Turismo de aparador.

Un sexenio más sin planeación turística en México.

El reciente nombramiento del nuevo director del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (FONATUR) Enrique Carrillo Lavat, no es mas que una expresión más de la pobre y mediocre visión que del turismo se tiene en México. El problema no es que el maestro del ITESM y egresado en licenciatura del ITAM –otra constante en el gobierno federal- Carrillo Lavat, sea o no eficiente –eso lo dirán los resultados que presente en su momento- sino que lo que demuestra el nombramiento es una visión del turismo enfocada en la promoción y no en la planeación, menos aún la estratégica.

Si el enfoque que se da en México al turismo ya es cuestionable al concentrarse demasiado en los atractivos de playa descuidando otro tipo de destinos potenciales o reales, es aún peor la falta de planeación turística que ha caracterizado al país por lo menos en los últimos cuatro sexenios; lo cual no es una coincidencia. A partir de 1988 parte fundamental de la estrategia de desarrollo en México ha sido la promoción del país como un atractivo destino para inversiones o relaciones comerciales, y el turismo no ha sido la excepción. Sin duda ha habido cambios estructurales en muchos sentidos en el país, pero a ellos debe seguir una adecuada planeación –de preferencia planeación estratégica- para poder aprovechar inteligente y racionalmente los recursos, las fortalezas que se tengan así como las oportunidades que ofrezca el entorno.

Los últimos Planes Nacionales de Desarrollo tienen en común señalar que el turismo será piedra angular del desarrollo en México, subrayan también la importancia de los principios sustentables en el sector, y contienen conceptos relacionados a la planeación estratégica –lo que fue más notorio desde el año 2000 y las presidencias panistas- pero los resultados presentados por los gobiernos en turno también tienen en común que aquéllas eran sólo palabras o buenos deseos, pero muy lejos estuvieron de convertirse en realidad. En México el sector turístico carece casi totalmente de planeación, al menos allende los centros playeros, y eso imposibilita aprovechar los recursos culturales e históricos con los que cuenta el país.

La tendencia global en el ámbito turístico se dirige por un lado a la experiencia turística surgida del contacto del visitante con la cultura local –ya no al paisaje; por otro, al rescate de los centros urbanos como atractivos; y por último a la participación de la población local en la planeación turística. La idea fundamental y fundacional en este enfoque es que el turismo sea una herramienta para mejorar la calidad de vida de los habitantes y su entorno. En consecuencia la cultura no es únicamente un recurso museístico, sino un elemento central de la actividad turística. Esta visión ha contribuido a que algunas ciudades, con mayor o menor éxito, se rediseñen y/o reorganicen de acuerdo a evaluaciones y visiones propias; además al crear su proyecto turístico de desarrollo no dependen de la planeación proveniente del gobierno federal, o la falta de ella. Este ejercicio, por cierto, está plasmado en los dos últimos PND pero no se ha concretado. Los estados, municipios y/o pueblos carecen de planeación turística o ella se encuentra sólo en proyectos, ideas o buenas intenciones que, por lo regular a falta de presupuesto, no ven su concreción.

Se han creado mejoras regulatorias, nuevos nombramientos o distinciones –tales como Pueblo Mágico- y proyectos de desarrollo turístico –una vez más, mayormente en playas- pero de poca utilidad serán si: uno) no hay una adecuada e integral planeación a nivel federal, y dos) no se motiva la planeación estratégica de ciudades enfocada al turismo, otorgándoles así mayor independencia a las localidades. Los casos de Gualeguaychú y Santa Carmen de los Patagones son ejemplos de los que este ejercicio puede hacer por pequeñas comunidades. Barcelona, el caso paradigmático.

Sería absurdo abandonar un recurso tan valioso como nuestras costas, pero igualmente lo es ignorar las gran variedad y cantidad de expresiones culturales con lo que cuenta México; gastronomía, leyendas, fiestas, tradiciones, edificaciones, bailes, olores, sabores…Antes de promocionar a México, es necesario planear, articular atractivos, remodelar el desarrollo turístico en su conjunto. No es posible que destinos como Ciudad de México, Oaxaca, San Miguel de Allende, Veracruz, Tlacotalpan, Guadalajara, carezcan de un programa de desarrollo turístico integral o estratégico, que no cuenten con un inventario de atractivos turísticos o que no articulen recursos a fin de ofrecer un fortalecido y enriquecido producto Ciudad.

El problema de la pobreza del sector turístico en México, de acuerdo a su potencial, no se resolverá con el perfil comercial y administrativo que han tenido SECTUR y FONATUR –obedeciendo a los gobiernos que representan- sino trascendiéndolos. Se necesita una visión estratégica, no de marketing; un analista y no un administrador.

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