El reconocimiento como Estado observador no-miembro de Palestina en la ONU

Por Amando Basurto

Hace unas semanas escribí sobre el primer paso serio de diplomacia en Siria. El reconocimiento de beligerancia de la Coalición rebelde siria significó otorgar a quienes luchan contra el régimen de Bashar Al-Assad una legitimidad internacional que va acompañada con derechos pero también con obligaciones. El principio de racionalidad es muy simple: un grupo o comunidad–nacional o internacional– actúa con respecto al marco legal y político que se le presenta en cada ocasión; en este caso la Coalición rebelde siria puede seguir actuando fuera de todo marco jurídico y de responsabilidad política (comúnmente mal-llamada anárquicamente) o podía ser incluido en un marco en el que sea responsable de su actuar (incluyendo los abusos que se cometan).

El día de ayer se dio otro paso diplomático importante en la búsqueda de la resolución al conflicto entre Israel y el pueblo palestino. La Asamblea General (AG) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció el status de Estado observador no-miembro a Palestina. ¿Qué significa? En pocas palabras, que la Autoridad Palestina (un gobierno hasta ayer no reconocido internacionalmente como Estado) ahora es reconocida como un gobierno legítimo de un Estado legítimo que aún no es miembro del sistema de Naciones Unidas. De hecho, este reconocimiento allana el camino para presionar a que el Consejo de Seguridad reconozca finalmente su status de Estado miembro de pleno derecho.

En este caso, la Asamblea General de la ONU fue el escenario en el que la voluntad política de reconocer al Estado Palestina se expresó de manera contundente. 138 estados votaron a favor, mientras 41 se abstuvieron y solamente 9 votaron en contra. Es de destacarse que México (si “México” porque, aunque el nombre de nuestro país es Estados Unidos Mexicanos, así se lee en el personalizador de la delegación mexicana sin necesidad de cambiarle el nombre al país [nota para el presidente saliente]) votó a favor de la resolución. Pero aún más destacado es el hecho que sólo una de las superpotencias miembro del Consejo de Seguridad haya votado en contra: los Estados Unidos de América (junto con Israel, Canadá, Palau, Micronesia, la República Checa, Panamá, Nauru y las Islas Marshal). Esto pone mayor presión sobre el gobierno de Barack Obama al señalarlo como el único miembro del Consejo de que aún se reúsa a reconocer el status de Estado a Palestina.

La reelección del presidente Obama y el control de los demócratas sobre el Senado estadounidense le otorgan un mayor espacio de maniobra; sin embargo, no parecen estar listos para dar el siguiente paso en la resolución de este conflicto. No es de extrañar que la posición temerosa e indecisa que el gobierno estadounidense ha mostrado con respecto al conflicto en Siria se asemeje a su decisión de votar en contra el día de ayer. Y no es que los conflictos sean similares o que uno pretenda calificar con tabula rasa la política exterior del vecino del norte, sino de evidenciar que el gobierno estadounidense no ha sabido liderar a la comunidad internacional en la solución de los conflictos del “medio oriente.”

La resolución de ayer expresa claramente que la mayoría de los estados miembros de la ONU, al igual que el Secretario General, consideran que es necesaria la formación de dos estados independientes para resolver el conflicto israelí-palestino. También deja en claro que la solución del conflicto no pasa por ni termina en la formación de dos estados, sino que comienza con el reconocimiento del estado palestino para que, en igualdad de condiciones y responsabilidades jurídicas, éste pueda llevar a buen término las negociaciones necesarias. El principio de racionalidad en el reconocimiento de la Coalición rebelde siria no es muy distinto en el caso del reconocimiento de Palestina como Estado: mientras que Palestina no sea un Estado reconocido, su responsabilidad internacional será muy limitada. Paradójicamente, si el gobierno israelí quiere asegurar que la autoridad palestina sea sujeta a responsabilidad internacional, tiene que aceptar primero la formación de un estado con el poder institucional necesario para hacerlo. Así como la guerra es un fenómeno entre Estados, la paz sólo es posible entre Estados con autoridad e igualdad de circunstancia jurídica. Las negociaciones de paz seguirán estando condenadas al fracaso mientras sean realizadas entre un estado y el “brazo político” de “un grupo terrorista.” Es por ello que es un asunto de interés nacional para Israel reconocer al estado palestino; pero también sido un asunto de interés nacional el mantener a los palestinos sin una estructura política estable que les garantice derechos.

La reacción del gobierno israelí a la resolución de la Asamblea General ha sido de completa descalificación. A corto plazo, el conflicto parece no tener solución y requerirá mayor presión internacional sobre el gobierno de Israel. Por su parte, los estadounidenses deben detener los chantajes políticos de un lado y poner las cartas claras sobre la mesa, liderando de nuevo un proceso de paz que los involucra directamente por la enorme asistencia financiera y militar que le han otorgado al gobierno de Israel. El gobierno mexicano, por su lado, tomó la decisión adecuada y votó con enorme sentido de diplomacia y estrategia. Eso siempre hay que reconocerlo.

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En el corazón del polvorín: Israel y la Franja de Gaza

Por Miguel Ángel Valenzuela Shelley

En los últimos días hemos visto una importante escalada en el conflicto entre Israel y Palestina, específicamente en la Franja de Gaza, al suroeste en la frontera con Egipto. Pero esos han sido únicamente los últimos días, los eventos más recientes; falta mucha más información para comprender someramente la situación y poder imaginar o vislumbrar acciones y/o consecuencias del conflicto. Lejos de una visión maniquea –además muy común- debemos entender que es una enemistad de varias décadas, pero que la profundidad y complejidad de ella con elementos políticos, culturales y religiosos –sin mencionar el territorio y los recursos- en el ámbito estructural, hacen de éste un conflicto más complejo que añejo. Es evidente que hay que recurrir a la segunda posguerra para comprender el conflicto entre Israel y Palestina, es decir la creación del Estado de Israel, sin garantizar –o incluso preocuparse por- la creación del Estado palestino. Eso, provocado también por la intransigencia palestina, originó una constante pugna entre ambos, así como una tensa y constantemente violenta relación en diversos puntos del territorio; situación intensificada con las constates expansiones israelitas.

Sin embargo, en el caso específico de la Franja de Gaza, un evento inmediato pero necesario para entender esta coyuntura, es el debilitamiento de Fatah y el fortalecimiento de Hamas a partir de 2006. Gaza fue gobernada por una facción política pragmática y secular, Fatah, pero en 2006 fue superada por Hamas debido al alto nivel de corrupción y debilidad ante Israel en las negociaciones de paz y acuerdos políticos. En cuanto Hamas dominó Gaza se deterioró la relación con Israel, en buena medida inspirados tanto en Irán como en Hezbollah (Líbano). Ambos, el gobierno de Mehmet Ahmadinejad (Irán) y el Hezbollah, tuvieron políticas radicales frente a sus enemigos y lograron importantes objetivos políticos; por ello, Hamas no sólo escaló el conflicto con Israel secuestrando soldados, sino que logró un importante apoyo de los actores mencionados. Sobre todo a partir de 2008 cuando Irán y Hezbollah colaboraron para llevar armas a Gaza. Ambos buscaban debilitar al principal adversario en la región, enemigo de varios países árabes, pero algunos aliados potenciales (o supuestos) como Egipto, Siria, Jordania y algunas otras monarquías árabes, temían más un probable desequilibrio en Medio Oriente derivado del radicalismo. La lógica de Hamas, era –y es- que a través de la muestra de poder frente a Israel, tanto ofensiva como defensivamente, se pueden alcanzar objetivos políticos tales como el fin al embargo económico, detener asentamiento israelitas en territorio palestino y mejores condiciones para los diversos asentamientos palestinos en Israel. Pero la radicalización de una parte recibe la misma respuesta de la otra.

Entre fines de 2008 y las primeras semanas de 2009, ante el radicalismo de Hamas y su fortalecimiento en armamento, Israel atacó Gaza; el resultado fue un serio debilitamiento de Hamas, pero también fortaleció sus posiciones radicales. En ese momento Líbano estaba reconstruyendo parte del sur del país luego de enfrentamientos con Israel, Turquía –un esperado mediador en el área- estaba concentrada en problemas internos; Arabia Saudita se mantuvo al margen, así como otros aliados y mecenas de Hamas a fin de evitar que Estados Unidos tomara represalias; Irak estaba consolidando su nueva estructura gubernamental, y aún lo hace, por lo que no estaba en posición de intervenir en el conflicto; el propio Estados Unidos estaba en pleno cambio de gobierno con los primeros días de Barack Obama y todo lo que ello implicaba; sólo Egipto participó como mediador, aunque favoreciendo a Israel en actividades estratégicas como interceptar cargamentos de armamento procedente de Irán vía Sudán. Irán continuó apoyando a Hamas mediante el envío de cohetes de largo alcance –con los que Hamas de hecho ha atacado a Israel desde hace meses Tel Aviv y Jerusalén- aunque uno de los cargamentos más grandes fue bombardeado por Israel cruzando el desierto del Sinaí (Egipto) con apoyo del El Cairo.

Pero el escenario ha cambiado substancialmente desde aquel invierno de 2008-2009. Hosni Mubarak ya no gobierna Egipto, éste es dominado –no sin serios problemas- por la Hermandad Musulmana, aliados de Hamas; y aunque Egipto está profundamente dividido y enfrenta diversas crisis, no será un aliado de Tel Aviv, y sí en cambio El Cairo podría dar legitimidad, así como ayuda política (difícilmente militar) a Hamas. La Hermandad Musulmana tiene mucho apoyo en la región, y Hamas podría beneficiarse de ello; de hecho así parecen entenderlo, pues se han distanciado de su otrora aliado fundamental: Irán, que mantiene una tensa, complicada, pero necesaria relación con Israel, toda vez que ambos tienen interés en monitorear las actividades políticas en Siria y Líbano. La compleja situación en Siria ha dado un importante ingrediente de desequilibrio y con ello impredictibilidad a Damasco. Aunque Siria lejos está de ser aliado de Israel, ayudaba a Tel Aviv manteniendo cierto control de Hezbollah. Turquía está poco interesada en intervenir pues Ankara no quiere ser percibida ni cercana a Israel –lo que de hecho no está después del incidente de Mavi Marmara (2010)- ni a grupos radicales como Hamas. Arabia Saudita ve como una amenaza la Hermandad Musulmana, al menos Riyad, por lo que tomará distancia de Hamas. Finalmente, la crisis Hashemita en el valle del río Jordán amenaza a Israel con desestabilizar más la región e incrementar el apoyo de Hamas.

Allende Oriente Medio las posturas son más bien distantes, prudentes; Europa está muy dividida, particularmente a partir de la crisis en Siria, sin mencionar que su atención está más bien concentrada en ver cómo salir de la profunda crisis económica, social y política. Estados Unidos trata de mantener cierta distancia, esperando que Egipto y Turquía sirvan como mediadores; de hecho estos días se encuentra en Egipto Hillary Clinton, buscando fortalecer la mediación de El Cairo. Washington debe además reconfigurar algunas áreas de su gobierno hacia el segundo período de Obama, lidiar con la mayoría Republicana en la Cámara de Representantes y seguir manejando la crisis financiera –o tratar de hacerlo. Lo que sí ha hecho Washington es presionar a Egipto para que actúe –esto a través de el condicionamiento de su ayuda económica y militar- y apoyar a la oposición sunita en Siria –junto con Turquía y otros países árabes. De consolidarse esta oposición sunita, podría impactar en Líbano y eventualmente a Irán; de esta forma, Teherán es menos atractiva como aliada para Hamas.

Después de que Hamas alcanzara el control en Gaza, Israel ha establecido un bloqueo económico y diversas sanciones en el territorio, señalando a la organización como terrorista. A partir de entonces ambos han intercambiado ataques con misíles en diversas ocasiones; el embargo es constante y los costos de él enormes para la ya empobrecido población palestina. En esta ocasión el conflicto escaló por bombardeos de Tel Aviv a instalaciones terroristas, y aunque ha habido respuesta de Hamas, la gran mayoría de las víctimas –para no variar- son palestinas. El conflicto podría agravarse exponencialmente si Israel lleva a cabo una incursión por tierra, lo que se mantiene como una probabilidad dado el poco compromiso –al parecer- de Occidente y la ausencia de contrapesos concretos en la región, aunque por otra parte el fracaso de la ofensiva de 2008 y el fortalecimiento militar de Gaza, sin duda disminuyen el interés israelí en una operación por tierra.

En las últimas horas se espera rinda frutos la mediación egipcia y estadounidense, pero sigue preocupando que las fuerzas radicales de ambas partes siga fortaleciéndose, como lo parecen demostrar la intensificación de ataques por ambas partes el día de hoy.

 

El primer paso serio de diplomacia en Siria

Por Amando Basurto –

El presidente de Francia –François Hollande– anunció formalmente el día de ayer que su gobierno reconoce y promete asistencia al grupo rebelde que ha puesto en jaque al gobierno de Siria por alrededor de 20 meses. Después de muchos esfuerzos por parte de los rebeldes, el gobierno francés es el primer occidental en declarar abierta y formalmente su apoyo diplomático (y probablemente después con armamento).  El primer gran paso lo tuvieron que dar los diversos grupos rebeldes al negociar con el Consejo de Cooperación del Golfo y conformar una sola fuerza político-militar. Desde el domingo el grupo rebelde se denomina “Coalición Nacional de las Fuerzas Revolucionarias y de Oposición Sirias,” y está formalmente dirigido por Ahmed Moaz al-Khatib.

Khatib es un geólogo Sunita que también ha sido imam (clérigo musulmán, líder de oración) de la Mezquita Umayyad en Damasco y profesor de Sharia (ley islámica). Como un opositor histórico del régimen Assad, Khatib ha promovido por años reformar el sistema político sirio para convertir a éste en un país plural y democrático. Tras su último periodo en prisión, el ahora líder formal de la Coalición se refugió en Egipto el pasado mes de julio. Su perfil de Sunita educado y moderado le otorga una posición estratégica en la consecución de los objetivos diplomáticos de la Coalición que por ahora se concentran en el reconocimiento.

Como ya había apuntado en un artículo publicado aquí el 16 de febrero pasado, reconocer el status de beligerancia de los grupos rebeldes sirios es, y desde el principio ha sido, la opción más razonable y coherente para auxiliar en aquel conflicto civil. Reconocer diplomáticamente la beligerancia de la Coalición significa que otros Estados y Organismos Internacionales le reconocen garantías internacionales pero también le asignan responsabilidad político-internacional sobre el conflicto y su solución. Los rebeldes, de esta manera, se vuelven sujetos de crédito y podrían convertirse en sujetos de asistencia militar. Esto implica otorgar espacio jurídico-político al grupo rebelde y delimitar el reconocimiento general de la soberanía del Estado Sirio.

El gobierno estadounidense también reconoció a la Coalición pero lo hizo de manera sigilosa y hasta timorata. Parece ser que la inteligencia estadounidense no ha dado del todo el visto bueno a la capacidad de Khatib de ordenar las fuerzas rebeldes en su totalidad y de garantizar que la Coalición no albergará extremistas o miembros de al-Qaeda. Los gobiernos británico y alemán, hasta el momento, siguen viendo a los toros desde detrás de la barrera, prometiendo apoyar los esfuerzos de pacificación del Consejo de Cooperación del Golfo. Por otro lado, los gobiernos ruso y chino (quienes han usado su poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU) deberán repensar su posición, porque mantener el apoyo irrestricto al gobierno de Assad ya no es una alternativa viable. A ningún país le conviene convertir el conflicto Sirio en un conflicto indirecto (proxy war) entre grandes potencias. También es prioritario evitar que el conflicto se regionalice, lo que implica no sólo que el gobierno turco debe mantener la cordura y no caer en provocaciones sino mantener a Israel lejos de intervenir en el conflicto.

El reconocimiento francés a la Coalición rebelde indica que la Unión Europea, en medio de su crisis financiera, no tiene una política exterior consistente y unísona. Sin embargo, el mismo reconocimiento también confirma la consistencia de una política del Estado francés de recuperar su carácter de actor internacional con iniciativa; no olvidemos que fue a iniciativa de Nicolás Sarkozy (y tras recibir éste en París a miembros del Consejo Nacional Libio de Transición) que las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte asistieron a los rebeldes libios para  derrocar al gobierno de Muamar el Gadafi.

Cuatro años menos para Barack Obama

Por Miguel Angel Valenzuela Shelley y Amando Basurto –

Siempre vale la pena, hablando de políticas públicas y representatividad republicana, pensar los periodos político-administrativos no sólo como tiempo que uno tiene de “más”, sino como el tiempo que a uno le resta para cumplir lo prometido en campaña. Es por ello que, después de las elecciones de ayer, es deseable que el Presidente Barack Obama comprenda que lo que tiene son cuatro años menos y que tendrá que cambiar de estrategia si no quiere ver su gobierno de nuevo amputado por la parálisis legislativa. Un vistazo inicial a los resultados de la elección permite proyectar las posibles lecturas políticas que les darán ambos partidos.

El día de ayer, Obama fue reelecto luego de una apretada contienda que le otorga entre 303 y 332 votos del Colegio electoral –faltando que se determine el resultado en Florida- contra 206 ó 235 de Mitt Romney. El análisis de los resultados a grosso modo de una elección (es decir sólo con las cifras finales) impide una lectura correcta, amplia del propio proceso; esto es especialmente cierto en los Estados Unidos debido a su complejo sistema electoral. El resultado ya mencionado parecería indicar una clara victoria de Obama. También el resultado parcial del voto popular que le da al Presidente 60’075,442 sobre los 57’397,415 obtenidos por el ex gobernador Romney parece ser muy categórico. Pero es necesario conocer a mayor profundidad el sentido del voto –quién y con qué características voto en qué sentido- para comprender el resultado del proceso y cómo se podrían mover los Partidos en un futuro.

Un primer vistazo a los números indica que a mayor nivel de urbanidad y educativo más votos para Obama, y a mayor ingreso y práctica religiosa, más simpatía por Mitt Romney. Eso puede apreciarse, allende las cifras, tanto en los estados que apoyaron a uno y a otro, como en la dinámica electoral. Es por ello que podía adelantarse –proyectarse- antes del cómputo final, que Obama ganaría Ohio, Virginia y Florida por las características urbanas y sociales de los distritos que faltaban por enviar resultados, sin importar que el Presidente estuviera debajo en los conteos. En Ohio, por ejemplo,  la región automotriz del estado tardó en enviar los resultados –Sandusky, Lorain, Cuyahoga, etc.; mismo caso el los condados de Charlottesville y Albermarle de Virginia, o de Palm Beach, Broward y Miami Dade, en Florida, que enviaron resultados hasta ya muy entrada la noche, y al ir llegando estos se invirtieran los resultados parciales.

También se puede observar que mientras los hombres votaron mayoritariamente por Romney (52%), las mujeres y los jóvenes lo hicieron por Obama (55% y 60% respectivamente). Sin embargo, al discernir el perfil de las votantes encontramos que el voto de las afroamericanas y latinas fue muy relevante: 42% de las mujeres blancas, 76% de las mujeres latinas y 96% de las afroamericanas votaron por Barack Obama. El caso del voto masculino es muy similar: 35% de los hombres blancos, 65% de los latinos votaron y 87% de los afroamericanos votaron por el Presidente. Lo que se puede apreciar con estas cifras, es que no fueron mujeres quienes apoyaron al Presidente, sino mujeres afroamericanas y latinas, es decir, el voto femenino de las minorías. Parece haber no sólo una clara distinción ideológica, sino racial en el electorado norteamericano.

Una de las razones por la cual Barack Obama fue re electo, según muchos analistas (simpatizantes del Partido Demócrata u Obama; cabe mencionar que ya se debate quién ganó si el Partido Demócrata o el Presidente Obama), es la inspiración que éste genera en los jóvenes, y el 60% del voto joven parece indicarlo así, pero una vez más acerquémonos a los números. Entre jóvenes blancos de 18 a 29 años el 44% votó por Obama, mientras el 74% de jóvenes latinos y el 91% de afroamericanos tomaron la misma decisión. En ese mismo sentido, 55% de los votantes entre 30 y 39 años apoyaron la re elección demócrata, pero la gran mayoría fueron latinos y afroamericanos. Se repite la conclusión del voto femenino; no son los jóvenes que apoyaron a Obama, fue la aplastante mayoría de jóvenes latinos y afroamericanos. Esto también ayuda a explicar la derrota Republicana, y les indica qué espacios deben cubrir.

Se puede deducir que las minorías deciden ahora las elecciones presidenciales estadounidenses; los blancos, anglosajones y protestantes –el público preferido por el Partido Republicano- ya no tienen la capacidad de definirlas. También se puede decir, para evitar simplemente racializar el voto estadounidense, que ambos partidos políticos han perdido terreno al sobrevalorar el rol que la economía juega en las elecciones. La política y la decisión de quien será el próximo presidente no es un asunto de “creación de empleo” (aunque Romney como Felipe Calderón insistan en ello); la política es un asunto de la positivización y la defensa de derechos. Ojalá quede confirmado que hoy no se puede ganar una elección con propuestas que atentan contra los derechos de las mujeres, de aquellos en situación más vulnerable, del 47% que –según Romney­– son unos vividores del sistema. Es por ello que Obama consiguió ser electo con uno de los niveles más bajos de aprobación en su administración y con un nivel de desempleo de más del 8%. Parafraseando un “dicho” muy estadounidenses muy a menudo: “No, estúpido, no es simplemente la economía.”

Ejemplo de lo anterior es la aprobación en Maine, Maryland y Washington del matrimonio entre personas del mismo, o el rechazo de los votantes a una ley que lo prohibiría en Minnesota; la legalización de la marihuana en Colorado, su uso médico en Massachusetts; la elección de la senadora Tammy Baldwin (Wisconsin), la primera persona abiertamente gay electa al Senado; o el número histórico de 20 senadoras. Aún en una severa crisis económica y con altos índices de desempleo, los votantes tuvieron otras consideraciones además de la economía; Nevada, que tiene el índice de desempleo más alto del país es sólo un botón de muestra. Al final, la mayoría de los electores estadounidenses prefirieron prolongar la administración Obama, con todas sus limitaciones, a darle una sola oportunidad a quienes proponen políticas ultraconservadoras para “salvar” al país.

Los retos para Obama siguen siendo enormes. El “acantilado fiscal” que se avecina pondrá en jaque a las economías estadounidense e internacional. Hacer frente al problema poniendo orden en las finanzas públicas y cobrando impuestos a los que más dinero ganan será fundamental para evitar un periodo prolongado de estancamiento económico. Promover un gasto público razonable para mantener en marcha la producción y el consumo nacionales serán de seguro una prioridad. Y muy especialmente, Obama deberá probar a muchos más estadounidenses que sus políticas no son una expresión de una guerra entre clases (class warfare) sino una estrategia seria para renovar un sistema político y social que ha dado importantes muestras de agotamiento. Cuatro años menos, señor presidente, para lograrlo.

Otro final de fotografía en la elección presidencial de EEUU

Por Miguel Ángel Valenzuela Shelley

(Too close o call)

El próximo martes 6 de noviembre se llevará a cabo la elección general en los Estados Unidos, y los norteamericanos elegirán mediante sus 51 procesos electorales (50 estados y Washington, D.C.) una tercera parte del Senado, renovarán la Cámara de Representantes y mediante la elección de electores, el Colegio electoral definirá la Administración por los próximos cuatro años. Las encuestas indican que no habrá mucho movimiento en las Cámaras –los Republicanos mantendrán el control de la de Representantes y los Demócratas tendrán la mayoría en el Senado- pero la elección presidencial está muy cerrada como para anticipar un ganador. La clave serán –como mencionamos hace ya algunos meses en Nomos político- los estados de Ohio, Virginia y Florida; en ellos el Presidente Obama tiene una ligera ventaja, pero Romney ha recaudado más dinero que la campaña Demócrata -escenario contrario al que tuvo Obama hace cuatro años- y eso podría definir una muy cerrada elección.

Hasta antes del primer debate presidencial entre Barack Obama y Mitt Romney, la elección estaba casi decidida, pero después de aquel primer encuentro las encuestas se cerraron y así se han mantenido; puntos arriba y abajo para ambos, pero tres días antes de la elección Obama y Romney están empatados. Sin embargo, Obama lleva una ligera ventaja en los tres swing states mencionados, aunque es de apenas 1 punto en Florida, 2 en Virginia y de 5 en Ohio. De confirmarse las tendencias y sumando a la contabilidad demócrata Ohio y Virginia, el Presidente Obama alcanzaría 274 votos del Colegio electoral y con ello cuatro años más en la Casa Blanca. Pero considerando las diversas encuestas –aceptación, rumbo del país, apoyo de votantes registrados, de votantes no registrados, etc- los swing states (Colorado, Iowa, Wisconsin, Ohio, New Hampshire, Virginia y Florida) están muy cerrados como para predecir un ganador.

Los analistas estadounidenses comentan que algo pasa en Octubre que impacta en las Campañas y podría ayudar a definir la elección; esta ocasión estaba a punto de acabar el mes cuando apareció dicho evento extraordinario: Sandy. Hace cuatro años la crisis financiera estadounidense impactó las Campañas –John McCain propuso una pausa para ambos candidatos (y senadores) a fin de lograr un proyecto bipartidista que atendiera la crisis; Obama aprovechó la declaración para señalar que el Presidente debía estar listo para atender diversos problemas, y él lo estaba- y también tuvo su efecto en el electorado, pues la crisis financiera se sumó a una larga lista de desencantos sobre la Administración Bush. En esta ocasión la súper tormenta Sandy –superstorm como la llamaron en EEUU- parece estar ayudando al Presidente Obama, pues si bien los estragos han sido muy importantes y la recuperación será paulatina y costosa, se vio un liderazgo inmediato, eficiente y confiable. Con ello, algunos severos críticos del Presidente alabaron su desempeño ante la crisis, entre ellos el gobernador de New Jersey, el Republicano Chris Christie; tal vez esto ayudó a que muchos votantes en swing states se han inclinado por Obama después de Sandy.

Pero no sólo el liderazgo de Obama ha ayudado a su campaña, Sandy también ayudó a traer a la mesa de discusión electoral el plan de Romney de desaparecer FEMA (Federal Emergency Management Agency) y que cada estado enfrente las crisis por sí mismo o a partir de liderazgo; esto frente a la iniciativa de Obama de incrementar los recursos para dicha Agencia. Otro ejemplo de la diferencia en ambos proyectos. Y ahí la pregunta crucial sobre el rumbo del país; pregunta que comenzó a estar en las mesas de análisis y en las encuestas –al menos con mayor peso y continuidad- a partir de la intervención de Bill Clinton en la Convención Nacional Demócrata. La pregunta arroja un resultado sumamente dividido entre los votantes: 55% piensan que el país tiene un rumbo negativo y 43% que es positivo. De primera instancia parece una importante diferencia, pero es la menor desde 1988.

Las encuestas están tan cerradas que ya se comienza a hablar de empate o que ninguno de los candidatos alcance los 270 votos necesarios del Colegio electoral, de ser así la Cámara de Representantes elegiría al Presidente –cada estado tendría un solo voto- y el Senado al Vicepresidente, bajo las mismas condiciones. No obstante, previendo conflictos post electorales, ambas Campañas ya cuentan con varios equipos de abogados listos para pelear los votos. Lo que es casi un hecho es que la noche del Martes 6 de noviembre no conoceremos al ganador de la elección general 2012.