Dudas para joder un voto razonado

Por Miguel Ángel Valenzuela Shelley

A menos de 48 horas de la jornada electoral, seguramente la gran mayoría de los votantes ya estén seguros sobre el sufragio que emitirán, de hecho muy probablemente lo estaban aún antes de que se definiera el candidato por el partido con el cual simpatizan o en que militan. Sin embargo, una parte importante de quienes emitiremos nuestro voto el 1o de julio -sin duda no la mayoría, pero sí un número que podría definir la elección- aún no definimos la intención de nuestro sufragio. Nos debatimos entre seis posibilidades al encontrarnos frente a la inevitable decisión: Josefina Vázquez Mota, Enrique Peña Nieto, Andrés Manuel López Obrador, Gabriel Quadri de la Torre, anular nuestro voto o simplemente, no asistir a la jornada electoral, y obviar o evadir nuestra responsabilidad ciudadana. Para quienes nos encontramos en esta situación, aunque nos estemos inclinando hacia alguna de esas posibilidades, los cuestionamientos que a continuación expongo, reflejan las dudas, angustia y sin sabores que enfrentamos. Éstos, podrían a fin de cuentas invitar a una última reflexión antes de tomar la decisión final sobre el proceso electoral y las opciones que se nos presentan.

Idealmente, deberíamos preguntarnos qué candidato o qué plataforma nos atrae más, cuál creemos que es más adecuada, conveniente, etcétera, no obstante, parece que para quienes no simpatizamos (al parecer) incondicionalmente con alguno de los principales partidos políticos, la decisión está entre quién es el menos malo, quién traería menos costos y algunos beneficios. Con base en esa lógica la decisión se hizo muy difícil toda vez que cada una de las opciones nos presentan un alto grado de desencanto, riesgo y dudas. El historial y personalidad de casa uno de los aspirantes a la presidencia de la república, nos generaba muchas dudas, y las campañas que el miércoles 27 de junio han terminado, no hicieron más que profundizarlas; quienes ya habían decidido su voto, sólo utilizaron las campañas para radicalizar sus posturas y tratar de disminuir el apoyo a otro candidato, principalmente a través de las redes sociales.

¿Por qué no votar por Josefina Vázquez Mota? La candidata del Partido Acción Nacional representa continuar con un proyecto de gobierno que si bien ha generado una gran estabilidad económica, cosa no menor si consideramos la inestabilidad que caracterizó a México al menos desde los años setenta y hasta los noventa, también ha traído un gran costo social, se ha incrementado la desigualdad, no ha habido desarrollo que acompañe la estabilidad, la estrategia del presidente Calderón en el combate al narcotráfico ha sido errada y muy costosa, la corrupción se ha incrementado y varios estados han combatido algunas iniciativas progresistas en materia de equidad de género y derechos para la comunidad homosexual. La continuidad se ese proyecto parece alto, pero no habría que hacer a un lado que mientras que buena parte de nuestros socios comerciales pasan por muy severas crisis económicas, lo que ha afectado a regiones enteras, México ha soportado dichas crisis gracias al buen manejo financiero; pero a fin de cuentas esa estabilidad podría desvanecerse si el desarrollo sigue siendo una promesa del futuro…la eterna promesa de las campañas electorales; ¿retórica vacía o sofismas? Aunado a esto, Josefina Vázquez Mota no logró inspirar al electorado, tarea nada fácil, de hecho -a excepción del segundo debate y probablemente el tercero- inclusive la candidata fue rechazada por dos personas a quienes ella “invitó” a formar parte de su gabinete. JVM en más de una ocasión demostró falta de capacidad al entrar en contacto directo con la gente en espacios no controlados -como el caso de Tres Marías- amen de diversos gazapos en declaraciones, comentarios, afirmaciones, etc. Tal es el caso de su último comentario, al señalar que invitaría al presidente Calderón formar parte de su gabinete como Secretario de Seguridad.

¿Y Enrique Peña Nieto? Para muchos es difícil pensar en el regreso del PRI a la presidencia de la República. Hace apenas doce años México salió del “dominio priísta”, de la “dictadura perfecta”, y comenzamos un largo camino, una transición hacia algo aún por definir. En esa transición el PRI aún no tiene cabida en la Presidencia, consideramos muchos. Pero no sólo por la historia, desestimada por muchos priístas, sino por el presente. ¿Cómo convencernos de un nuevo PRI, cuando mantienen viejas “tradiciones” como proteger a miembros de su partido aún frente a serias y documentadas sospechas de ilícitos? Tal es el caso de Mario Marín, Arturo Montiel, Ulises Ruiz, Humberto Moreira, Fidel Herrera, Carlos Romero Deschamps o el propio candidato Peña Nieto, quien fungiera como tesorero durante la gobernatura de Montiel. ¿De qué nuevo PRI está hablando el candidato? Cuando seguimos viendo compra de votos, rebase de topes de campaña, bodegas llenas de artículos “promocionales” que van desde playeras hasta estufas, televisores o refrigeradores, ¿A qué viejas prácticas ya desaparecidas hace alusión? ¿Cómo creer en un candidato y su promesa de gobernar para todos, de dialogar con todos, cuando es incapaz de manejar un escenario adverso con estudiantes, de enfrentarlos -no confrontarlos- y/o de aceptar una invitación para in tercer debate? La victoria de EPN significaría la desesperanza del pueblo mexicano ante un proceso inevitablemente largo, como lo es la transición a la democracia, lo que además en nuestro caso significa muchas cosas y no sólo alternancia en el poder. Significaría muy probablemente, autoritarismo, como lo demostró en muchas ocasiones como gobernador del Estado de México. Pero también sería una muestra de la falta de crítica del electorado, de lo pobre de cuestionamiento, o de lo fácil que es lucrar políticamente con la pobreza, o de la corta memoria histórica, o de lo fácil que compramos un producto tan pobre, tan vacío; o del éxito de la alianza entre televisoras y partidos políticos. O todo junto.

¿Y AMLO? Andrés Manuel López Obrador representa una opción natural para muchos, merecida para otros, real de cambio para la mayoría de quienes lo apoyan, ya sea por fe, esperanza o convencimiento. Pero muchos otros no estamos tan seguros y menos convencidos. AMLO es tenaz, sin duda, pero fácilmente se convierte en necedad. Comunica e inspira a buena parte del electorado, pero mantiene un discurso maniqueo, mismo que ha matizado en las últimas semanas. Habemos muchos que creemos en una opción de izquierda a la situación que vivimos, al modelo de nación, de desarrollo, pero dudamos que AMLO la represente. En verdad parece ver un escenario de los años setenta, en política interna y exterior, en la que afirma que México no será colonia de nadie; ¿De qué está hablando? Parece retórica y puede suponer a qué se refiere, pero no hay mejores formas de comunicarlo en el siglo XXI!? ¿Qué pasa con las instituciones? No soy un defensor de ellas a rajatabla, y creo que el pueblo es un actor político cuando toma el papel de legislador o cuando toma las calles, pero desconocerlas o ponerlas en tela de juicio sin pruebas sólidas, reales y casi irrefutables, es muy irresponsable y -sin duda- poco democrático. Hace algunas semanas él cuestiono y descalificó al IFE, me pregunto si tendrá la misma opinión si resulta ganador del proceso electoral. Ya había hablado de someterse a una consulta popular al segundo años de su mandato, lo hizo en la Ciudad de México, con un método muy cuestionable, por cierto. Pero, ¿Qué tanto tomaría en cuenta a la sociedad, si a veces uno podría pensar que ni a sus asesores considera? Sin embargo, AMLO tiene un elemento muy importante a su favor, el gabinete que ha propuesto -y al que no le han declinado invitación alguna- es muy interesante toda vez que está compuesto de personas con muy buena trayectoria, reconocidas y confiables. ¿Será suficiente?

¿Quadri? Para la mayoría, según lo dictan las encuestas y el sentido común, Gabriel Quadri no es una opción real ni deseable en el proceso electoral del próximo domingo. La razón es muy sencilla y suficiente para no considerarlo como opción; Quadri significa Elba Esther Gordillo, es decir corrupción, es decir mantener a la sempiterna secretaria del SNTE como un parásito más viviendo -a todo lujo- del presupuesto. Quadri quiere convencer al electorado de su origen ciudadano, pero en realidad es un peón al servicio de Elba Esther Gordillo y del propio PRI; aquel distanciamiento entre ambos partidos políticos es una clara farsa. Un solo voto a Gabriel Quadri significaría darle un tentáculo más a la Secretaria del SNTE, y sería una clara muestra de la mediocridad o inocencia de nuestra ciudadanía.

¿Anular o no ir, he ahí el dilema? Votar es un derecho, pero también una obligación, por tanto me parece que la opción de simplemente no ejercer ese derecho, es una grave falta cívica y de respeto a nuestra historia. Debemos comprometernos con la sociedad, con el país, con nuestra familia, con nosotros mismos. Ahora, contrariamente a la corriente que se expresa mucho en las redes sociales, considero que anular el voto es una opción válida en cualquier elección. Hay que tener claro, eso sí, que el voto nulo es una apuesta a la siguiente elección, no a la presente. La apuesta consiste en que si el porcentaje del voto nulo -ir a la casilla y anular la boleta- supera a la diferencia entre primer y segunda lugar de la elección, los partidos se preocuparán por atraer a esos votantes en la siguiente elección y con ello tener más legitimidad, ganar la elección y/o más curules en el Congreso.

La moneda sigue en el aire, ya que las elecciones no se ganan ni con encuestas, ni con marchas descomunales, sino con votos, y según estudios la mayoría de los indecisos y algunos que no están del todo convencidos, definen su voto al estar frente a la boleta electoral. Hasta ese momento, muchos nos haremos estas y otras preguntas; decidiremos, y entonces le daremos paso a la esperanza y la fe. Paradojas de la modernidad, aún ahora.

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