Delaware, en 1901; Kentucky, en 1876; y –para sorpresa de todos- Mississippi, aprobó la 13ª Enmienda en 1995, presentando la ratificación al gobierno federal, el 7 de febrero de 2013.

A esta Enmienda, le seguiría la 14ª de 1868 que iba dirigida a combatir la desigualdad y la discriminación que sufrían los negros. Sin embargo, hubo mucha presión política en contra de dichos principios; esto en el sur y en el norte. Como resultado de esta presión, en 1881 la Suprema Corte de los Estados Unidos señalaba que la 14ª Enmienda hacía referencia al Estado y no al individuo, por lo que aquel no puede discriminar, pero éste último, sí. Evidentemente, este permisividad desde la Suprema Corte legitimó la discriminación dirigida a la población negra. Fue hasta el Movimiento de Derechos Civiles entre 1950 y 1968, así como un cambio en la estrategia político-electoral del Partido Demócrata, que el tema de la desigualdad, la inequidad y la discriminación, volvieron a ser temas de la Agenda política nacional.


[1] Ejemplo de ello fueron la Doctrina Monroe y el Destino Manifiesto, las cuales ya presentaban una clara idea expansionista en parte de la clase política estadounidense.

[2] Los nativos no eran los indios americanos, como podría pensarse, sino migrantes de segunda generación –o más- que estaban organizados a fin de limitar, evitar o entorpecer el ingreso de nuevos grupos nacionales a los Estados Unidos.

[3] Abraham Lincoln es uno de los personajes de la historia estadounidense con mayor nivel de misticismo; muchos lo ubican como uno de las grandes abolicionistas, por obvias razones. Por lo que sin otro ánimo, más que el de provocar, citaré dos fragmentos de discursos del candidato al Senado, Abraham Lincoln, en el estado de Illinois en el año de 1858, con pocos días de diferencia. Primero en norte del estado: “Let’s forget all those discussions about this man or that man, this race and that one…if this race is inferior and therefore put them on a lower range. Let’s forget all that and let us unite as one single Nation, proclaiming  that all men were created equal”; y luego en el sur: “I’ll say, then, that I am not, nor ever been,in favor of putting on the same level,socially or politically, white and black races…that I am not, nor ever been in favor to let the black people, vote or to be jurors, nor let them to occupy posts on the government”. El lector sacará sus conclusiones.